Sobria y Serena


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La semana pasada hice una escapada junto a mi amiga Casilda Wilson (
née Fartons) al parque temático en el que se ha convertido la ciudad condal por excelencia, Barcelona. Liberadas de cónyuges y compromisos y al grito de ¡Ja hems llegat, Viva Totana!, nos fuimos a arrasar la ciudad como destroyers en plan Bárbara Rey y Carmen Cervera en los primeros setenta.

Lo primero de lo primero, los viernes noche en Barcelona siguen siendo de lo más tristes. También es verdad que era comienzo de vacaciones de Semana Santa, pero hija, que no, que todos los bares vacíos, y los que tenían algo de gente eran un muermo que no concordaba nada con la actitud vital de nuestro fugaz viatge.

Lo que sí concordaba, desde luego, era la coctelería que teníamos al lado del hotel. Y tanto Mrs. Wilson como yo pensamos que entrar era la única opción posible. Es agotador el tener que quitarse toda la ferralla en los arcos de los aeropuertos y luego tener que volvérsela a poner en medio minuto, apoyadas en una mesa enana, con todos los abalorios en una mano, la bolsita de los líquidos en otra y empujando la maleta mientras el segurata de turno ¡QUE ENCIMA ERA UNA TÍA! te mete prisa. Yo creo que nos lo merecíamos, Y LO NECESITÁBAMOS. Además, no hay nada que siente mejor que tomarse un cóctel antes de cenar.

El Dry Martini es pijo. Pero no pijo de Madrid, con sus características chicas rubias vestidas de marrón (variante botas, vaqueros de sordomuda, cinturón ancho y chaqueta de ante) que desprecian al resto del mundo, no. La entrada estaba llena de señores con americana azul a pie de barra. Notarios y registradores de la propiedad, fundamentalmente. Más adentro, en una zona de asientos con público más heterogéneo, había también sus señores pero acompañados de rubia extranjera rescatada del descorche en el motel Flowers. Lo que viene siendo el clásico señor divorciado con su nueva novia, pero la oficial, ¿eh? Y luego señoras muy mayores y muy requeteoperadas. Nos sentimos en nuestra salsa y el gin-fizz y el daiquiri de jengibre estaban excelentes. Si ya los asientos hubieran sido de capitoné, sí que habríamos estado perfectamente integradas.

En la parte de dentro del Dry hay un restaurante al que hay que acceder atravesando las cocinas, lo que le da un rollo mafia rusa muy sugerente.

Al día siguiente, también antes de cenar, pasamos por Boadas de refilón y oh, milagro, había un par de taburetes en la barra. Así que mientras hacíamos tiempo hasta la hora de reserva de la cena, ¿qué tal otro cóctel más, querida? Lo llevo diciendo ya lustros, desde que aparecieron las lowcost, el turismo que llega a Barcelona es un poco entre lo peor y lo más peor, o sea la worsa del todo. Y el Boadas, estando donde está a un paso de la Plaza de Catalunya, tiende a llenarse de chusma que te mueres
.


A ver, darling, no puedes llegar a una coctelería y pedir la carta. ¡Eso lo haces en la terraza de la Heladería Maruja de Bellreguart, pero en un sitio fino, NO! Ni puedes pedir un whisky con cocacola (por faaaaavor). O cuando ya te has puesto muy en evidencia, pedir un mojito porque es lo único que te suena. O ya lo peor, llegar con todas las bolsas de la compra del grupo Inditex arrasando y molestando a los que están al lado tuyo en la barra (o sea, NOSOTRAS) mientras tu marido se abalanza con las manos sucias sobre las bandejas de panchitos, y vas y le pides al barman que te aconseje, y cuando te contesta te haces la graciosa porque no sabes qué te quiere decir el buen hombre cuando te dice trago seco, largo o corto, y encima buscas con la mirada y una sonrisa NUESTRA complicidad. No bonita no. Eso es muy de señoras que de grupo de facebook.

Casilda & moi nos sentamos y pedimos elegante y sobriamente un Mai Tai y un Long Island Iced Tea, que nos pimplamos hasta la última gota. Que seremos muy señoras, pero cuando nos ponen un cocktail con pajita, sorbemos hasta hacer ruido.
- ¿A qué hora dius que has reservat en el restaurán?
- A las deu y mitga.
- Huy, pues falta una miqueta.
- Pues otro cóctel, ¿no?
- Ja, pero aquí no. Anem al Milano, en la ronda de Sant Pera.
- Vale, maca, ¿dónde está la eixida?

El
Milano está molt bé a pesar del nefasto sistema de extracción de humos. Pero nos tuvimos que tomar los gimlet a toda prisa y casi ni nos enteramos, porque teníamos reserva en un sitio superguays.

¿Quieres sentirte exclusiva y pija pero no rancia? Pues el Dos Palillos (clic) es tu sitio. En medio del barrio chino (perdón, ahora Raval), la entrada es como de bareto de toda la vida, con su terrazo modelo chicharrones. Y luego pasas a una barra en forma de u alrededor de la cocina, donde te van haciendo delante de tus narices lo que vas a comer. La idea es hacer una fusión entre los dos palillos de la cocina oriental y los dos palillos de la clásica tapa española (el de pinchar la tapa y el de quitarte el "paluego" de entre los dientes).

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Es un menú de tapas asiáticas, por así decirlo. Y el cocinero Albert Raurich estuvo con Ferrán Adriá, así que te puedes imaginar dos cosas: a) las chuminadas riquísimas que vas a comer y b) el precio.

El menú corto (un palillo) consta de un montón de tapas y está a 50 eurets. Con bebidas (copa de cava y dos copas de vino) salió a 62/64, no recuerdo. El menú largo sale por 15 euros más. La clavada es considerable pero també hay que reconocé que las tapas estaban exquisitas.

La mejor: la tempura de anémonas. Impresionante, sabrosa, deliciosa, maravillosa. La menos lograda: una sopa de nosequé cosas en la que el cilantro anulaba el resto de sabores. Amigas, NO AL CILANTRO, el cilantro, SÓLO PARA EL PISCO SOUR. Se lo dije a la camarera/cocinera y Mrs. Wilson me llamó la atención por maleducada. Jamía, querrás que mantenga la compostura después de un mai Tai, un gimlet, una copa de cava, un vino blanco y uno tinto.
La noche continuaría por diversos lugares, personajes y derroteros que ya no es necesario detallar aquí, algunos viejos conocidos de este blog (clic), pero siempre manteniendo la dignidad y el status que nos caracteriza. Eso sí, acabé con un cardenal a medio muslo que cuatro días después sigue más morado que la pared de mi salón y doliendo copón y medio. Y a todos los que nos criticaron el acento les dijimos que éramos de pedanías de Abanilla, Jumilla y Yecla, donde cambia ligeramente el vocabulari del idioma oficial del imperi.


Por cierto que soy la worsa: no le dije a nadie que iba. Biennnn, porque no me encontré con ningún conocido. Malllll, porque estando en nosequé sitio recibí una llamada de un amigo de Barcelona diciéndome: "Holaaaaa, voy de camino a Madrid". Y yo: "Hoy, pues yo estoy ahora mismo en algún lugar entre Passeig de Gracia y Muntaner". Y él: "Ah, mira qué bien, cómo llamas". Bueno, tampoco llamó él antes, ¿no????

7 comentarios :

Eleuterio dijo...

Cómo aguantas tanto alcohol...

Yo soy de Daiquiri de siempre. Hace un año se me dió por probar un "Bloody Mary" y mi acompañante se lo tuvo que tomar hasta el final porque yo no pude. QUé asco de bebida...será que el vodka no me gusta - y estoy rodeado de rusos...-.

thefirstsquirrel dijo...

Gimlet, Pisco-sour... Music to my ears.

Tan Gay Como Cualquiera dijo...

Quiero una caipirinha bien helada!

Peritoni dijo...

Jooooooooooooo, es todo taaaan chic!

PasaelMocho dijo...

JAJAJAJAJA,

¿CHIC?

¿SOBRIA Y SELENA... CHIC?

JUAAAAAJAJAJAUUUUAAAA JAJAJAJAJA

Ambro (de Ambrosía) dijo...

Yo soy más de Caipiroshka o Tequila sunrise, pero de mezclar no, que las resacas a mi edad son muy malas...

Sufur dijo...

Dior santo, con tanta dignidad y tanto saber estar ya casi pareces santanderina, jamía...

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Un blog se nutre de comentarios. Aunque sea para ponerme a caldo di algo, cojostio.

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