Lo que dio de sí el Madbear 2017


El fin de semana pasado del superpuente tuvo lugar en Madrid la más notoria concentración gay de la capital después del orgullo: La Madbear (y sus adláteres), concentración de osos (y admiradores) que lleva ya unos quince años celebrándose.

Digo adláteres porque Madbear es el nombre "oficial" de unos cuantos locales, pero al final todos los demás sitios y promotores de fiestas (sean o no osunas) se apuntan al carro y al final si te repasas la lista de eventos que había en Madrid la semana pasada te quedas alucinando. Si a todas las osas circulando por Chueca le sumamos la megamultitud de personas que se acercan a ver las luces navideñas, el Cortilandia y comprar gorros estúpidos en la Plaza Mayor (yo este año voy a comprar seis), moverse por el centro es una puta locura.


Normalmente el TX y yo huíamos de la ciudad en estas fechas por el bochinche que se organiza, pero llevamos unos añitos yéndonos a lo del carnaval de Maspa en noviembre y no es plan quedarse arruinaíco perdío de tanto viaje.

De los 6 días que ha durado el evento (aunque algunos le pongan uno más por cada extremo no, lo que cuenta es de la víspera de la consti hasta el domingo), me he acercado 3 de ellos al olisque, a ver qué se cocía.


El primer problema venía con el acceso: Gran Vía cortada, media Chueca en obras y restricciones de tráfico y aparcamiento por contaminación. Y señores, que nosotros vivimos en un polígono, que tenemos que tirar de coche sí o sí. La idea inicial era acercarnos en coche a una estación de metro y luego ya tirar pal centro. No hizo falta. Con eso del pánico a las medidas de Carmena y que en esas fechas hay una desbandada brutal de madrileños y a los que vienen ni se les ocurre venir en coche, una noche aparqué sin problema en Alonso Martínez, otro día Tx (que sí puede pasar por Gran Vía) lo dejó en Prim y el mismísimo sábado por la noche aparqué en la calle Pelayo (toma ya, la calle más puta). Carmena, te sorteamos, por mucho que te hayan hecho camisetas chulas:


Y sí, hemos visto las luces navideñas y hemos circulado en un sentido por Preciados y en el otro por Carmen, colándonos en el Cortinglés para atajar y hacer cambios de sentido.

La primera noche que salimos fue de investigación, no había mucha gente (al día siguiente oficialmente era laborable) y estuvimos los dos solitos dando una vueltecilla. Cenamos, tomamos una copa tranquila y nos volvimos a casa. Aceptable.


El verdadero bochinche (y la explosión de visitantes) llegaría con el fin de semana. Y es aquí donde me planteo una pequeña reflexión: había colas tremendas para entrar en cualquier local, con lo cual la gente iba pronto y se apalancaba allí porque si salía se tenía que quedar en la puta calle una hora haciendo cola para entrar en otro. Y lo mismo con las discotecas. Entonces... ¿les compensa a los locales el que haya tan poca rotación de personas? Imagino que pondrán copas como locos pero los parroquianos tienden a una consumición en cada sitio.


El caso es que con los aforos claramente sobrepasados (por mucho control que tengas en la puerta no me creo que se cumpla el aforo si dentro no nos podemos ni mover) y colas eternas para entrar, lo del Madbear dentro de los locales me dio una sensación de inmovilismo total.


Porque mira, la fiesta estaba en la calle (afortunadamente no hizo mucho frío). Es que fue aparcar en Pelayo, cruzarme con dos amigos, ir a saludar a otros que estaban en el marichino de Hortaleza y a la que salgo me cruzo con la Ketty que me suelta: "¡Ya me han dicho que hoy estás de Rodríguez!" Ni diez minutos, oye.

Y luego lo del oye dónde vamos, pues aquí pues allí hace que todos pasemos por la misma esquina y te acabes encontrando a esos chicos tan majos que conociste en nosedonde y esos otros del norte que... Total, que yo reconozco que soy un poco reina de Inglaterra y voy saludando con la manita por todos lados, pero es que hubo un momento en la Plaza Pedro Zerolo en el que estaba dando maribesillos a veinte personas lo menos. Y todos preguntándome como si yo fuera Bree vanDeKamp: "¿Y tu marido?". Yo en mi salsa.


También he tenido mi dosis de stalkers, claro, porque aunque yo sea una persona de naturaleza en principio sociable, hay gente a la que no trago, al igual que hay gente que no me traga a mí, evidentemente. ¿Te acuerdas de aquel chico que me reprochó que le había rechazado dos veces la amistad del Facebook? Pues me vino de nuevo en plan Reprochitos de Berjusa. Y luego el que me persigue por las apps con intenciones rijosas y que no, chica, que no. O el que se empeña en que somos íntimos amigos sólo porque tenemos conocidos comunes. ¡¡¡¡Arrrrrgggggghhhhh!!!!


Al margen de la calle (y del ambiente diurno, que no vimos, pero ya nos dijeron que para entrar a cierta sauna había que ir a las dos de la tarde o no entrabas, qué fatiga) por las noches había sopotocientasmil fiestas en discotecas. Que si en la Changó, en la Cocó, en la Strong, En Pirandello, ¡en la Yastá!, en la Palace, en la Fabrik de Humanes... en tos laos. ¿Da para tanto? Porque me han enseñado fotos de varias fiestas petadas. ¿Y esa idea de poner una fiesta guarra en la sala Palace, debajo del Real Cinema de la plaza de Isabel II, aka Ópera? ¡Pobrecitos señores mayores que van a bailes de salón al día siguiente a las seis de la tarde! ¡Todo el suelo pringoso y los zapatos arrastrando restos orgánicos y de látex! Qué poca vergüenza.


De discotequeo salimos la primera noche por la Bearbie, que dirán lo que quieran y serán todo lo misóginos que sean, pero la planta de arriba es divertidísima. Me lo pasé en grande saltando y bailando toda la noche. Y además como Tx llevaba el coche de vuelta, yo me tomé mis dos copas... más las dos suyas. O sea, que quien me viera el viernes pasado un poquito perjudicado (y metiéndole mano, que yo cuando bebo me convierto en un rijoso pero inocente pulpo) espero que sepa disculparme. Llegamos al polígono a las mil y sufrí el ridículo momento de caer encima de la cama al intentar quitarme los pantalones, que quedaron aburruñados en los tobillos. ¡Mierda de perneras slim!
 
En fin, que disfruté como un enano (frase políticamente incorrecta) y al día siguiente tenía tres contactos más en la lista de Whatsapp y una docena de seguidores nuevos en Instagram. Por cierto, los italianos se descojonan de la risa cuando les sueltas frases de ópera... ¡pero es que es lo único que sé decir en ese idioma!


La última noche fue sin Tx, que se negó a salir ("ya te saqué anoche de paseo y te aguanté", me vino a decir), fui con la Ketty y un famoso blogger a la selecta y elegante discoteca Strong, que no visitaba desde aquella fecha en la que llevamos de turismo a un guiri que la quería conocer (el que se bebía hasta el agua de los floreros). Error, craso error. La música una ful, la cola del ropero insoportable y el postureo y el sincamisetismo llevado al límite. Yo sé que no hay tiempo para pasar por casa o el hostal y se están muchas horas en la calle pero jodeeeer, que eso parecía una convención de D&G (Dúchate Guarra). Por no hablar de las flatulencias que se escapaban de vez en cuando en la pista de baile. Quina asquerosidad, Madronita.

Lo del postureo hasta en la puerta del cuarto oscuro ya es que era deprimente. Y no me vengas con que me pongo digna, es que el sábado por la noche llevaba yo el coche y de beber alcohol nada, o sea que cerveza 0,0% que te crió (es igual pero requiere empeño), que te ayuda a ver las cosas de otra manera.


Muy gracioso el encuentro con una pareja de amigos "de cuando yo empezaba en esto" allá por principios de los 90. Primer encuentro con amigo A, los dos entornando los ojos porque no veíamos una mierda. Aquello parecía el eco:
- Hombreeeeeee
- Hombreeeeeee
- No te veía, estoy con las lentillas multifocales.
- No te veía, estoy con las lentillas multifocales.
- No vengo aquí desde hace...
- No vengo aquí desde hace...
- Pues no ha cambiado nada.
- Pues no ha cambiado nada.
- ¿Y dónde está tu novio?
- ¿Y dónde está tu novio?
Desopilante, que diría Mr. Eleuterio. Sobre todo porque luego me encontré con el novio y la conversación fue prácticamente la misma.


Más gracioso el encuentro con otro amigo y los dos besitos de rigor.
Vamos a ver, señor... lávese la cara después de hacer gorrinadas, que con eso del peludismo facial... ¡le olía la barba a polla!
O llévate un microspray de esos de muestra de perfume, coño.


Anécdota kármica sucedida a nuestro famoso exblogger (y que él no puede poner porque ya no actualiza el blog, así que le cojo la exclusiva): Se mete por los laberintos y empieza a tontear con un americano gigantesco de los que te dejan destrozado sólo con la mirada. Sonrisita por aquí, toqueteo por allá... y cuando toca ir a mayores el guiri va y le suelta "later" (leitah, o sea, que lo dejamos para después), dejando al bloguerito con dos palmos de narices. Mi amigo sigue a lo suyo y acaba montándoselo con un francoparlante random (internacionalidad a tope). Al final de la noche se le acerca el americano inicial con ojos golositos. El bloguerito le da dos palmaditas y le suelta... "later".


Más cosas... los uniformados.
A ver, yo comprendo que llevar la acreditación oficial colgando para que te hagan un 2x1 en cervezas y fantas mola, pero das una imagen de asistente a la feria TecnoOsuna del Ifema que tirapatrás.

Las camisetas. Sí, todos hemos caído alguna vez, pero lo mismo, parece que eres el camarero del bar.

Y luego tienes a Bobobear vendiendo camisetas en la puerta de la Strong.
Bobobear es un osito muy mono (mucho) italiano residente en Londres, que hace dibujos de ositos, imprime camisetas y las vende en los eventos tipo Orgullo.
Son monas (yo piqué en Maspalomas) y, si te esperas al último día de la quedada y queda tu talla, te las baja 5€.


Yo sigo con mis sentimientos enfrentados: por una parte me lo pasé pipa, "hice comunidad", repartí besitos y risas a mansalva y, a pesar de la tendencia a adorar el musclebearismo, es muy reconfortante ver y pertenecer a un colectivo en el que no hay problema en que tengamos años o kilos de más. Y aunque sean sólo amigos virtuales 2.0, de todas las personas que conocí hay un puñadito (pequeño pero selecto) con el que espero seguir en contacto. Pero por otra parte me agobia el borreguismo, lo de todos aquí, todos allá, ahora hay que hacer esto, ahora hay que ir a tal otro sitio. Estrés. Lo del mercantilismo no lo critico, lo asumo.


Y, después de la Madbear...



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