Eurovifinde (ii)

 
A lo que íbamos, aquí va la continuación de la entrada del lunes (clic): El sábado estábamos invitados a dos fiestas eurovisivas, pero como no nos podemos dividir, fuimos sólo a una de ellas, claro.

Una fiesta eurovisiva gay es un evento al que todo marica debe acudir por lo menos una vez en su vida, pero para que salga bien es necesario cuidar los detalles:


1 - Número de asistentes: hay que adecuarlo al tamaño del salón, de la tele y de la cantidad de sillas cómodas que haya. Un festival de Eurovisión dura tres horas y ya vamos teniendo una edad y un tonelaje como para cuidar las posturas y la columna. Si hay mucha gente al final se forma tal bochinche que acabas pasando del festival. Y si hay poca tienes dos peligros: el primero que la velada quede en una sosada y el segundo que entre los asistentes haya uno de esos plastas autodenominados eurofans, se ponga a comentar todo en plan analítico y acabe chafando la diversión del resto. Pongamos que el número ideal está de 6 (mínimo) a 10 (máximo)


 

2 - Avituallamiento: Todo el mundo tiene que llevar algo, no se le pude dejar al anfitrión la responsabilidad y el coste de la invitación. Un poco de organización a través de grupo de whatsapp puede estar bien (a pesar del peligro de los wasaps). Un exceso de organización es un desastre. Aún recuerdo la fiesta de Rosa Selebreishon en la que el anfitrión nos mandó un email con una tabla de Excel en la que ponía qué tenía que traer cada uno. Al final fuimos muchísimos, el 90% no recibió (o dijo que no recibió) la tabla y pasamos un hambre terrrible, arañando los cuencos de las patatas para rebañar las migajas.



3 - Grado de petardismo: Factor también a equilibrar. Está bien que haya su mezcla de eurofans, euroescépticos, señoronas, locasdelpotorro... No queremos ni una pelea de gatas ni gente que pase de todo y chafe el festival, ni uribarris que se lo sepan todo todo todo.

 

Y, como somos muy organizaditos, nuestra party eurovisiva conjugó a la perfección los tres factores anteriores: fuimos ocho, con mezcla de todo tipo de maricas (oye, no estaría mal invitar a un hetero alguna vez a ver cómo se porta), cupimos todos relativamente bien alrededor de la tele y hubo comida y bebida para aburrir (justo lo que Tx y yo necesitábamos después de una comilona comunionesca).

Nosotros llevamos sushi casero. O maki o California rolls o como coños quieran llamarlo, lo del arroz enrollado en un alga, vamos. Ya sabes que Tx no deja que me acerque a la cocina porque dice que soy un desastre, lo cual me viene muy bien, y él se ha vuelto un experto en hacer estos rollitos. Llevan su trabajo pero no es excesivamente complicado y a) es arroz y llena, b) queda exótico y c) cunde mucho. Y no veas lo que jode pagar un porrón de euros por una bandejita con una docena. Se hacen en casa y punto. También hubo empanadillas, minipizzas y vino para aburrir.

 

De postre además llevamos unos Luxemburgerli. De verdad, yo creía que lo del chauvinismo era sólo de los franceses, que son como los catalanes: TODO lo han inventado ellos antes que nadie. (Y que no se me ofenda nadie pero es verdad, que estos oídos han llegado a escuchar que la pizza es una derivación de la coca). Pues no. La palma se la llevan los suizos. Lo del ultranacionalismo allí es acojonante, y desde que conozco a la parte suiza de la familia de Tx cada día alucino más. Cuando le enseñamos a la prima nuestroexperimento con los macarons, nos dijo que eso era una especialidad suiza, que los hacían ellos antes, y que se llaman Luxemburgerli. Y, para demostrarlo, nos trajo una caja.


 

Repito: justo lo que necesitábamos Tx y yo después de una comilona en pleno proceso de gimnasio, zumba e intento de no comer mierdas. Pues los llevamos a la euroviparty. Ah, por mucho que digan, son macarons, más pequeñitos y pelín más dulces, pero macarons. Y no lo digo yo que lo dice la wikipedia, aunque puede que el origen del dulce se remonte a la Edad Media en una aldea de las muntanyas del Canigó, que todo es posible.



Coño que me estoy enrollando, como siempre, y al final no cuento nada del festival. Sólo un último inciso: el eurofestival hermana y hace amigos, que vinieron dos nuevos y al final de la party ya éramos todos de la familia. Lo que no consiga Raquel del Rosario…

 

Y nos pusimos a ver la tele.

El año pasado no lo vi, pero el anterior, cuando mandamos la horterada aquella de chiringuito cantado por la chica sin carisma (clic) me pareció que había cierto nivelito en las canciones. Este año las canciones me han parecido de una sosería e insustancialidad soberanas. Ni fu ni fa. O sea, ideal para pasar olímpicamente de la apreciación musical y dedicarnos a fijarnos en lo que nos gusta: los estilismos, las puestas en escena, el humo, los ventiladores, los fuegos artificiales, los modelitos, las cosas que caen del techo y los tíos buenos que salieran.




Sobre los concursantes pues mira: mucha ceja y mucha nariz. Los únicos así que me pusieron un poco fueron los griegos, por el rollo patorras al aire y semiafeitado que a mí me pone algo burraco, porque lo de los lánguidos cachas tipo el azerbaiyano (que también se dice azerí, según la RAE) es un rollo que no me va nada.




A ver, así, cosas que comentar: Por supuesto el rollo mariconístico – operístico del rumano, qué exceso. Que Cascada no tiene caderas (y que la canción era una Euphorbia 2). Que qué coño pintaba allí Bonnie Tyler con semejante insulsez y pareciendo una Spice Girl. La francesa, Adele + Tina Turner. Las pistoleras que le hacía la ropa al mariqui de Suecia. La warrona ryder bielorrusa con una canción de Grecia de hace una década. La cara de "dame una hostia" del belga. El melenas de Islandia, que yo recuerde la única canción que subió el clásico semitono festivalero en la última estrofa (me soplan por aquí que hubo otra, ni flowers)…


 

La presentadora, Petra, por mucho Jean-Paul Gaultier que llevara, iba de princesa Disney premenopáusica. Eso sí, tuvo gracia, sobre todo en las votaciones cuando los encargados de dar los resultados se pasaban con lo de “Good evening, Malmö and thank you for this wonderful show”. El numerito musical nos lo cortaron pero por lo menos vimos a Carola simular una caída muy graciosa. 

 

Ah, y España. Segundo año en el que no había escuchado la canción antes. Y qué quieres que te diga, después de lo escuchado allí, tampoco me pareció tan mal. Lo de la gaita al principio es una catetada que no pega porque luego no tiene continuidad en la canción. El tipo de canción, una insulsez sin estribillo claro que se quede grabado, o sea que iba directa a los últimos puestos. Y la chica se pegó unos desafines la mar de majos. Mirándolo un poco desde fuera insisto, no me pareció ningún horror, sino algo medianamente aceptable, pero una canción a la que jamás daría mi voto, con lo cual el resultado penúltimo me resulta muy lógico.



Lo de que Irlanda quedara detrás sólo lo puedo achacar a que el chico no tenía narizotas y ¡se había depilado las cejas! Imperdonable en Eurovisión 2013.




La que ganó no me dice nada. Vale, es machacona y se te queda en la cabeza, pero ¿algo más? No. Lo que tengo muy claro es que mi grupo de amigos no tenemos gusto “eurovisivo”. Porque vamos, no dimos ni una con nuestras predicciones.






A mí me gustaron la Katy Perry finlandesa y el mariquita irlandés, que quedaron supermal. Bueno, y el gafapasta húngaro me hizo gracia (puesto 10). Lo de las votaciones es lo de siempre:  hubo confabulación báltica, escandinava, soviética… pero no balcánica, que no había ningún país de Yugoslavia. ¿Se podría hablar de confabulación mediterránea con Chipre, Grecia, Malta, San Marino, Albania, Italia…? También tendría que estar metida España, ¿no?



Vamos, que nosotros podemos hacer nuestras porras de votaciones, pero somos muy conscientes de que el detalle de Cascada bajando cual jaca por las escaleras del andamio nos hace gracia y por eso creemos que va a tener votos, pero el ama de casa de Macedonia, para el cual el Festival de Eurovisión es cuestión de estado, se emociona con gritonas que mantengan la voz a grito pelao a lo Celine Dion Style durante diez segundos. Y como ella votan sopotocientas mil personas más. Definitivamente, habría que hacer una votación paralela entre bares de ambiente y euroviparties maricas. Los resultados serían muy diferentes.




Ni que decir tiene que las maricas talifanas eurovisivas al día siguiente se han sentido totalmente iradefrustradas por el resultado de España. Y ya hay petición psicótica en change.org (antes actuable) para que echen al responsable de festivales de rtve, bajo la acusación de que si la canción española no quedó mejor fue porque la prensa no atendió a los fans o porque no se asistió a una reunión previa que hubo en Amsterdam. Absurdas, que son unas absurdas. Una cosa me pregunto yo: el responsable de festivales de rtve… ¿se ocupa sólo de Eurovisión? Porque ya no hay OTI. ¿O también cuentan los festivales de programas que no sean concursos? (Sí, de esos de “nos han dado un premio a Informe Semanal y otro a Cuéntame”). Ignórolo.



En fin, que pasadas las doce, después de ponernos ciegos a sushi, empanadilla, vino y demás, Tx y yo nos retiramos, dejando a nuestros amigos libres para que nos pusieran hoja perejil por lo del numerito Menatplay… y que comentaran los interesantísimos resultados del Eurofestival, claro. Sí, vamos, clarísimo.
 

Eurovifinde (i)


 
Hoy una entrada de estas en plan "Diario de", porque el finde ha dado mucho de sí. 

Con Tx las cosas han estado un poco tensas. Aparte de una metedura de pata mía (que fue épica), el viernes había partido de fútbol y el sábado familia política + eurovisión.Y todos son asuntillos un poquito crispantes para mi chico.

Que sí, el viernes fútbol (fúbol, como dicen ahora). ¿Algún problema? Ninguno. De todo el mundo es conocido cómo se ponen los forofos fuboleros  cuando su equipo se enfrenta a un partido trascendente. Tx empieza con un “no voy a cenar”, se sienta, pone la tele y se queda todo serio. No se le puede decir nada.

Y el dirá que yo soy una petarda con la ópera, pero él con el fúbol es igual. Si tú escuchas la ópera Tosca, de Puccini, en la segunda escena entra la soprano cantando “Mario, Mario, Mario”. Pues bien, tal como lo diga ya sabes cómo va a ir la representación. Si los “Mario” son impetuosos y rápidos, la Tosca va a ser una loca del coño que va a gritar como una histérica durante toda la ópera. Si son lánguidos, tendremos una Tosca sosa y cursi. Si son muy espaciados horror, ya que nos saldrá una Tosca que se va a ahogar y no va a poder con el papel. Pues con el Real Madrid lo mismo, igual igual igual. Tx a los cinco minutos de empezar el partido ya sabe cómo va a jugar su equipo. Si la cosa va a ir mal, se enfurruña y no-se-le-puede -dirigir-la-palabra. Y si va a ir bien se queda embobado en la tele como los niños con Dora la Exploradora y no-se-le-puede-dirigir-la-palabra.



 Pero el viernes, ay el viernes, empezó marcando el Madrid y luego un palo, otro palo, otro palo, empate, prórroga y… ay, gol del Aleti. Y ya se le ensombrece el semblante, se levanta y se pone a hacer recortables de papel. Por supuesto, no-se-le-puede-dirigir-la-palabra, y al rato se va a la cama con un seco “¿qué, vienes ya?”. A mí el fúbol me la refanfinfla bastante pero, por motivos familiares nunca jamás explicados, soy del Aleti. Graves dilemas deportivos chez los Móchez-Tx.

A dormir que al día siguiente tocaba comunión. Ea, a ejercer de los maravillosos tíos gays delante de toda la familia política, amigos y aledaños. Nada que no sea ya prueba superada de no ser por la duración. Señoras, una comunión dura TODO UN PUTO DÍA. Y no es como una boda que te puedes escapar a la barra a beber, al seto a mear o a la pista de baile a desparramar para delirio de las señoras vestidas de azul pavo o morado berenjena, no. En la comunión hay que estar todo el rato con la familia. Y, créeme amiga, mi nivel de aguante con la familia de Tx es ciertamente limitadito.

Para acabar de joder la cosa, hizo un frío que pelaba los huevos y llovió a gusto, con lo cual no había escapatoria. Casi me da algo.


 La ceremonia tuvo su aquel ¡y duró UNA hora!. El cura (que según me advirtió mi cuñada no lleva peluca, es así) es de los estrictos, tipo el de Churra, pidió inútimanete que no se sacaran fotos ni se filmara (no sé por qué, si nadie iba en bici) y nos regaló una frase mítica: “podéis comulgar todos aquellos que no estéis en situación irregular”. No veas el cachondeíto que hubo en la iglesia. Todos mirándonos los unos a los otros. Y además tenía subintendentes: las listas catequistas. Una de ellas se sentó al lado de la cuñada “mala” de Tx y, llegado un momento de la ceremonia, le dijo que se levantara, porque “iban a dar la bendición”. Y agárrate tú la cuñada, no sé si llegó a decirle que “ya, los cojones”, pero poco le faltó.

El regalo que más ilu le hizo a la niña comunionante fue un balón de fútbol. Y, a pesar de la lluvia, salió a probarlo con sus amigos. De ahí directa al Fulanita, decíamos Tx y yo. Su madre se preocupaba por el vestido pero ella, más práctica, dijo que le daba igual, si no se lo iba a volver a poner nunca en toda su vida.


 A eso de las seis de la tarde llevamos a mis suegros a su casa y le dije a mi churri que yo necesitaba echarme un poco la siesta, que estaba destrozaíco y habíamos quedado con los amigos tres horas más tarde.

Y ocurrió el cataclismo.

Porque, querida amiga, el sábado se celebró el Festival de Eurovisión, evento que, nadie sabe por qué, congrega a las maricas de toda Europa frente al televisor para gritar, criticar y sufrir durante las votaciones. La verdad es que, siendo un pelín objetivos, el concurso es una puta mierda y del 99,5% de los cantantes y canciones que allí se presentan no se vuelve a acordar nidiós, pero ejerce tal fascinación que una fiesta eurovisiva se convierte en el evento marica del año.

Este año no estábamos invitados a una, sino a dos fiestas. Y los móviles echando humo con unos y otros preguntando que qué llevamos, que si íbamos por fin, que si blablablá, venga Whatsapp pacá whatsapp pallá. 

Y nosotros agotados, con las bolsas de los ojos que parecía que nos habían cobrado cinco céntimos por cada una para llevar la compra… y en traje.


Oye, en traje, si casi nunca llevamos. Qué morbo, ¿no? Y nos pusimos a hacer un numerito Menatplay en casa, ni que fuéramos nosotros pornoestares. Jijijí jajajá y yo joderrrrr que necesito echarme la siesta. Vale, me dice tx, pero pásame estas fotillos que nos acabamos de sacar.

Empiezo a mandárselas por wasap y… ¡HORROR!

Cuando llevo cuatro warrifotos enviadas me doy cuenta de que se las estoy mandando al grupo de wasap de amigos que están organizando los preparativos de la fiesta eurovisiva a la que íbamos a ir esa noche.

Querida compañera, consejo de tu amiga Piscis: ¡¡¡LOS GRUPOS DE WHATSAPP SON UN PELIGRO!!! Y si estás en la cama, en bolas, somnoliento  y con la panza que va a reventar, más aún.


A mí me entró la risa. A Tx no, sobre todo después de recibir un par de llamadas de amigos descojonándose por el tema. ¡Y menos mal que fueron fotos de las discretas! Al momento pedí a mis amigos que por favor borraran las fotos y que no hicieran muchas coñas con el asunto, porque el broncazo que me cayó por el asunto fue de los de hacer historia. Con decirte que al final ni me pude echar la siesta…

Lo mejor fueron los comentarios posteriores de los amigos, en plan comprensivo, que un desliz lo tiene cualquiera, que no le diéramos importancia y blablablá. Pero vamos, que si cualquier día de estos nos vemos en twitter en plan concejala Hormigos a uno que yo me sé lo tira su novio por la ventana.

El caso es que una vez duchados y vestidos como dios manda, no disfrazados, salimos al putocentro a disfrutar de nuestra velada eurovisiva.

Pero esta entrada de blog ya está quedando demasiado larga, así que el eurofestival lo comentaré, si tengo ganas, en un par de días… 

Continúa... aquí

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