Un monstruo viene a verme



Tranquilos, no se me ha aparecido en sueños ningún político (ponga aquí el nombre de su partido enemigo favorito, para evitar quisquillosidades varias).

Un monstruo viene a verme es el título de la próxima película de J.A. Bayona, el que hizo sufrir tanto a Belén Rueda en El Internado y mucho más a Naomi Watts en Lo Imposible. Para este otoño le toca Sigourney Weaver y un niño random que no sé quién es.


Según palabras del director, la película va de cómo nos aferramos a la fantasía para sobrellevar la dura realidad. Con lo cual, y con eso de que el protagonista es un crio y el título de la película ya me puedo esperar infografía por un tubo, criaturas fantásticas y muchas pesadillas nocturnas. Un poco "El laberinto del Fauno", vamos.


Me entró curiosidad y he dado con la novela corta (o el relato largo) en el que se basa la película. Es una novela que le encargaron a Patrick Ness (descendiente del monstruo) porque la autora de la idea y personajes, Siobhan Dowd, falleció antes de escribirla, dejando solamente el embrión de la historia.


Un monstruo viene a verme (A monster calls) es, en efecto, una novelita de corte fantástico, protagonizada por un niño de trece años a quien un monstruo visita todas las noches a las 00:07 horas, dispuesto a sonsacarle "la verdad"

A priori uno se puede imaginar un desarrollo "estándar" de la historia: adolescente problemático con su problema (gordo, gordísimo) en casa, sus problemas en el instituto y sus problemas mentales propios. En efecto: problemas, problemas, problemas.


Pero a medida que avanza la narración todas esas situaciones que parece que van a desarrollarse de la manera más convencional posible, acaban atrapando y haciendo pensar al lector. Plantearle temas universales como son la compasión, el afrontar momentos duros, la diferencia entre pensar y actuar y, sobre todo, el intentar ponerse en la piel del otro.

Y aquí, amiga, el autor se pone chungo, chungo y malrollero. Y te lo hace pasar fatal. Y recurre a momentos sensibleros (emotivos, que dicen los cursis) que sabes que no vas a poder evitar aunque los quieras rechazar, porque son necesarios y, sobre todo, inevitables.


Así que si quieres pasar un buen mal rato, qué mejor que pegarle un repaso a "Un monstruo viene a verme". Y ya en otoño veremos a Liam Neeson, Sigourney Waver y Geraldine Chaplin pasándolo mal ellos.

Tranquis, que la siguiente de Bayona va a ser Jurassic World 2. No more dramas.





 



Osabas mojados

 
God hates fags.
Dios odia a los maricones.

Y nos lo ha demostrado este finde pasado.
Porque teniendo en cuenta que Dios es el único y último responsable de los fenómenos meteorológicos de este planeta (que para algo lo creó, no te quejes), o los angelitos del cielo tenían cistitis e incontinencia grave o nos castigó a nosotros, irreverentes sodomitas, por presentarnos como unidad familiar ante un tierno infante.

Y es que el viernes agarramos los baúles, las boas, los pelucones, la suegra y la CPAP y nos fuimos de tournée por provincias para conocer a nuestro nuevo sobrino. Que mira que nos gusta a nosotros eso de un viaje por la piel de toro y visitar otras regiones de España alejadas de la capital.



El destino eran las provincias vascongadas (Vasconia como dicen en La Razón, que suena muy a Astérix). Cuando empezamos a ver palabras escritas con letras con tejaditos y a no entender lo que ponían en las señales de tráfico redactadas en algún ancestral dialecto, me dije: ya estamos cerca. Y, en efecto, cuatro curvas y siete mil radares después, llegamos sin problema a la capital vizcaína a ver al recién nacido quien, por supuesto, tiene un nombre lleno de consonantes juntas para que su abuela sea incapaz de pronunciarlo.

Nosotros íbamos con la intención de regalarle una camiseta de rayas horizontales, un pantalón pitillo, un corte de pelo de flequillo bildustyle, dos aros para la oreja y un manual de kaleborrokismo, pero el niño tiene sólo dos semanas y no era plan.

En contrapartida, nosotros pasamos a ser los "Osaba", que quiere decir tío. Y mira, después de mis múltiples sobrinos es la primera vez que me llaman tío pero en otro idioma.

Coñas y familia aparte, el viaje se puede definir en una frase:

CADA VEZ QUE SALÍAMOS DEL COCHE SE PONÍA A LLOVER

Ya sé, ya sé, en el País Vasco siempre hay chubascos, que cantaban Chico y Chica, pero es que, de verdad, en serio, joooooo, es que íbamos conduciendo y todo bien, alguna nube, algo de sol... pero era salir del coche y haaaaaala a llover.


Y mira que miré las previsiones meteorológicas.
- Tx, que Yahoo Weather dice que hay una probabilidad de lluvia del 20%
- Ah, pues no es mucho.

Pero después de lo sufrido me pregunto: ¿Qué quiere decir exactamente eso de "probabilidad del 20%"? ¿Que puede no llover pero lo mismo llueve? Qué listos, así si no llueve aciertan y si llueve también, porque ya dijeron que había un 20% de posibilidad. ¿Y entonces si ponen un 80% también aciertan? ¡Agh!

También cabe la posibilidad de que Yahoo Weather esté compinchado con Dios, sea igual de homófobo y nos quiera castigar.

Total, que aparte de la visita familiar, las visitas turísticas fueron "pasadas por agua".
Y menos mal que llevo un paraguas tamaño gigante siempre en el coche.




En nuestro viaje norteño de hace unos años se nos quedó pendiente visitar Castro Urdiales, ya que nos desaconsejaron vivamente ir en verano por la acumulación de turistas y tiendas con colchonetas en la puerta. Y, aprovechando que queda a tiro de piedra de Bilbao, nos fuimos el sábado por la mañana, oyes.

Y fue salir del aparcamiento y... flaaaaasssssss, primera manta de agua. De esas que dices no, si no molesta, no es fuerte, pero no para de llover, joder. Yo llevaba impresos los cuatro itinerarios (¡CUATRO!) turísticos que recomienda el Ayuntamiento de tan cántabra población. Dos de ellos se agrupan en uno, que no es tan grande el centro, señores, y los otros dos son "vamos a ver la playa" y "vamos a perdernos por el campo". O sea, que se queda en un paseo.




Vimos los acantilados, el conjunto monumental, el exincastillo mega-reconstruido con acensor y precioso acristalamiento, las ruinas (un arco) de una iglesia, una ermita también requeterretocada, el puente medieval (éste mola) y... el iglesión gótico.

Iglesión al que no pudimos entrar porque estaba cerrado en sábado a las once de la mañana pese a que en la página web de información decía que abría los sábados a las diez. Será que cuando llueve no suben a abrir. Pero allí en la iglesia ni letrero de apertura ni leches. Algo mosqueados (y calados) bajamos al centro, vimos la calle porticada y hala, un café y a otro lado.



En Plentzia, pequeño pueblo pesquero/playero de la costa (lógico, no va a ser de interior si es playero y pesquero) nos cayeron algunas gotas, pero se pudieron aguantar sólo con la capucha. Muy curioso su casco antiguo y mucho contraste con la zona del puerto. Arriba tabernas típicas, abajo bares de diseño con pinchos ultraelaborados. Eso sí, en ambas zonas, bastante pijerío: mechas, ropa de marca y niños bien. Como dijo una amiga: mucho peneuve aquí.



Otra visita del finde: San Juan de Gaztelugatxe. Indicación "esencial" para justificar la visita: "Allí es donde se casó Anne Igartiburu". Genial, entonces vamos. Se llega por una carretera algo complicada pero aceptable. Vaya, parece que el tiempo nos da una tregua.  Salimos del coche y le pregunto a Tx si cogemos el paraguas. Él opina que no es necesario.



Los cojones. Empezamos a avanzar por un senderito hiperinclinado cuesta abajo y... nos vuelve a caer la manta de agua encima. Esta vez además sin paraguas, a traición. Total que llegamos al mirador, hicimos las fotos pertinentes y... nos volvimos. Porque ya eran ganas seguir por el sendero escaleras abajo y arriba para acabar como una sopa. Que no, oye, que no.



Saliendo por otra carretera, para variar, quería yo llevar al Tx a ver Bermeo y Mundaka, pero sólo llegamos al mirador de Bermeo, lo de la lluvia nos quitaba todas las ganas de seguir. Al menos allí tuve una regresión temporal al ver esta isla y soltar...

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Vuelta a Bilbao. La carretera no es que sea complicada, es que tiene unas curvas que te cagas. Marino Lejarreta total, vamos. Lo habitual en estas carreteras es ir acojonado y que el coche de detrás te vaya enseñando morro, poniendo luces o pitando. Afortunadamente la tía del coche de atrás iba tanto o más cagada que yo, porque en los dos tramos rectos en los que me aparté para que me adelantara no lo hizo. Yo creo que me usaba de guía. El caso es que en ese tramo las nubes se abrieron y lució un sol esplendoroso. Tócate los cojones.



Llegamos a Bilbao. Sábado por la tarde. Imposible aparcar. Pero imposible imposible. Ni en los aparcamientos. Desesperación máxima. Tx diciéndome que podía ser porque jugaba El Athletic de Segunda contra el Mirandés (partido de alto riesgo y gran afición). El caso es que después de mil vueltas conseguimos un parking que no estaba completo. ¿Y qué pasó cuando salimos? Bien, lo adivinaste. Dios nos seguía queriendo mucho. Chaparrón pero de los fuertes, de los de dejar las calles vacías.  Nos metimos en la Alhóndiga para guarecernos y allí cenamos en La Florinda, que no estuvo mal. Carito para lo que es, pero si no te pasas pidiendo extras se puede considerar aceptable.



Paseo hasta el casco para desentumecer piernas y tomar un café en el Lamiak, que me sonaba de ambiente de toda la vida. Importante presencia bollo, un par de mesas de gays "de nuestra edad" (o sea, mayoras) y... todo el mundo con el abrigo o chaquetón puesto porque tienen las puertas del local abiertas de par en par y entra relente de la calle. Aquí ya tanto el Tx como yo pusimos cara de cabreo, de "mira, nos encantan vuestras tradiciones ancestrales, pero esto no es normal" y nos despedimos. ¡A dormir! Que lo del ambiente de Bilbao ya me lo conozco yo de otras ocasiones y se basa en cinco reglas sagradas:

1. Los bilbaínos salen en cuadrilla. Eso quiere decir en grupos de múltiplos de 17 personas, aproximadamente.

2. Cada local tiene "su hora". Con lo cual si a las doce hay que ir a tal sitio, ese sitio, que antes estaba vacío, se pone petao en un segundo (imagínate 17x3, un cole). Y al igual que se llena, se vacía.

3. En los bares NO SE BAILA, ni se mueve uno un milímetro de su posición.. La razón no la sé, pero es absolutamente cierto.

4. Nadie sabe dónde hay que ir o qué sitios están bien. Si le preguntas a alguien dirá que no conoce los sitios o si los conoce que no va.

y 5. Los euskomarikas son, por lo general, callados y poco accesibles, llegando incluso al borderío. No es que vayan de reinas, pero retiran la mirada al momento con gesto algo hosco. Que nadie se me ofenda, pero es la impresión que dejan.



Y básicamente ése fue nuestro euskofinde.
El domingo estuvimos de nuevo ejerciendo de encantadores osabas y ya tiramos para Madrid. Durante el camino sólo nos llovió en las inmediaciones de Burgos, pero a lo bestia, de poner los limpias a todo trapo y reducir a 80 en la autovía, para que tuviéramos en cuenta que Dios no se había olvidado de nosotros. 

Y una última cosa: soy reacio a parar a comer en las áreas de servicio de las autopistas por los sablazos que te meten (en la ida la primera que hay en la AP1 recién dejado Burgos es un ladronicio escandaloso), pero a la vuelta nos recomendaron una zona pasado Aranda y acabamos en un mesón con una decoración espantosa (de ésas de quiero poner cosas tradicionales pero las adorno con detalles "modernos", véase la foto de la lámpara de forja fusión de estilos parador nacional vs Sissi emperatriz).




Pues resultó que tenía unas raciones muy buenas, muy abundantes y a precio más que aceptable, comimos los tres muy bien. Así que ya sabes, es el restaurante asador Como En Casa y está en Milagros, en el kilómetro 146 de la A1.

Y ya está. Hoy ha tocado entrada costumbrista y de viajes en el blog, ¿no?




Aventuras en Instagram


Es curioso lo que me ha ocurrido últimamente en la red social más perversa que existe: Instagram.

Pero Mocho, me dirás, que ya tienes una edad, ¿qué haces exponiendo tus gordicies en bobadas tipo Instagram? Hija mía, yo siempre he sido una víctima de las redes sociales, desde el Irc hasta Miitomo, y creo que lo seré siempre.



Instagram no es una red para follar. Es una red para gente que cree que puede follar. Punto. Tú te haces seguidor del tío más buenorro del mundo, le alabas cada una de sus fotos (al igual que hacen otros miles de personas) y quizás alguna vez te pongas pesadísimo y tu objeto de adoración diga que "le gusta" una de tus fotos de comida, pies en la arena o paisajes de puesta de sol.

Afortunadamente ya hemos pasado la etapa de los filtros, en los que cualquiera sacaba la foto más mierdera del mundo, le colocaba un filtro vintage y se creía fotógrafo profesional. Qué dolor. No, ahora no. Ahora las sugerencias de las fotos y usuarios que te propone Instagram para seguir son tíos buenos. Al menos en mi caso.



Yo empecé poniendo mi cuenta como pública, pero al poco pensé que qué coño le importaba al resto del mundo dónde estaba o lo que había hecho, aparte de que el Tx se cabrea mucho cuando pongo cosas personales, así que la clausuré y dejé sólo para mis amigos. Luego hice una criba de gente a la que seguir. Sí, es doloroso, pero una vez superada la etapa de fascinación por buenorrismos (y eso que yo no uso Instagram como vía para ligar, lo juro jurito juro), por muy amigo mío que seas si tus fotos se limitan a paisajes, flores y cócteles, seguirte en Instagram es un pérdida de tiempo y de datos. Y de doloroso nada.

Esto me generó enemistades instagrámicas repentinas, porque hay quien controla quién le sigue y quién deja de seguirlo. E incluso hay aplicaciones que te avisan de quién lo hace (lo sé porque durante un tiempo usé una). Reduje a un tercio aproximadamente las personas a las que seguir, e inmediatamente sufrí una bajada repentina de seguidores. Serán rencorosaaaas. Me recordó a la época de oro de los blogs, hace casi una década, de los que dejaban de enlazarte si tú no los enlazabas a ellos. Chiquilladas.



El seguir a alguien es porque quieres hacerlo y te interesa (o aspiras a tirártelo), pero no se hace por obligación porque el otro te siga. Desde que eliminé la app que se chivaba de quién te había dejado de seguir soy mucho más feliz instagramáticamente hablando. De vez en cuando miro mis seguidores, que oscilan sobre los 350, unas veces más, otras menos. Yo por lo general cuando alguien pide seguirme lo admito, pero eso no quiere decir que lo vaya a seguir yo a él.

A lo que voy, que en estos últimos tiempos me han ocurrido tres anécdotas referidas a Instagram muy curiosas y que voy a relatar aquí.



1. El iluminado.
Amigo de amigo que me pide segumiento en Instagram y, en mensaje privado, me dice que tiene una especie de club de fans, que yo lo siga a él y le ponga corazoncitos en todas sus fotos.

Le pido seguimiento y... ¡oh Dios mío! (y nunca mejor dicho). Toda su colección de fotos consistía en "fotos suyas semidesnudo" (lo habitual, vamos) alternadas con imaginería religiosa con mensajes tipo "Jesús te ama". Muy, muy perturbador. Pero curioso.




2. La estrellita 2.0.
A éste lo empecé a seguir porque estaba como un tren y porque era amigo (en persona) de un amigo (real, no virtual). Sus fotos son todo un muestrario de ejercicios gimnásticos: yo haciendo pesas, yo reposando después de las pesas, yo a punto de irme a la ducha después de hacer pesas, yo pensando en qué pesas coger... Un poco "pesado", sí. Que tenía como 20.000 seguidores (has leído bien). 

Después de in tiempo siguiéndolo me aburro y le doy a "dejar de seguir". ¡¡¡¡Aaaaaahhhh!!!! Pecado mortal. ¡Cómo oso yo, una marica fea, gorda y mayora, dejarlo de seguir a él, guapo, joven y musculoso! A los tres días aprox empecé a recibir likes suyos a TODAS mis fotos. A razón de cinco o seis cada tanda, para que me diera cuenta de que él se había enterado que yo lo había dejado de seguir. De verdad, me entró la risa.



y 3. La resentida.
Vamos a ver, si yo pongo una foto mía con amigos saliendo de marcha por la noche NO es para decir "mira cuánto salgo" o "cómo me divierto". Primero, porque salir, salir, salgo poco. Segundo, porque no tengo que demostrar nada a nadie. Y tercero, porque si pongo a alguien es porque me cae bien y para celebrar su amistad, no para restregrársela a terceros.

El caso es que tengo un seguidor que sólo pone comentarios cuando ve una de esas fotos mías. Y todos son en plan "qué bien os lo pasáis" o "a ver cuándo quedamos". Veamos, conozco en persona a este tipo. Es un conocido, no un amigo. Mantenemos una relación ligerísima a través de redes sociales, y ni cuento con él para salir de marcha ni, estoy seguro, él conmigo. Pero le debe dar una rabia tremenda verme con la cara colorada por el alcoholazo abrazado a algún chulángano random en fotos, porque vamos, es que no hay una foto de alterne nocturno en la que no me suelte el mensajito. Y ya la última fue un mensaje privado "has estado por mi ciudad y no me has llamado". "Lo sé, contesté, tuve varios compromisos". ¿Y qué me responde? "Sin embargo bien que te lo pasaste con los Fulanítez" (con quienes aparecía en una foto de exaltación etílica de la amistad en días anteriores).




Aghhhhhh. Ignoro si ese chico tendría alguna animadversión explícita por los Fulanítez o si simplemente se enrabietó. Pero vamos, que di la callada por respuesta y he optado por no darle bola nunca más. Y no lo borro de amigo porque afectaría a terceros que me importan, que si no... Curiosamente, el comentario coincidió con un whatsapp de otro "conocido", que directamente me soltó "puta, viniste aquí y no avisaste", y al que respondí "tú tampoco lo haces cuando pasas por Madrid", para después descojonarnos mutuamente y ponernos a la última en chascarrillos sobre nuestras vidas. Así, sí, ¿ves?

¿Y tú? ¿Has tenido alguna experiencia parasocial en Instagram?



Todo este texto es la excusa perfecta para poner chulánganos en el blog, que hace mucho que no lo hacía.


Miitomo, la última bobá

  
¿Cuál es la última bobá que se le ha ocurrido a Nintendo para hacernos perder el tiempo en los móviles? Miitomo.

Coge una coctelera y mete:
- un smartphone
- un recortable de muñequitas con vestiditos
- una red social de onceañeras
- una máquina tragaperras

Y ya tienes Miitomo.


En Miitomo te tienes que fabricar un Mii, que era el personaje virtual con el que participabas en los juegos de la Wii (la consola que ellos mismos se cargaron) y luego tienes que hacer amiguitos escogidos entre Facebook y Twitter. 

Cada amigo te visita (o vas tú a visitarlo a él) y os hacéis preguntas tontorronas del tipo: ¿qué comida te gusta más? ¿qué te daba miedo de pequeño? o ¿qué has hecho este finde pasado?


Según lo que contestes, lo que oigas y los corazones (likes) que recibas, te dan moneditas, con las que puedes comprarte ropita en la tienda, modificar tu aspecto y sacarte fotos.

O sea, una mariconada para niñas.

 
La verdad es que en lo único en lo que se le puede sacar algo de chicha es en hacer comentarios a las respuestas de tus amigos, porque si no es de un infantilismo alarmante y a los pocos días estás hasta las narices de secretitos de la señorita pepis. 


Yo, personalmente, me entretengo diciendo burradas y cambiando los fondos de mis fotos para animar un poco el cotarro, pero vamos, le auguro una vida limitada. Que uno ya no se sorprende cuando ve aparecer a un amigo disfrazado de marica leatherona de cine porno de los 70.


Además, cada vez que abres la app se tira casi un minuto cargando (vamos, que de ágil tiene poco).

Ignoro si Miitomo es parte de alguna idea de Nintendo de crear una red social o relanzar alguna consola. Ya lo he dicho: la Wii era una consola fantástica con un mando que te permitía libertad de movimientos y se la cargaron ellos mismos permitiendo que se vendieran juegos de calidad pésima, no haciéndola en alta definición, abandonando el lanzamiento de nuevos juegos y sacando la WiiU, que fue un desastre.

 

No sé si estarán preparando alguna nueva generación. De momento sacan esta app y, mira, dudo que los usuarios se gasten el dinero en hacer que su muñequito virtual se cambie de ropita cada día, algún plan tendrán bajo la manga.


Yo, de momento, sigo soltando respuestas del tipo "mi palabra favorita que empieza con O es ONANISTA".

MiiTomo está disponible en Android e iOS y no, no me pagan por hacer publicidad.

Lo que me estoy pensando es si jubilar mi clásico icono de Mocho de los Mighty World y sustituirlo por mi Mii. ¿Qué te parece? 

Ha muerto Shangay Lily

 
Ayer lunes falleció a los 53 años Enrique, aka Shangay Lily, pionero del dragqueenismo en este país, impulsor de la visibilidad gay en Madrid, fundador del primer fanzine mari, partícipe importante del cambio del modelo de los locales de ambiente de la capital y, posteriormente, escritor y activista LGTBQRTQTR.

La primera vez que oí hablar de de Shangay Lily fue por un amigo que me contó que se había abierto un nuevo bar de ambiente que funcionaba sólo los domingos en el China Club de la calle Amor de Dios, al lado del metro Antón Martín. Y que le habían dicho que era muy divertido y que hacían concursos y juegos en los que participaban los asistentes.

Te estoy hablando de la primera mitad de los 90, cuando el panorama de bares de ambiente que había en Madrid estaba pasando del puro terror y sordidez a sitios abiertos, ¡con luz! y dirigidos a una clientela más acorde con la época.

Cuando fuimos al China Club (el antiguo la Luna, para quien sea ya de la post-movida) no nos lo creíamos: un personaje extraño (ni era drag ni travesti ni transformista... ¿qué era?) había pintado en tiza en el suelo una especie de tablero gigante del "Gran Juego De La Loca". Buscaba la participación del público, casi todo bastante pijo y jovencito, que huía despavorido cada vez que se acercaba. De las pruebas que tenía que pasar el osado "concursante" sólo recuerdo una que consistía en recoger calcetines de los asistentes para llevarse un premio (que probablemente fuera una copa). La música era petarda a más no poder, los grandes éxitos bailables que te avergonzarías de ponerle a tus amigos. Toeo el mundo se lo pasaba en grande. Y eso un domingo por la noche. El Shangay Tea Dance acababa de nacer.

El boca a boca hizo el resto y la fiesta dominical fue pasando de sala en sala. Recuerdo Baños, en la calle Escalinata, donde se consolidó. Allí hubo actuaciones, imitaciones, bingos, el juego de los mensajes (cada uno llevábamos un numerito e íbamos a recoger los mensajes que otros malévolamente nos mandaban) y un aire acondicionado que nunca llegó a funcionar bien y hacía que nos achicharráramos.

El Shangay Tea Dance también pasó por Tímpano, en Serrano Jover, por Bocaccio en Marqués de la Ensenada, o por Stella , en Arlabán. La diversión y la chochi music nos acompañó durante semanas.

Al mismo tiempo que el Shangay Tea Dance surgió el Shangay Express, el primer fanzine maricón del país, que comenzó siendo una hoja en blanco y negro fotocopiada a un periódico y posteriormente dos revistas a todo color: la de tendencias y la guía gay a nivel nacional.

Además, Shangay Lily hacía actuaciones de teatro/cabaret en algunas salas, sola a veces, o acompañada de la simpar Betty Brown (Ángel Ruiz). Fue en este país la pionera del concepto de Drag Queen como personaje comprometido con el movimiento activista y alejado del "señor que se viste de mujer" que hasta entonces habíamos visto.

En la época Stella surgieron las diferencias con sus socios (se quedó al margen del tea Dance y de la revista, pese a que llevaban su nombre como sello) y, después de intentar repetir la fórmula en otro par de locales (lo que es ahora la sauna Center y la sala Marco Aldany), Shangay Lily se apartó del mundo de la noche y se centró en su activismo, a ser personaje mediático (colaboraba en la tele) y a escribir.

Y, todo hay que decirlo, se le fue mucho la olla. Porque casi todos sus escritos en su blog del diario Público destilan un odio feroz y unos ataques furibundos a quien no comulgara con sus ideas. Es curioso que quien participara de negocios gays se posicionara de una forma tan agresiva contra el mercantilismo del ambiente, los gaympresarios, la organización del orgullo gay... se convirtió en adalid del anticapitalismo más radical. Imagino que escarmentada de sus poco agradables experiencias. El caso es que, aunque en mi opinión tuviera razón en algunas cosas, su visceralidad y vehemencia, su estar permanentemente enfadada e indignada contra todo el mundo, me tiraban mucho para atrás.

Te me quejarás de que casi sólo he hablado de la parte "festera" de Shangay pero chica, ya sabes lo que es este blog, su insustancialidad, su estar basado en experiencias personales, su frivolidad. Qué le voy a hacer.

No obstante, he de reconocer su papel esencial en la visibilidad gay, fundamental para los avances en obtención de derechos en este país.

Shangay Tea Dance pasó a Pasapoga, a Flamingo... y creo que allí ya desapareció.
Las revistas Shangay se siguen publicando.

Y si quieres más chicha, mírate la Wikipedia, el Pronto o esta bonita anécdota a modo de posdata: en la fiesta de presentación de la película Priscilla, en el Shangay Tea Dance de Stella, conocí a un muchachito así muy poquita cosa que se me quedó mirando sonriendo. Esa noche acabamos en su casa y cuando iba a pasar lo que tenía que pasar dije: ¡NO! Qué barbaridad, ¡QUÉ COSA MÁS ENORME!

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