Madroños


Amiga, está terminando noviembre y los madroños están maduros y listos para ser recogidos. Y hay que hacerlo entre este fin de semana y el que viene, que están ya que se deshacen.


¿Y qué haces con los madroños?
Pues comértelos, no te jode.
O hacer licor de madroños.
Las niñas de mi cole hacían tartas con los que recogían de la calle, pero eran tontas.

Licor de madroños:
Ingredientes: Orujo de caña, madroños y una botella bonita.


Se llena la botella (bonita) de madroños hasta la mitad o un poco más, aprox. Se rellena con orujo y si se quiere se echa un poco de azúcar. Tapas la botella, la metes en un sitio sin luz y te olvidas.

Y te olvidas es directamente te olvidas. Porque como tiene que estar unos meses, se va quedando al fondo del armario alto de la cocina (esos que me da la tentación de desatornillar a mi primer marido) y no te vuelves a acordar del puto licor de madroños hasta que haces limpia un año después. No es ninguna maravilla pero tiene un pase y ocurre como con los bizcochos que te salen duros: puedes decir "
al menos lo he hecho yo".

Además, queda como muy madrileño (por lo del escudo) y si tienes un madroño a mano hay que aprovechar, que da frutos cada dos años. Y esta semana llega la ola de frío, así que espabílate.


Hablando de madroñas, anoche yo estaba totalmente apalancado en el sofá, huraño, cansado, con sueño y sin ganas de nada. Pero mi tx, con buen criterio, me sacó a rastras de casa. Y te prometo que la culpa la tuvo la rusa ésa, una tal Stolisnaya, porque salimos y, al final, la de Vichy y yo acabamos desatadísimos.



Y me volví a encontrar con
Míster Corcho Blanco. Y entonces recordé que hace tiempo lo había dejado caer en este blog sin contar exactamente quién era. ¿T'en recordes, Madronita?



Grandes relatos (Batallitas de la abuela Mocho):

Pues Míster Corcho Blanco fue un ligue mío del Refugio del año catapum chimpún. Yo era medianamente joven y él un crío. Monísimo. Hablamos las tres tonterías que se dicen y me lo acabé trayendo a casa. Y entonces el niño mono se convirtió en un trozo de porespán. Sí, esa cosa blanca de granulitos.


Porque el niño no hizo NADA. No se movió un pelo. Catatónica perdida. Como un muñeco hinchable al que se le han acabado las pilas. Lo tuve que hacer yo todo. Y claro, después de un rato dale que te pego me aburrí, me di la vuelta y como vivía cerquita de casa, hala, arreando. Al despedirse me soltó un par de frases así como muy profundas acerca de la diferencia entre lo que se dice y lo que en realidad se piensa, pero no andaba yo para mandangas.



Aaaaaños después resultó ser conocido de conocido de conocidos y me contaron que iba de mediofilósofo (y si pongo muchas aes en años es porque esto pasó el siglo pasado). El caso es que cada vez que nos encontramos siempre hay como una mirada esquiva y luego cada uno a su aire. Anoche estaba poniéndose hasta arriba de todo en los váteres y nada más verme me preguntó si venía con novio. ¿Será zorra?


Sí, claro, como para llevárselo uno luego a casa y que se convierta en un embalaje de microondas, no te jode.

¿Y qué tiene que ver esto con los madroños?
BONITA, VETE A LA PUERTA DEL SOL.




Desde aquí un recuerdo a Yunzapatitos, a ver si resucita.

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