De gimnasios y gyms (i)




Como todo el mundo sabrá porque ya lo conté en su día, en octubre de 2012 mi tx y yo decidimos apuntarnos a un gimnasio. Qué novedad, me dirás, ¿cuántas veces en tu vida te has apuntado y has financiado con tus cuotas un gimnasio para luego dejar de ir a los pocos meses? Pues n veces, como bien sabes. Pero esta vez es distinto porque voy acompañado y porque está a menos de cinco minutos andando de casa, así que la excusa de que hay que coger coche y aparcar se acabó.


El caso es que llevamos ya más de tres meses yendo a nuestro gimnasio y ya va siendo hora de hacer observaciones, ¿no?


En primer lugar, decir que vamos una media de cuatro días a la semana, yo a veces alguno más porque tx trabaja un día del fin de semana. En noviembre hubo un parón de una semana provocado por una gastroenteritis de esas que me dan a mí y que me dejan hecho un asquito y en diciembre los habituales por el puente, las fiestas, etc.


Por supuesto que vamos customizados: lamentablemente extinta la era de las cintas en la cabeza y los calentadores (lástima) toca la de las camisetas que favorecen la transpiración, las zapatillas sin cordones y el imperio Decathlon (amenazado por los portugueses de SportZone, no te creas), yo en rigurosos colores flúor y Tx en sus habituales grises y azules. Y sí, he sucumbido al chandalismo ilustrado. Y voy y vuelvo con mi chándal, mis zapatillas de macarra sin cordones y mi gorro de “esta noche no quiero follar”.

 

No hacemos gran cosa: 40 minutos de bici elíptica (sí, tenemos una en el dormitorio pero hace el papel perfecto de galán de noche) y luego nos peleamos por conseguir la máquina de abdominales. Lo siento, pero hacerlos en la banca como los cachitas de allí me cuesta muchísimo más y, aparte, entre mis graznidos y mi tonelaje ofrezco un espectáculo cuasi circense.


A Tx le gusta sentarse en una máquina que yo llamo “la cesárea”, porque hay que hacer fuerza para juntar las piernas, y si te descuidas se te abren de golpe cual pasiva viendo aparecer un chulazo.

 


Y yo, con mi complejo de tetas caídas, intento hacer algo con una máquina para hacer pectoralia.com y luego tiro de una de dorsales. Es muy gracioso cuando voy zombi, no me doy cuenta y no miro el peso que ha puesto algún cachas vacaburra, me siento, tiro del palito y lanzo un gruñido para levantar el peso un centímetro y luego soltarlo de golpe con un gritito hipermariconil. Dolorida e humillada, saco la clavijita, la vuelvo a poner en “25 lbs” y ya puedo hacer mis series.


He hecho mis pinitos en la clase de CardioBox, lo que viene a ser Body Combat sin derechos de autor, vamos. Y sí, es divertido y se suda lo que no está escrito pero, ay, un par de veces me ha dolido la rodilla, y es que hay mucha coreografía, giro y virguerías varias y, lo siento, pero a mí con mi tonelaje y edad no me apetece arriesgarme a una lesión, que ya tuve distensiones en la rodilla años ha. Es que esa es otra, que vale que nos conservemos esplendorosamente, pero hay que reconocerlo: estamos en la franja alta de edad de la gente que va a nuestro gimnasio. 



Me han dicho que me pase por las clases de Ciclo (nada de ciclarse, se refiere a lo que en los gimnasios que pagan derechos llaman Spinning). Hombre, yo creo que aguantaría los 45 minutos (ya hago 40 en la elíptica y no acabo muerto) pero también me da miedo lo de forzar articulaciones, que veo que no paran de levantarse y sentarse.

Eso sí, dentro de nada empezaré a experimentar con otras maquinitas tipo bíceps (más que nada para variar).



¿Y los resultados?


Cuantitativamente hablando, la cosa no es para tirar cohetes: habré bajado unos 6 kg desde que empecé. Y considerando que no hago ningún tipo de dieta, que no me privo de comer guarrerías y que durante diciembre no es que me haya pasado, pero algún exceso alcoholicocalórico sí que he cometido, no creo que esté mal, ¿no?


Pero donde sí lo noto es en el tema volumen: si miro para abajo puedo verme la polla sin dislocarme el cuello para asomarme y vuelvo a entrar con comodidad (y hasta con holgura) en pantalones talla 44. ¡Tachannnn! Eso para las maricas anoréxicas, huesilocas y mis amigos significa que sigo estando hecho una foca, pero para mí es una proeza. 


Táctilmente, Tx dice que tengo menos chichas de donde agarrar y, lo que es peor, ¡¡¡que he perdido culillos!!!


Nos hicimos una sesión fotográfica para comprobarlo y es cierto ¡Qué horror! ¡Qué culillos más feos tengo ahora! Estarán más duros, sí, pero han perdido su orondez natural. ¡Quin espant! Tendría que remediarlo pero, señores, seamos razonables: lo primero es seguir perdiendo barrigón y después va la operación MissTetasCaídas 2013.



¿Y de espíritu?
Pues bien también, aunque cualquiera lo diría viéndonos salir el sábado a mediodía machacaos, muertos de hambre y con pintas de ir a atracar una gasolinera. Y es verdad, se encuentra uno mucho más a gusto. Ahora… lo que me viene a la cabeza: si ahora voy más de la mitad de los días a la semana al gimnasio y entre que voy, me visto, hago mis monerías, me desvisto, me ducho, veo a los chulánganos, vuelvo a vestirme y me vuelvo a casa se me van más de dos horas… ¿qué hacía yo en ese tiempo antes?


Pues perderlo en internet bajándome porno y dedicarlo al blog, ¡evidente!



Y en esto estamos, querida MariaDelCarmen, que ya me he enrollado yo demasiado. Ahora toca hablar de la fauna que puebla nuestro gym (huy, he dicho gym, como los horteras o las maricultas que dicen que lo llaman así por abreviar el original griego). Pero eso ya será en otra entrada de este blog.




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