Razones para no apuntarse a un gimnasio

 
  
Mitchell Shepherd escribió hace unos meses una guía con una serie de razones por las cuales no debes apuntarte a un gimnasio. Repasemos algunas:

1. Cuesta dinero
Si tu problema es "sentirte mejor", córtate el pelo, cambia de estilismo, hazte unas nails o, directamente, contrata un servicio de prostitución profesional.


2. Enfermedades
Los hongos y las bacterias adoran los gimnasios. Ropa sucia, suelos de las duchas, regañetas sudadas... vamos, que te lo pasarías mejor entrando en cualquier labo y lamiendo directamente las placas Petri.


3. Salud mental
Siempre va a haber alguien más cachas, más delgado, más fibrado o con un chandal más estiloso y con más brillos que tú, así que la mejor manera de no deprimirte es evitar a esa gente.


4. Los monitores
O coaches, como dicen en La Voz (couches, couches). ¿No te parece que están un poco idos de la olla? ¿O que si son tíos sólo atienden a las tías? ¿O lo que disfrutan haciéndote sufrir en las clases de spinning?


5. Esteroides
No seas ignorante. Más tráfico de estupefacientes que en cualquier discoteca de ambiente.


6. Los ligues.
Desengáñate. Si alguien intenta ligar contigo seguro que es un pervertido mirón o la mosquita muerta que luego resulta tener una mazmorra sadomaso en el sótano de su casa.


7. Los vestuarios.
A no ser que seas gay o lesbiana, poco tiene de interés ver tetas colgantes y escrotos arrastrados. Ah, pero es que ¡éste es un blog de temática gay! Nada, nada, no digo nada.


8. ¡El spa!
Esto es lo que más miedo da. Ves los hombros de los demás, que denotan que sus manos se están moviendo, pero como están debajo de las burbujas sólo puedes intuir las marranadas que están haciendo. Disgusting.


9. Ver a la gente posando en el espejo
Se supone que se miran para mejorar su técnica, pero luego lo que hacen es sacarse una foto con el ipod para luego recortarla y ponerla de perfil en el Grindr diciendo que sólo buscan "tíos de gym". ¿Vas a acabar como uno de ellos?


y 10. Porque una rutina básica de gimnasia la puedes hacer en tu casa.
Y no me refiero a estiramientos retorciendo el mocho en el cubo o mancuernas con la plancha. Y es gratis, limpio, no estresa, no hay frikis, no tienes que ver minipollas arrugadas ni prolapsos colgantes, ni a adonis posando.

Pues bien, todas estas razones NOS LAS HEMOS PASADO POR EL FORRO DE LOS COJONES, porque, señoras y señores, desde hace unos días, TX y yo nos hemos apuntado a un gimnasio.


¿Y por qué?

1. Si es caro. No, no es caro. Son 19,90 +IVA al mes.
2. Si pillas hongos. No menos que en cualquier barucho de ambiente. Además, llevo chancletas para la ducha (y no, no me pienso gastar 40 € en mi vida por unas zapatillas de dedo por mucho que se llamen Havaianas).
3. ¿Y tu salud mental? ¿Tú sabes la envidia de camiseta que llevaba yo ayer y cómo se me quedó mirando un tipo mientras disimulaba mi terrible dolor al hacer abdominales? Pero yo divina, oiga.
4. ¿Y los monitores? Se llama Boris, es majísimo y nada más ver nuestro tonelaje lo tuvo claro, señaló a la zona de cardio y dijo: "vuestro sitio está ahí".
5. Esteroides. No me drogo.
6. Los ligues. Voy con TX, que con su mirada seria fulmina a cualquier posible admirador.
7. Los vestuarios. Mira, yo me quito las gafas y no veo nada de nada, o sea, borrones y manchas de colores. Así que en los horrendos ni me fijo y cuando hay que mirar, me pongo las gafas. Coño que soy maricón. De todas formas alucino mucho más con las conversaciones que allí se tienen que con los cuerpos.
8. El spa. No tiene.
9. La gente posando. Me queda mucho, pero que mucho mucho, para llegar a la zona del espejo y sacarme una foto no ya para el Grindr, sino para el u4bear. Tranquilidad en ese sentido.
10. Ejercicio en casa. Sí, por eso la bici elíptica que tenemos es un perchero ideal.


Nos han abierto un gimnasio en el polígono y nos hemos apuntado, coño.

Los resultados, próximamente, en este su blog.
Y he aguantado como un jabato la clase de CardioBox (lo que se viene llamando Body Combat pero sin pagar derechos de autor) de 45 minutos pegando puñetazos y patadas al aire. Y superando en unos 15 años la media de edad de todos los asistentes. Pamorirse.

Dentro de nada ya podré dar los buenos días en twitter como un buen vanessito.


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