La Xenon

 

Anoche tomando unos vinos no sé cómo salió en la conversación la discoteca Xenon de Callao.

Y entonces me puse en plan Abuela Mocho Batallitas y empecé a soltar lo maravillosos que fueron aquellos años y lo bien que nos lo pasábamos, y no porque yo tuviera 20 años menos, que también, sino por aquella fantástica época de mediados de los 90 en los que el ambiente gay madrileño pegó el gran cambio.



Sí, muy "Las Chicas de Oro", que será una serie que nunca me llamó la atención, pero cuando por aquellas fechas nos reuníamos en Valencia a tomar tarta de queso por la noche en casa del Peritoni (el piki aún no existía) , él era Dorothy, la marchi era Rose, N era Blanche y a mí, por bocazas, batallitas y escatológico me tocaba ser Sophia.


Eran otros tiempos cuando el doctor conseguía todo a su justo valor

Siempre lo digo y siempre lo diré: ya nos han aburrido con libros, vídeos, documentales, discos y exposiciones de la movida y los 80, que los tienen ya más trillados que qué se yo. ¿Es que no hay ningún periodisto o cronisto que nos vaya a contar esa explosión que ocurrió alrededor de 1993-1994 y sue supuso un cambio radical en la noche madrileña? Y no, egoAbel Arana no nos vale porque al final sólo habla de él.


Míralo desde la perspectiva de un chico postadolescente que ha tenido que luchar con los miedos, el armario, la sociedad, la familia, las convenciones y todos esos dramas de mariquita torturada que tan bien se les da retratar en las películas y series españolas. Y que decide explorar "el ambiente". ¿Y qué era lo que había?: ¡El horror! Casi todos eran sitios lúgubres, con gente espantosa y una atmósfera hipersórdida. La perfecta definición de ghetto. Vamos, para soltar eso de "¡Me vuelvo al armario!" Se salvaban los cafés, el Rick's, el Luquitas y el Ras, y casi ni eso. Me río yo de las mariescrupulosas que hoy en día dicen que no van a Chueca ni al Orgullo porque eso es un ghetto. ¡Gilipollas! Tú no sabes de qué hablas, bonita.



Afortunadamente empezaron a surgir sitios "mixtos" tipo el Stella, Terminal o el Hanoi donde se concentraba el mariconerío que no quería meterse en esos tugurios, mezclado con el modernerío. Pero los sitios que realmente dieron el pistoletazo de salida para el cambio fueron el Bar de Copas de la Plaza del Rey y el Montera 33.


 ¿Tú sabes lo que era llegar a un sitio con luz, con música actual y con un ambiente joven? El paraíso. Directamente. Luego ya llegarían el Shangay, el café XXX (¡¡¡el primero con ventanales a la calle!!!), la terraza de Regine's (dos veranos GLORIOSOS), el cuchitril del WhyNot... pero los pioneros pioneros, el Bar de Copas y el Montera.

Y en el terreno discoteca, ¿qué había?: El Ales con sus mil cuartos oscuros. Y nada más, ¿no? Bueno, la Griffin's. ¿O es que ya me se me olvidan las cosas? Hasta que surgió "la Xenon".


La Xenon era la sala de fiestas que había debajo del cine Callao. Lo que ahora viene siendo la sala 2 del cine, aprox. Era una boite de las de toda la vida, de espectáculos de vedettes o de humoristas, con una imagen gigante de la vedette de turno en la fachada. Pero no te hablo de la Cantudo o la Duval, no, sino las Addy Ventura, Jenny Llada, Lydia Zuazo y similares. La discoteca digna heredera de los tiempos de las publi releishons y el descorche. El sitio ideal para terminar una reunión de negocios de empresarios de traje de tergal y hombreras llenas de caspa que llaman chatis a las mujeres. Y, sobre todo, donde terminaban todos los familiares del pueblo que habían venido a la boda en la capital.


Pero llegó el año 92, ya sabes, la Expo, las Olimpiadas, La "qué-risa-tía-Felisa" capitalidad cultural europea de Madrid... y Xenon cambió. Creo que de la mano de Pedro Serrano, pero no me hagas mucho caso, que se encarguen los periodistas de investigación de ello.

Con un meritorio trabajo de relaciones públicas y un boca-oreja que corrió como la espuma, Xenon se convirtió en "LA" discoteca gay. Una disco grande, con gente joven, con música bailonga pero no hortera y SIN CUARTO OSCURO. ¡Y no ponían lentas ni sevillanas al final de la sesión para echarte! Nos peleábamos por encontrar a los RRPP que repartían invitaciones por Chueca (sí, fueron pioneros de los flyers en Madrid) y montábamos unas colas de órdago a las tres menos cuarto porque la entrada gratis era hasta las tres. A las tres y un minuto empezaban a cobrar y ya le podías llorar al gorila de la puerta, que nada.


Los primeros tiempos de la Xenon eran divertidísimos, sobre todo porque se mezclaban los públicos y se provocaban escenas la mar de jocosas. Y no miento, que no lo digo por experiencia sino porque a mí me pasó: mi hermana se casó a finales de 1992 y una buena panda de primos acabaron allí la boda. Yo, prudente, opté por irme con el sector pijo hasta Pachá, donde fíjate tú que estaba Marta Sánchez cuando salía con el batería de Spandau Ballet. Demencial.



Bueno, pues en Xenon hemos bebido, bailado, he visto a toda la pista bailar el Saturday Night de Whigfield (que sí, es de Primero de Marica), he celebrado hasta un cumpleaños y bueno, nos hemos divertido mucho. E incluso... ¿no fue allí donde empezaron sus actuaciones las Nancys Rubias?


Por supuesto que nuestro querido Ayuntamiento de Madrid se empeñó (y se sigue empeñando) durante años en multar, cerrar y clausurar todo lo que podía. Y si era local de mariconeo, más. No quiero ser victimista o mariberrinches pero... no se si te habrás dado cuenta, cada vez que el Ayuntamiento anuncia una campaña antidroga, antiarmas, antiexcesodeaforo o anti lo que sea donde primero se presentan los municipales es en Chueca y al día siguiente en el ABC sale un titular del tipo "dos detenidos, requisadas tres armas y un porro en un bar del distrito centro en la primera noche de la Operación Cantarillo Abstracto".


Con los años, se trasladó a la disco Consulado, en Atocha, bajo el nombre "Angels of Xenon". Si Xenon era boite rancia, Consulado era recogedero de horteras de extrarradio que venían a ligar chonis a la capital. Verídico. No sé ya lo que duraría en Atocha porque me eché marido y dejé de salir tanto, pero bueno, el edificio lo reformaron completamente y ahora me es imposible identificar exactamente dónde estaba.


Xenon fue decayendo de manera gradual y sufrió la competencia de la emergente Refugio, donde se iba su público más canalla, o de las Ohm y similares de Callao donde se iba su público más drogadicto. Aparte, se acabó la época de poder bailar en las discotecas: la música EN TODAS pasó a ser una electrónica insoportable tipo thump poinch thump bajo la excusa del prestigioso dj que la pinchaba, cuando todos sabemos que es la estrategia para que la gente no hable ni se divierta, y se dedique a consumir (aunque sean botellines de agua entre ida y venida a los baños para empastillarse o empolvarse la nariz).

 
Fue divertido mientras duró, tuvo su momento y punto, que la vida sigue (y yo tengo ahora barba, 20 años, 5 dioptrías y 10 kg más). Pero mira, todavía conservo un pin dorado con el logo de la disco. No me preguntes dónde está, pero hace poco lo vi por casa.

Y esta entrada quedaría maravillosísima de la muerte si la adornara con fotos de la época, música, vídeos y demás, pero como no me pagan por ello no pienso perder el tiempo, así que... A OTRA COSA, MARIPOSA.

Besos mua besos chuic al que haya conseguido leer hasta aquí. Se admiten los comentarios de maricas añosas y otras viejas nostálgicas.


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