Ponte la máscara



Tal como iba diciendo, desde hace cinco meses duermo con una máscara.

El tema de mis ronquidos no cesaba e iba a peor. El pobre tx duerme con tapones y tapándose los oídos con los dedos cuando está conmigo. Y no era sólo el ruido sino también el quedarme sin respiración durante el sueño (apnea del sueño, vamos). Y antes que sólo venía un día del fin de semana a dormir a casa, pues vale, pero desde que empezamos a vivir juntos la cosa se puso insoportable.

El punto de inflexión fue un día en casa de la incomparable y nunca suficientemente valorada Miss Paris Morgan. Habíamos terminado de cenar y estaba ella haciendo monerías imitando a las azafatas de El Precio Justo mientras nosotros estábamos venga de reír venga de reír. Y en pleno ataque de risa me quedé sin respiración y me desmayé allí mismo, provocando una escenita de pánico digna de peli romántica de Meg Ryan. Al levantar la cabeza y ver a todos horrorizados mirándome pregunté "¿Qué pasa?". Para mí fue como si me hubiera quedado dormido de golpe.


Tx ya se enfadó. Que tienes que ir al médico, que si blablabla. Y allá que me fui. Y empezó el periplo. El médico de cabecera me deriva al otorrino, que me explora y me dice que vale, que tengo el tabique desviado pero que eso no es cuestión suya, que vaya de nuevo al de medicina general, que me deriva al neurólogo.

Ver al Doctor House en la tele puede ser divertido (dos veces, porque cuando ves el tercer episodio y es un calco de los anteriores ya aburre), pero que te toque de médico un tío que va de Doctor House por la vida no es nada agradable. Empezó irónico, me hizo unas pruebas de esas de tocarme la punta de la nariz con un dedo mientras con la otra mano hacía nosequé y cuando le conté la anécdota chez Morgan se rió y me dijo que ojalá todo el mundo se muriera así, de un ataque de risa. GILIPOLLAS. Y me mandó de nuevo al de medicina general para que me enviara al neumólogo, pedí cita para el neumólogo pero en ese centro no había. Aburrido, pasé.


Pasó un tiempo y ya viviendo juntos emprendí de nuevo la odisea en otro centro médico, pero saltándome al de cabecera. Lo primero, el otorrino me manda a neurólogo para que me hagan una prueba de sueño.

La prueba de sueño consiste en pasar una noche en el hospital después de que te llenen el cuerpo de sensores y cablecitos que van a una maquinita que registra todo todo todo. Sensor en el pie, para ver si das patadas mientras duermes. En el brazo, en la barriga, en el pecho, en el dedo índice, en la ceja, en el pómulo, en la barbilla, en el bigote y un montón de ellos en la cabezota. Luego todos los cables los recogen en una especie de cola de caballo y van a la maquinita. Se siente uno muy Avatar-Pocahontas cibernética.

Los resultados: ronquidos salvajes y apneas durante toda la noche.

Las posibles soluciones: Cirugía, que puede aliviar un poco pero no va a solucionar el tema, una máscara y perder peso.


La cuestión es morfológica: al dormir los músculos de la boca se relajan y la lengua se va hacia atrás. Dependiendo de la forma de tu boca y del punto de nacimiento de la lengua, al irse para atrás obstruye las vías respiratorias. Si uno está gordo, pues toda la papada se te echa encima y se tapona todo más. La obstrucción hace que entre menos oxígeno a la sangre, lo que provoca hipertensión y a la larga un montón de enfermedades cardiovasculares. Un asco, vamos.

Me dijo el médico que eso había que tratarlo sí o sí y me pusieron una maquinita CPAP para dormir. La máquina tiene el tamaño como de una caja de zapatos y lanza aire a presión por un tubo. El tubo termina en una máscara que me ajusto a la cabeza con unas tiritas de velcro. Tiene también un depósito de agua para evitar las irritaciones de boca y faringe. Mi aspecto es de Madelman submarinista con rollo Darth Vader en la fiesta IntoTheTank del O'Darko.

No es una máscara de oxígeno, lo que echa es aire a presión que mantiene las vías respiratorias abiertas para así poder respirar mientras duermo. Para que te hagas una idea, es como ir en un coche circulando a 120 km/hora sin parabrisas. La sensación es rarísima. Y la primera vez que te pones la máscara te ahogas porque no estás acostumbrado a respirar así. De hecho, si intentas tomar aire por la boca es imposible. Es muy angustioso.


Me dijeron que el primer día aguantaría unos 20 minutos con ella puesta y así progresivamente hasta que llegara a las cuatro horas mínimas que son necesarias para que sea efectiva. Pues bien, la primera noche aguanté esas cuatro horas, al día siguiente seis y ya desde ahí toda la noche. El problema es cuando te despiertas en mitad de la noche (no sé, un ruido, un roce, un pollazo). Entonces ya sí que soy incapaz de volverme a dormir con la puta máscara.

Por cierto que por las mañanas tengo unas bonitas marcas en los mofletes y la frente de las tiras que la sujetan y que tardan más de una hora en quitárseme. Así que a primera hora doy la imagen de que se me han pegado las sábanas.


Y si quiero dejar de usar la maquinita ya sé lo que tengo que hacer: bajar peso. Ya llevo bajados unos 12 kilos y se nota: cuando duermo sin la CPAP casi no ronco o ronco muy poquito. Dentro de un mes probablemente me harán otra prueba a ver cómo me va.

Y ya estaba yo haciéndome compadecer por mis penas de salud cuando va el tx y le da por caerse y romperse la pierna, robándome todo el protagonismo, ¡vidioso!

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