La Sixta y sus parroquianos.

El viernes noche después de una agradable fiestecilla en la que, cual Melanie Griffith en sus mejores tiempos, me pasé un poquito con el JB (porque iba de Rodríguez, sin el tx), acabamos en La Sixta, un bar de la calle Calatrava de Madrid que está un poco más arriba del Typical Spanish, en la acera de enfrente. Se podría definir como bar de ambiente de parroquianos off Chueca. De parroquianos, porque muchos de los que allí se juntan se conocen, y casi todos conocen y hablan con el dueño del local, Manolo, amable y simpático, y estrella indiscutible de las fiestas de la Paloma, cuando el barrio se pone rebullente.
De forma alargada, no tan pequeño como a primera vista parece y con algún elemento kitsch que otro en la decoración, es el bar gay que cada barrio debería tener para tomar una copa tranquilamente sin tener que meterse en el bullicio de Chuecaland. Lástima que a mí me pille en el otro extremo de Madrid.
Ambiente mixto muy relajado y música variada tendente a la petardez (hoy mismo me han dicho que tenían de banda sonora mis Restos de Temporada) El suelo, como tradicionar spanish bar, lleno de cáscaras de pipas.

Para los que viven por la zona, centro de reunión. Para los que nos pilla lejos, un sitio curioso y oye, que ponen los cubatas en vaso de desayuno, que cabe toda la cocacola y así el primer trago no te sabe a rayos ni hay que ir rellenando el vaso a medida que vas dando sorbitos.

Por cierto, comprobado. El exceso de JB provoca hiperpasivitis aguda.

La canción, un MEGAHIT de 1981 que pusieron el otro día y del que sólo yo recordaba título y grupo. ¿Te acuerdas tú, petarda?

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