Osabas mojados

 
God hates fags.
Dios odia a los maricones.

Y nos lo ha demostrado este finde pasado.
Porque teniendo en cuenta que Dios es el único y último responsable de los fenómenos meteorológicos de este planeta (que para algo lo creó, no te quejes), o los angelitos del cielo tenían cistitis e incontinencia grave o nos castigó a nosotros, irreverentes sodomitas, por presentarnos como unidad familiar ante un tierno infante.

Y es que el viernes agarramos los baúles, las boas, los pelucones, la suegra y la CPAP y nos fuimos de tournée por provincias para conocer a nuestro nuevo sobrino. Que mira que nos gusta a nosotros eso de un viaje por la piel de toro y visitar otras regiones de España alejadas de la capital.



El destino eran las provincias vascongadas (Vasconia como dicen en La Razón, que suena muy a Astérix). Cuando empezamos a ver palabras escritas con letras con tejaditos y a no entender lo que ponían en las señales de tráfico redactadas en algún ancestral dialecto, me dije: ya estamos cerca. Y, en efecto, cuatro curvas y siete mil radares después, llegamos sin problema a la capital vizcaína a ver al recién nacido quien, por supuesto, tiene un nombre lleno de consonantes juntas para que su abuela sea incapaz de pronunciarlo.

Nosotros íbamos con la intención de regalarle una camiseta de rayas horizontales, un pantalón pitillo, un corte de pelo de flequillo bildustyle, dos aros para la oreja y un manual de kaleborrokismo, pero el niño tiene sólo dos semanas y no era plan.

En contrapartida, nosotros pasamos a ser los "Osaba", que quiere decir tío. Y mira, después de mis múltiples sobrinos es la primera vez que me llaman tío pero en otro idioma.

Coñas y familia aparte, el viaje se puede definir en una frase:

CADA VEZ QUE SALÍAMOS DEL COCHE SE PONÍA A LLOVER

Ya sé, ya sé, en el País Vasco siempre hay chubascos, que cantaban Chico y Chica, pero es que, de verdad, en serio, joooooo, es que íbamos conduciendo y todo bien, alguna nube, algo de sol... pero era salir del coche y haaaaaala a llover.


Y mira que miré las previsiones meteorológicas.
- Tx, que Yahoo Weather dice que hay una probabilidad de lluvia del 20%
- Ah, pues no es mucho.

Pero después de lo sufrido me pregunto: ¿Qué quiere decir exactamente eso de "probabilidad del 20%"? ¿Que puede no llover pero lo mismo llueve? Qué listos, así si no llueve aciertan y si llueve también, porque ya dijeron que había un 20% de posibilidad. ¿Y entonces si ponen un 80% también aciertan? ¡Agh!

También cabe la posibilidad de que Yahoo Weather esté compinchado con Dios, sea igual de homófobo y nos quiera castigar.

Total, que aparte de la visita familiar, las visitas turísticas fueron "pasadas por agua".
Y menos mal que llevo un paraguas tamaño gigante siempre en el coche.




En nuestro viaje norteño de hace unos años se nos quedó pendiente visitar Castro Urdiales, ya que nos desaconsejaron vivamente ir en verano por la acumulación de turistas y tiendas con colchonetas en la puerta. Y, aprovechando que queda a tiro de piedra de Bilbao, nos fuimos el sábado por la mañana, oyes.

Y fue salir del aparcamiento y... flaaaaasssssss, primera manta de agua. De esas que dices no, si no molesta, no es fuerte, pero no para de llover, joder. Yo llevaba impresos los cuatro itinerarios (¡CUATRO!) turísticos que recomienda el Ayuntamiento de tan cántabra población. Dos de ellos se agrupan en uno, que no es tan grande el centro, señores, y los otros dos son "vamos a ver la playa" y "vamos a perdernos por el campo". O sea, que se queda en un paseo.




Vimos los acantilados, el conjunto monumental, el exincastillo mega-reconstruido con acensor y precioso acristalamiento, las ruinas (un arco) de una iglesia, una ermita también requeterretocada, el puente medieval (éste mola) y... el iglesión gótico.

Iglesión al que no pudimos entrar porque estaba cerrado en sábado a las once de la mañana pese a que en la página web de información decía que abría los sábados a las diez. Será que cuando llueve no suben a abrir. Pero allí en la iglesia ni letrero de apertura ni leches. Algo mosqueados (y calados) bajamos al centro, vimos la calle porticada y hala, un café y a otro lado.



En Plentzia, pequeño pueblo pesquero/playero de la costa (lógico, no va a ser de interior si es playero y pesquero) nos cayeron algunas gotas, pero se pudieron aguantar sólo con la capucha. Muy curioso su casco antiguo y mucho contraste con la zona del puerto. Arriba tabernas típicas, abajo bares de diseño con pinchos ultraelaborados. Eso sí, en ambas zonas, bastante pijerío: mechas, ropa de marca y niños bien. Como dijo una amiga: mucho peneuve aquí.



Otra visita del finde: San Juan de Gaztelugatxe. Indicación "esencial" para justificar la visita: "Allí es donde se casó Anne Igartiburu". Genial, entonces vamos. Se llega por una carretera algo complicada pero aceptable. Vaya, parece que el tiempo nos da una tregua.  Salimos del coche y le pregunto a Tx si cogemos el paraguas. Él opina que no es necesario.



Los cojones. Empezamos a avanzar por un senderito hiperinclinado cuesta abajo y... nos vuelve a caer la manta de agua encima. Esta vez además sin paraguas, a traición. Total que llegamos al mirador, hicimos las fotos pertinentes y... nos volvimos. Porque ya eran ganas seguir por el sendero escaleras abajo y arriba para acabar como una sopa. Que no, oye, que no.



Saliendo por otra carretera, para variar, quería yo llevar al Tx a ver Bermeo y Mundaka, pero sólo llegamos al mirador de Bermeo, lo de la lluvia nos quitaba todas las ganas de seguir. Al menos allí tuve una regresión temporal al ver esta isla y soltar...

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Vuelta a Bilbao. La carretera no es que sea complicada, es que tiene unas curvas que te cagas. Marino Lejarreta total, vamos. Lo habitual en estas carreteras es ir acojonado y que el coche de detrás te vaya enseñando morro, poniendo luces o pitando. Afortunadamente la tía del coche de atrás iba tanto o más cagada que yo, porque en los dos tramos rectos en los que me aparté para que me adelantara no lo hizo. Yo creo que me usaba de guía. El caso es que en ese tramo las nubes se abrieron y lució un sol esplendoroso. Tócate los cojones.



Llegamos a Bilbao. Sábado por la tarde. Imposible aparcar. Pero imposible imposible. Ni en los aparcamientos. Desesperación máxima. Tx diciéndome que podía ser porque jugaba El Athletic de Segunda contra el Mirandés (partido de alto riesgo y gran afición). El caso es que después de mil vueltas conseguimos un parking que no estaba completo. ¿Y qué pasó cuando salimos? Bien, lo adivinaste. Dios nos seguía queriendo mucho. Chaparrón pero de los fuertes, de los de dejar las calles vacías.  Nos metimos en la Alhóndiga para guarecernos y allí cenamos en La Florinda, que no estuvo mal. Carito para lo que es, pero si no te pasas pidiendo extras se puede considerar aceptable.



Paseo hasta el casco para desentumecer piernas y tomar un café en el Lamiak, que me sonaba de ambiente de toda la vida. Importante presencia bollo, un par de mesas de gays "de nuestra edad" (o sea, mayoras) y... todo el mundo con el abrigo o chaquetón puesto porque tienen las puertas del local abiertas de par en par y entra relente de la calle. Aquí ya tanto el Tx como yo pusimos cara de cabreo, de "mira, nos encantan vuestras tradiciones ancestrales, pero esto no es normal" y nos despedimos. ¡A dormir! Que lo del ambiente de Bilbao ya me lo conozco yo de otras ocasiones y se basa en cinco reglas sagradas:

1. Los bilbaínos salen en cuadrilla. Eso quiere decir en grupos de múltiplos de 17 personas, aproximadamente.

2. Cada local tiene "su hora". Con lo cual si a las doce hay que ir a tal sitio, ese sitio, que antes estaba vacío, se pone petao en un segundo (imagínate 17x3, un cole). Y al igual que se llena, se vacía.

3. En los bares NO SE BAILA, ni se mueve uno un milímetro de su posición.. La razón no la sé, pero es absolutamente cierto.

4. Nadie sabe dónde hay que ir o qué sitios están bien. Si le preguntas a alguien dirá que no conoce los sitios o si los conoce que no va.

y 5. Los euskomarikas son, por lo general, callados y poco accesibles, llegando incluso al borderío. No es que vayan de reinas, pero retiran la mirada al momento con gesto algo hosco. Que nadie se me ofenda, pero es la impresión que dejan.



Y básicamente ése fue nuestro euskofinde.
El domingo estuvimos de nuevo ejerciendo de encantadores osabas y ya tiramos para Madrid. Durante el camino sólo nos llovió en las inmediaciones de Burgos, pero a lo bestia, de poner los limpias a todo trapo y reducir a 80 en la autovía, para que tuviéramos en cuenta que Dios no se había olvidado de nosotros. 

Y una última cosa: soy reacio a parar a comer en las áreas de servicio de las autopistas por los sablazos que te meten (en la ida la primera que hay en la AP1 recién dejado Burgos es un ladronicio escandaloso), pero a la vuelta nos recomendaron una zona pasado Aranda y acabamos en un mesón con una decoración espantosa (de ésas de quiero poner cosas tradicionales pero las adorno con detalles "modernos", véase la foto de la lámpara de forja fusión de estilos parador nacional vs Sissi emperatriz).




Pues resultó que tenía unas raciones muy buenas, muy abundantes y a precio más que aceptable, comimos los tres muy bien. Así que ya sabes, es el restaurante asador Como En Casa y está en Milagros, en el kilómetro 146 de la A1.

Y ya está. Hoy ha tocado entrada costumbrista y de viajes en el blog, ¿no?




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