Las osas están que trinan


Como es bien sabido por todo el mundo, en el puente de la Consti (la Conchi o la Purísima para los ultra-caths) se celebra en Madrid la reunión de osos maricas por excelencia: La Madbear.

Que sí, que ya sabemos que primero se llamó Madbear, luego los organizadores se enfadaron por un quítame allá estos euros, se dividieron en dos y se renombró una parte como Hot Bears Week y ahora hay como mil "organizaciones" sumadas al asunto, como los fetish, que también anuncian su Pridesh. Pero nos pongamos como nos pongamos todo el mundo la conoce como la Madbear, y Madrid se peta, directamente, así que que no me vengan con zarandajas de nombres, que todos sacan tajada.

Tx y yo procuramos huir de la ciudad, más que nada por los dos festivos semiencadenados, pero nos enteramos por nuestros corresponsales a pie de noticia.


Este año ha ocurrido una cosa graciosa, y es que las hordas de osas foráneas vinieron para el fin de semana, porque salvo las italianas, que a maricapillitas nos ganan por goleada y también tienen el día 8 festivo, el lunes todas tenían que volver a currar. ¿Y cuál ha sido la consecuencia, María de las Efemérides? Pues algo muy simpático: Todas las osas hispanas que practican la teoría de "son muchos días, no puedo consentir que mis amigas vean que me lío con el primero que me hace ojitos porque seguro que hay alguno mejor" y que esperan a los últimos días para bajar el listón... ¡se han topado de narices con que el lunes ya sólo quedaban LAS DE SIEMPRE para ligar! (y encima en un estado semilamentable después de cuatro días de estar al olisque, claro). Sí, también estaban las autonómicas, pero se encontraban haciendo cola en el Primark de Gran Vía.

Drama Total

Pero ya la tragedia absoluta ha surgido con una noticia aparecida en el diario de tirada nacional "El Mundo" (que parece tenga últimamente un corresponsal en Chuequilandia):


http://www.elmundo.es/madrid/2015/12/03/5660973222601dc85f8b45fd.html








La noticia no tendría más relevancia al margen de la obviedad y superficialidad habituales, si no fuera por el detalle de comentar la fiesta "Mordisko" como "la de referencia" y encima ilustrar la noticia con la foto promocional de dicha fiesta:


¡Furibundas, rubicundas, indignadas!
Y no es para menos: esos son tíos con barba, no son osos.
Claro que supongo que es más "publicable" o "vendible" esa imagen que otra del tipo...


Cariñas, el drama está servido.

Las barbas, que hace 15 años eran casi patrimonio exclusivo del oserío mariconil, han dejado de serlo. Hasta la huesiloca más endeble o el niñato más sailormoonero del mundo se dejan crecer los pelillos en la cara. 

La barba es tendencia, nena, y las más feas se la dejan para que se las vea menos. De hecho, yo empecé a dejarme barba no por corporativismo osuno, sino para disimular un poco la redonda orondez de mi cara de hogaza de pan.
 

El movimiento bear se caracterizó por una liberación de los estereotipos de imagen gays, de la tiranía de la delgada, la musculoca o la afeminada. Se apostaba por una imagen natural y masculina. Y si te fijas en las tres marys de la foto son los prototipos estéticos mariconiles de toda la vida (jóvenes, monos, delgados, cachitas, marcando abdos)... pero con barba.

Luego ya se sabe cómo acabó la cosa: en divisiones, subdivisiones y subsubclasificaciones: tú eres polar, yo bear, mi amiga chubby, ésa wolf y la otra otter (todo un National Geographic), y al final, fíjate en los más woofeados en cualquiera de las apps de guarreo: las musclebears, o sea los cachas de toda la vida pero sin pasarse la Epilady.


El caso es que, queridas mías, ahora parece que todo el mundo se apunta al rollo bear pero.... ¿quién de verdad lo es?

Las bearortodoxas más intransigentes están que trinan.



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