De Trifiesta detrifiesta


No hay nada como una fiesta que no tienes que organizar tú mismo.
De verdad, qué descanso. ¡Que frieguen los otros!
Sólo hay que llegar, dar el regalito y empezar a darle al pico en los dos sentidos: comer y criticar.

Porque vamos a ver, si te invitan a una party que es un tricumple ya sabes que va a haber tema para rato.



Y además procuré mantener mi nivel etílico en cotas aceptables, algo extraño en mí porque siempre yo llevo el coche, luego bebo como una cosaca y al final Tx me arrastra a casa conduciendo él. Pues chica, he comprobado que manteniéndose uno no sobrio, pero por lo menos no peda perdida, te coscas mucho más de lo que pasa.

Y es que ocurrieron cosas muy graciosas.


Lo primero felicitar a los cumpleañeros, mis amigos el soltero de cierta edad más guapo y cotizado del centro de Madrid (que además ponía la casa) y la bloguera más moderna y pizpireta de las dos Castillas (literalmente). Luego también estaba un clon de Robin Williams, pero yo no lo conocía.



No faltó de nada, la mesa era un puro pasad y comed. Y con lo gochos y zampones que somos... ¡hasta sobró comida! Claro, todas las maricas a plan después del verano.



De bebida tampoco. Más que nada porque RW traía muchos amigos y todos bebían cerveza, así que llenó la casa de cervezas.

El fregadero...



El barreño...



¡El horno!...



Y claro, llegaron los amigos cerveceros y en cuanto vieron que había ginebra Nordest (que está que te mueres), brandy del bueno y Aperol + cava por un tubo para preparar Spritzs  dijeron... ¡a la porra la sartén litrona! Vamos, que mi querido amigo tiene para hacer pollo a la cerveza durante meses.

Como pizpireta mucamita, se contrató a Madeleine Fartons i Gualtrapa, totalmente integrada en la vida madrileña, que no paró en toda la noche. Copa de Aperol en mano, abrió la puerta cada vez que sonaba el timbre, recibió a los invitados, recogió los platos vacíos, los vasos... total. Claro que lo de hacerlo todo bebiendo hizo que al final de la noche estuviera más contentilla de lo normal y provocara alguna anécdota graciosa del tipo:

- Riiiiiing (el timbre, no el conocido local)
- Ñiiiiieeeeecccc (la puerta)
- Hola (pareja de aspecto no muy estándar)
- Lo siento, me parece que se han confundido ustedes (la Fartons)
- No, si venimos a la fiesta de... (la pareja)
- Tierra trágame.



Descojonación absoluta.



El caso es que con tres fiestas en una, había gente de todo tipo por todos lados. 

Y me dirás que soy una vieja y un carca pero mira, no, lo del pelo sucio arremolinado en el flequillo + barba hipster queda de puta pena. Y no seré nada moderna y serán lo más cool, pero aparecer en alpargatillas  de micropana de andar por casa ¡y encima rotas! queda feísimo.



Luego estuvo el tema de la música.

Clotilde Fartons, la hermana clonada de Madeleine, conectó su iPad a su altavoz Bluetooth carísimo de la muerte al principio de la fiesta con música ambiente adecuada. Pero es que luego nos avisó de que iban a llegar tres dj's y que se encargarían ellos de la selección musical.

Dos de ellos no sé quiénes eran, pero la tercera resultó ser una dj con vestido gris y bolsa de lona al hombro. Sí, de éstas bolsas de la compra que te dan en promociones y tal. Y no se separó de la bolsa en ningún momento. Cual Mary Poppins, allí guardaba todo, incluso el teléfono (Android) con el que se conectó al altavoz y desde el que nos ofreció su sesión indigrasienta de canciones que no conocía ni dios.



Te puedes imaginar: ella bailaba, sus amigos hacían como que se sabían las canciones y estaban quince segundos moviéndose, para luego volverse al círculo Podemos que habían organizado en el patio de vecinos para fumar.

Pero a ver quién era la lista que le quitaba "el poder", que para algo era dj.



En dos ocasiones me preguntaron si no había preparado yo alguna de mis listas petardas para fiestas (quieras o no, poner a Sonia y Selena o el Bailando de Paradisio anima mucho). Respondí sonriente que no era mi fiesta.

Pero bueno, la ausencia de bailongueo (sí, sonó Gritando Amor, menos mal) hizo que pudiéramos tener conversación, que comiéramos, comiéramos y viéramos que... SIGUIÓ SOBRANDO COMIDA. Alucinating.



Y luego llegó el momento culminante de la noche, patrocinado por AirBnb.

El piso de enfrente de la casa en la que estábamos es de alquiler turístico, siempre está lleno de gente porque tiene habitaciones y camas para aburrir y cada semana los habitantes son distintos. ¿Y quién estaba la semana pasada?

Pues ni más ni menos que unos aspirantes al casting de la película Magic Mike 3.



O sea, una pandilla de chulánganos enormes, musculosos (decir musculados es una horterada) y depilados que se paseaban sin camiseta por toda la casa enfrente nuestro.

Y que, oh, ¿qué hacen esos dos en la cama? ¿Por qué tiene uno la cabeza a la altura de la cintura del otro? ¿Queréis dejar de cotillear, mirones? Mierda, han bajado la persiana.

Pues nada, que los chavalitos decidieron tener su sesión de desfogue juvenil antes de salir de casa. Que ya lo decía mi amiga Filis, la de Barcelona que se hacía los cubatas con Listerine: Que hay que salir ya follado de casa, que luego disfrutas más la marcha, las copas y las risas y no tienes la ansiedad de necesitar ligar.

¿Y después de follar qué? ¡Pues vestirse!
Y van, suben las persianas y se muestran ante nosotros en calzoncillos (de marca, seguro).
¿Y qué hacemos la panda de maricas que estamos al otro lado de la calle, instigados por Gertrude Farons (la trilliza)?
Pues eso: jalearlos.


¿Y qué hacen ellos?
Pues reírse y exhibirse. Y el más descocado se quitó los calson y nos  ofreció unas poses de culturismo en pelota picada.
Hasta la dj de la bolsa de lona se puso en primera fila en la ventana para mirar.
Una risa.

Nos fuimos temprano, que yo estaba matao matao porque había tenido reunión con los compis de la facul horas antes, y nos llevamos una bolsita con cosas de comer.

Superpráctico, oiga.



Creemos que la próxima fiesta es la nuestra de pistoletazo de salida de navidad de todos los años, la de las bolas. Tx ya está como loco programándola.

Y me quedo con alguna cosa en el tintero acerca de las fiestas, de a quién invitas y a quién no... Pero eso vendrá otro día (o no).

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