Marujita, ¿pionera de las divas trash?

 
Se ha muerto Marujita Díaz.

Vamos a ver, llevaba eones cantando, bailando y actuando pero... ¿realmente conoces a alguien que le gustara DE VERDAD? ¿Que dijera que cantaba bien, que le cayera simpática, que no le pareciera excesiva esa alegría suya tan artificial, que no se pusiera de los nervios con su movimiento de ojos haciendo chiribitas, que no se abochornara con el espectáculo mediático que dio en sus penúltimos años...? Con los dedos de la mano.


Sinceramente, ¿hay alguien en la sala que soporte películas como "Pelusa"?



Pero a la vez Marujita ejercía fascinación, porque ella en sí era excesiva, desde esa voz con vibrato muy "a la Marilyn" a ese anacronismo permanente en su repertorio: el Banderita de las corsarias, el Soldadito español, los cuplés, los charlestones..., o ese empeño suyo en ir de señora estupenda a pesar de la edad. 



Sí, señores, Marujita puede que no fuera icono de nada, pero generaba una sensación de atracción y rechazo tales que era imposible quedarse al margen y decir "me da igual". Y, por tanto, merece estar en el Olimpo de las Divas, porque fue única.



Mis primeros recuerdos de Marujita se remontan a un programa de televisión llamado "Música y Estrellas". Yo era un niño y sin embargo ya alucinaba con una señora que cantaba cosas de principios de siglo, que bailaba como una loca y que encima iba de hipermegaestrella sexy.



Luego ya pasé de ella mucho tiempo hasta que ya en la veintena apareció en mis manos un cd de esos de colección de quiosco, conseguido en alguna tienda de segunda mano a precio de risa. Y ahí ya pude apreciar su especial manera de cantar y su peculiar encanto kitsch.



Por aquella época yo me mandaba cintas de cassette con mi amigo el Peritoni (del extinto blog Pikitonis, de la época gloriosa de los blogs, aunque él y yo nos conociéramos unos 15 años antes). El pikitoni mayor y yo nos intercambiábamos y descubríamos mutuamente músicas. Así, él me descubrió a Ella Fitzgerald y yo a él a Un Pingüino en mi ascensor, por ejemplo. 



Y en esto que le fui a grabar una selección de arias de ópera de nuestra querida Kiri Te Kanawa (la Daikiri que la llamábamos), que por entonces estaba en su momento más comercial sacando discos a cascoporro porque se le pasaba el arroz vocal. Y se me ocurrió mandarle una cassette titulada MARUJIRI TE DIAWAZ, en la que intercalaba canción de Marujita / aria de Kiri. 



A mí me pareció supergracioso. A él no. Y lo peor es que en aquellos analógicos tiempos las cassettes no se podían pasar pista a pista (track a track, para las lesbianas), a no ser que tuvieras un super-radiocasete en el coche que la pasara a toda velocidad (dejándola hecha una mierda) y reconociera los espacios entre canciones. Y el Pikitoni mayor lo tenía. ¡Rayos! Pero no le funcionó, porque debido a la ínfima calidad del cd de Marujita, los niveles de sonido eran diferentes entre ella y Kiri, y el artefacto no reconocía las pausas. ¡Genial! Me odió para siempre.

De ese disco la canción que siempre, siempre, quedará grabada en mi cabeza y corazón será.... LA PEQUEÑA TONKINESA.



Desde ese momento cada vez que veíamos a mariquitas de origen asiático, reducido tamaño y notorio amaneramiento en algún bar de ambiente, así los llamábamos: pequeñas tonkinesas. ¡Qué quieres! Éramos maricas malas y total, no creo que nadie lo recuerde cuando lleguemos a concejalas de Manuela.



Por su personalidad, su trayectoria profesional, sus amantes y maridos, y mis experiencias personales, para mí Marujita Díaz  es la pionera de las divas trash nacionales.



¡Aprende, Leticia!

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