Brokeback Mountain, the Opera

Hoy corto y pego "a lo anarrosa style" lo que he puesto en mi blog de ópera, pero es que, de verdad, es lo único relevante que he hecho este lluvioso y tedioso fin de semana. Señoras y señores, con todos ustedes: la ópera de los vaqueros mariquitas: Brokeback Mountain.



Agradable sorpresala de la versión operística de Brokeback Mountain.

Esto no es Sochi ni Uganda, sino Madrid en 2014, y a pesar de que ciertos sectores sociales sigan viviendo en las cavernas (y hablamos de sectores que pueblan los patios de butacas), no veo que haya ninguna razón para sentirse escandalizado o epatado por que haya una ópera con una historia de amor gay. Por mucho que los periódicos lancen noticias con la palabra "explícito" en en titular y que los telediarios sólo saquen a gente del público diciendo que no les ha gustado nada. No, Brokeback Mountain no tiene nada de escandaloso ni de epatante. Es una ópera acerca de una historia de amor en un ambiente hostil, y punto.






Annie Proulx, la autora del relato en el que se basa es quien ha escrito el libreto. Su labor choca al principio, las frases son cortas, cortantes, aisladas, parece que no van a hacer creíbles los sentimientos que tienen que aflorar después. Es lo mismo, y perdona querido lector si mezclo cosas, que la puesta en escena: es árida, vacía. Pero es que tanto el texto como la puesta son tan áridos como la historia que cuentan: esto no es una buhardilla en la que un golferas sopla la velita de la ingenua vecina para que se junten las manitas y se enamoren allí mismo. No, se trata de una montaña aislada que vuelve locos a los que allí tienen que estar varios meses pastoreando, tipos duros que ni tienen cultura ni están allí por estar dando un paseo por el campo.






Siguiendo con la escena, al principio llama la atención por lo cutre: eso de que haya dos tiendas a ambos lados del escenario es tristísimo, por mucha proyección que haya detrás no se consigue evocar algo fundamental que es el paisaje de la montaña. Cuando sale ya el decorado de las casas la cosa mejora, y el final es tan vacío, negro y desolador como la historia que cuenta.

Al analizar tanto el texto como la puesta, uno no puede evitar hacer la comparación con la versión cinematográfica dirigida por Ang Lee en 2006. La película estaba mucho más edulcorada, pasada por el pasapuré de Hollywood. A pesar de lo duro de algunas partes de la trama, todo era una bonita historia de amor en un paisaje precioso. Aquí no: estamos hablando de una historia homosexual de dos vaqueros entre los años 60 y 80 en Wyoming y cómo cada uno lucha por mantenerla viva y mantenerse vivos ellos mismos. Por tanto me ha gustado cómo la autora ha escrito el libreto. ¿Que no consigue elevar el lirismo de la historia? Aquí no se trata de decir Ah lève-toi soleil, sino de tengo que ir a currar al rancho porque no tengo un duro para pasarle la pensión de manutención de mis hijas a mi ex.






Con todo, los personajes están perfectamente caracterizados cada uno en su personalidad: no hace falta más.

En la comparativa, a favor de la película hay dos detalles: el "qué le ocurre a Jack", que en la ópera no queda nada claro (ni como tampoco el cómo se entera Ennis) y el descubrimiento de la camisa, que en pantalla deja totalmente desarmado. A favor de la ópera, el final finalísimo: muy impresionante.




Y llegamos a la música: el meollo del asunto.
Lo reconozco: yo iba ya dopado con mi sobredosis de cafeína en vena porque si ya me cuesta mantener el ojo abierto (y la atención) en cualquier ópera de repertorio si el primer acto dura más de cincuenta minutos, con una ópera "contemporánea" la cosa puede ser muuuuuy dura.
Y encima te avisan de que son dos horas sin descanso.
¡Claro, para que el público no se vaya en el intermedio!
Vamos, que iba yo predispuesto a encontrarme una sucesión de ruiditos ñiñuñiñuñiii...pompompom acompañados por un recitativo continuo de las voces.






Y no, oye, no. 
Reconozco (y asumo) mi total incapacidad para distinguir las distintas escuelas o tendencias musicales a partir del atonalismo, así que no me voy a poner aquí en plan interesante. Por lo que amigos más eruditos me han comentado, Brokeback Mountain adopta un dodecafonismo bastante clásico. Y, en efecto, en ocasiones recuerda al Wozzeck de Berg.

Es una música densa, seria, oscura, que acompaña perfectamente a la acción. De hecho parece música incidental compuesta para acompañar una obra de teatro, porque es sólo en los interludios entre escenas donde cobra protagonismo.

En mi ignorancia supersuprema, yo la calificaría de "atonalismo asequible", y desde aquí agradezco a Charles Wuorinen, el autor, que no haya abusado de la percusión irritante con la que tantos autores nos martirizan. Es que de verdad me saca de mis casillas.




En la parte vocal, estupenda la pareja protagonista: Tom Randle tiene una buena voz de tenor que maneja con facilidad. Tiene fuerza, puede subir y además como actor está excelente, un Jack Twist fantástico.  Daniel Okulitch empieza con menos protagonismo (también su papel es más áspero, habla muy poco) pero lo va cobrando a medida que avanza la  ópera y joder cómo termina. Tiene una voz impresionante de bajo-barítono. Su frase final a cappella es de quedarse clavado en la butaca. Muy bien.


Muy bien también Heather Buck como Alma y correcta Hannah Esther Minutillo en Lureen, tampoco le dejan mucho lucimiento. Cumplidores secundarios, con la salvedad del que hace de Aguirre, que no me convenció mucho (luego leo que es el mismo que hace de suegro de Jack).





Resumiendo: una historia de amor, o mejor decir una historia de la lucha por un amor, muy bien planteada y resuelta en la que todos los componentes funcionan: libretto, música, intérpretes, puesta. ¿Que no es la quintaesencia de la vanguardia musical ni literaria? Pues no, pero no creo tampoco que lo pretenda.

Al final, aplauso caluroso para todos los componentes. No especialmente largo pero sí claramente algo más que "aplausos de cortesía".

Un acierto de la programación Mortier para el Teatro Real y posible y lamentablemente su canto del cisne. La temporada que viene ya nos llegarán los últimos coletazos pero a partir de entonces prepárense ustedes para traviatas y cármenes.


Si las entradas no estuvieran tan escandalosamente caras, aconsejaría asistir sin dudarlo, que ya queda sólo la función de hoy día 11. Y de todas formas he visto que hay promociones de Movistar (20% de descuento), entradas de última hora para jóvenes y abonados que venden sus localidades en taquilla antes de las funciones.

Editando: durante tres meses, el vídeo está disponible en Medici TV:


Ah, ¿que si había más mariconeo que el de costumbre en el teatro? Mmmm, pues sí, era notorio pero no escandaloso. Pero es que no íbamos a perdernos la ópera de los "vaqueros mariquitas", ¿noooo? ¿Adivinas qué otro cobloguero y habitual comentarista de este blog -a quien engañé para que me comprara la entrada de mi ex- me acompañó al teatro?








Charles Wuorinen / Annie Proulx
Brokeback Mountain
Daniel Okulitch, Tom Randle, Heather Buck, Hannah Esther Minutillo, Ethan Herschenfeld, Celia Alcedo, Ryan MacPherson, Jane Henschel, Hilary Summers, Letitia Singleton, Gaizka Gurruchaga, Vasco Fracanzani.
Titus Engel, Ivo van Hove
Teatro Real de Madrid



10 comentarios :

AdMiles dijo...

Si la película, que a mi me pareció tristísima, quizá porque cuando la vi estaba yo también "pescando", está edulcorada, la ópera tiene que ser un dramón muy considerable. En todo caso me hubiera gustado verla.

Haddoquin dijo...

¡¡Vaqueros mariquitas en el Real!! ¡Ande vamos a llegar! ¡Qué escándalo!

Vamos a ver, que es lunes y la neurona está espesa... ¿mejor o peor que la peli?

Y lo importante: de 0 a 10, nivel de mariconeo general en el Real. Cuestión de superviviencia: igual, llegado el caso, hay que plantearse apostarse atrevidamente a la salida del Real para encontrar a una mariculta pudiente desesperada que le mantenga a uno, que ha nacido para mantenida.

Christian Ingebrethsen dijo...

La película no me gustó mucho que digamos así que me voy a ahorrar la ópera, y mira que me gusta la ópera.

un-angel dijo...

Me entraron ganas de verla este fin de semana pasado ya que estaba allí pero me acoquiné, en parte por los precios y sobre todo porque no sé que tal hubiera recibido mi acompañante la idea de una velada en la ópera.
Yo leí la colección de cuentos de Annie Proulx en la que se incluía esta historia ( por supuesto a raíz de haber visto la película ) y me dejó sorprendido lo descarnado y desolador del relato original, que dejaba la versión cinematográfica casi en una comedia rosa. Supongo que si la ópera es más fiel a ese espíritu original, es lógico que la puesta en escena fuese tal como la describes...
No sé, a mi me quedaron ganas de verla, si llego a saber que ibas aparco un par de horas a-quien-yo-me-sé en el hotel y me había apuntado a la aventura...es que nunca he estado en una ópera!!!

Driver GT dijo...

No he visto ni la peli, así que no podría comparar.

PasaElMocho dijo...

AdMi, la ópera no es triste, es desoladora. Haddoquin, sin comentarios, ya me oirá Vd. Christian repito que película y ópera sólo tienen que ver en el argumento. Un-angel, estoy intentando conseguir esos relatos, ¿no los tendrás en versión electrónica? Driver, me encantan esos comentarios tan constructivos. De todas formas, salvo un chico -monísimo por cierto- que es superclásico, todos los conocidos que encontré a la salida del teatro coincidieron en que había estado la mar de bien.

Driver GT dijo...

Si es que Cervantes a mi lado es un twittero :P

desgayficando dijo...

Pues tenía curiosidad por la Opera, pero entre que uno es pobre cual rata de alcantarilla y que ya se han acabado las sesiones, pues que le vamos a hacer, te creeré cuando dices que estaba bien.

AdMiles dijo...

He estado viendo algún tozo en Medici.tv y por lo que he visto no tiene mala pinta, la música se deja escuchar.

un-angel dijo...

Mochete, los tengo en versión papel, pero si te apetecen no me importa enviarte el libro, te lo lees y cuando lo termines me lo devuelves, ¿vale?

Publicar un comentario en la entrada

Un blog se nutre de comentarios. Aunque sea para ponerme a caldo di algo, cojostio.

Blog Widget by LinkWithin