Les Misérables, la peli

 
No podía quedarme yo sin ir a ver la adaptación al cine del musical Los Miserables en pantalla grande. Que hay diferencia entre verlo en el cine y en casa, leches. Pero, ah, ya me lo advirtió tx: "vas tú solo, yo a eso no voy". Y es que el hombre aún recuerda cómo se quedó dormido viéndolo en el teatro. Pero a ver cómo lo dejo yo en casita tres horas aburrido en plenas fechas navideñas para que luego me esté diciendo: claro tú al cine y yo fregando, y cosas así. Pues nada, tuve que aprovechar un sábado que trabajó para irme al ladito de casa a ver la peli a las tres de la tarde. Que sí, que el polígono estará a tomar polculo de todo el mundo civilizado, pero tenemos cines. Película de tres horas, toda cantada, en un cine de extrarradio un sábado a las tres. ¿El resultado? Ocho personas en la sala, 8. Y yo creía que iba a estar solo.

Adaptar un musical de los "modernos" al cine tiene sus perendengues. La carga visual de las escenografías actuales pesa mucho en la memoria. El alejarse de la concepción original del musical para mí es la mejor opción, pero te pueden salir genialidades como Chicago o auténticos truños tipo Nine. E intentar ser lo más fiel posible tampoco garantiza el éxito, recordemos ese coñazo infumable de versión fílmica de El Fantasma de la Ópera, donde hasta salían los candelabros del laguito.



En Los Miserables hay un empeño de divorciarse de la puesta en escena que todos los que conocemos el musical tenemos en mente. Lo malo es que ese empeño es a veces tan insistente que se acaba desluciendo el resultado. Para evitar los showstoppers (el que un número acabe en un chimpún a todo volumen y el público del teatro se ponga en pie), el director, Tom Hooper, corta de cuajo todos los finales de las canciones, provocando una especie de coitus interruptus. Y bueno, en un par de canciones o tres vale, pero señor director, yo quiero que el final del One Day More me haga saltar de la butaca.


Otro asunto que le da más "realismo" al musical es que se ha rodado con los actores cantando en directo. Muy bien, porque se aleja del artificio del playback, pero también con un handicap, y es que para poder captar el sonido bien, casi toda la peli está rodada en primeros planos, que cansan mucho y, sobre todo, se cargan el efecto de emoción que los números corales deben tener. Otro tipo de planos de los que se abusa es de los inclinados. 

Conclusión: rodar así este musical es una opción, es un riesgo que se ha corrido y oye, la adaptación es más que correcta. Pero, sinceramente, me he aburrido y al rato estaba despanzurrándome entre tres butacas. Le ha faltado pasión. He encontrado la peli lenta y sin garra.

Y ahora pasemos a la parte actoral:


Anne Hathaway. Y punto. Princesas por sorpresa aparte, es la que levanta la película cada vez que sale, la única que aguanta una canción entera en primerísimo plano y la única que consigue emocionar. Fantástica.




Hugh Jackman hace un muy buen Jean Valjean. Se le nota curtido en musicales y con voz suficiente para el papel protagónico. Está estupendo en la primera parte de la película. Luego ya el propio personaje se vuelve más plano y la interpretación igual. Notable.


Russell Crowe está correcto como el malo que no es tan malo y es el que más limitaciones vocales presenta, pero consigue salvar Stars. Su gran escena final queda rota por una incomprensible decisión del director de no hacer coincidir el golpe de efecto musical con la acción a la que corresponde (perdonad lo críptico de la frase, pero no voy a poner aquí un spoiler, cojostio).


La parejita de enamorados son Eddie Redmayne y Amanda Seyfried. Ella, la chica de los ojos de pez, consigue hacer que Cossette no sea lo cursi que es, que tela con el papelito. Y nos pega unos aguditos muy monos. Y él, oye, da el tipo y también hace que Empty chairs and empty tables tenga mucha intensidad. Más que aceptables.


Eponine es Samantha Barks, cogida directamente del elenco del teatro, es la que tiene más voz "de musical" y es una chica muy expresiva, la verdad.

A Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter imagino que la pepitilla les bailaría sevillanas cuando los llamaron para la peli, porque él hace lo que le gusta hacer: el ganso y ella vuelve a hacer una peli tal como se levanta de la cama y se va a por el pan: sin tener que pasar por maquillaje, peluquería ni vestuario. ¡Y sin que la dirija el pelograsiento de su marido! Cumplen con sus cometidos más que decentemente.


Toque nostálgico (y detallazo) el contar con Colm Wilkinson, el primer Jean Valjean, para hacer de obispo. Editando que no es participio: No soporto a Gavroche y Enjolras me pone muy nervioso, por eso no los comento, pero muy competentes ambos, el último tiene toda la pinta de haber salido también directamente del teatro.

Y en el terreno técnico, bastante infografía, mucha grúa, un vestuario muy cuidado y un toquecito de atención por el decorado de la barricada, que canta mucho a falla.


Editando, que se me olvidaba: el tema del doblaje. La película es cantada en inglés en un... ¿95% de su metraje? Por lo menos. Peeeero, las partes en las que los actores hablan tienen su doblaje al español, con lo cual queda super raro que en medio de una canción se interrumpa y Cossette te suelte en español: "No, por favor papá" para al segundo seguir soltando sus cursiladas en inglés. Pero claro, así los actores de doblaje cobran sus takes y la peli se puede estrenar en unos macrocines de polígono sin llevar la coletilla espantapúblico de V.O.S. Ah, el traductor de los subtítulos de las canciones es "excesivamente" creativo.

Y volviendo a editar: hay una canción nueva, Suddenly. Vamos, que hay que estar en las nominaciones de los Oscar a la mejor canción como sea.

Los Miserables 2012 gustará a los fans del musical, porque es una adaptación fiel y mantiene la esencia. Los que consigan aislarse del musical original y ver sólo la película como ente independiente la encontrarán algo aburrida. Y desde luego a los que no les guste el musical o no lo conozcan que no vayan.


Cuando llegué a casa mi tx ya estaba esperándome y para compensarle el haberlo dejado solito un rato le monté yo mi propio show con cámaras, primeros planos y picados inclinados. Vamos, que ni Tom Hooper ni leches.

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