Tipología ambientalensis (ii): La marica pija

 

Siguiendo con el repaso de tipologías mariquitensis (clic) hoy voy a hablar de las maricas pijas.

Ay las pijas, cómo son.
Lo primero, clasistas. Yo estoy aquí, tú estás ahí, yo tengo este status y tú no, y yo gano (o tengo) este dinero y tú no. #EsoEsAsí.


Pero lo que es inherente al pijerío es la homogeneidad: las pijas pueden ser todo lo exclusivas que quieran, pero es delito terrible el más mínimo atisbo de extravagancia que la diferencie del resto. El pijerío va uniformado en vestimenta, pensamiento, palabra, obra y actitud. Y el que se mueve no sale en la foto.



Es fundamental el que la apariencia sea impecable en el vestir y en el corte de pelo y por supuesto no se tolera un mal afeitado ni por supuesto cualquier tipo de pelo facial. Son ajenas a las modas, que no les afectan. Para ellos el tiempo no pasa: una camisa de rayas seguirá siendo siempre una camisa de rayas. Pero eso sí, la marca que lleve bordada en el pecho debe ser la que "hay que comprar" esta temporada. Y si Ralph Lauren decide contratar costureras miopes para bordar el logo del caballito en sus polos y Lacoste contraataca con el cocodrilo mutante gigante de las alcantarillas de Nueva York, les da igual que sea una ridiculez, se lo ponen. Aunque luego se llevan un berrinche porque después de comprárselas sale nosequé marca con un alce o un pingüino (por supuesto gigantescos). El día que abrieron Abercrombie & Fitch en España se llevaron el disgusto del siglo al no poder ya presumir de que compraban las camisetas en el extranjero.

 
El status de la marica pija se fija por los complementos: la marca de las zapatillas (hace años que ¡por fin! asumieron que los ligues se reían cuando veían las borlitas de sus zapatos castellanos, aunque alguna esencialmente rancia aún los lleve), los relojes, el coche, la cartera, el smartphone...

Las maricas pijas van en grupo, para hacerse más indistinguibles aún. Y, como todos los grupos, desprecian absolutamente a cualquier otro gay que no sea como ellas. Para poder entrar en su grupo hay que sufrir el interrogatorio acerca de apellidos, profesión y posición económico-social. Y siempre procuran vampirizar nuevos adeptos que se ajusten a sus formas y normas. Pueden estar despreciándote y sin dirigirte la palabra en siglos, que como te vean alguna noche con alguien que les interesa se te acercarán y te dorarán la píldora lo indecible para que se lo presentes.




Por supuesto que admiten elementos extraños en sus grupos, pero sólo a) con gran disgusto, b) si hay algún interés terciario en ello o c) si están tan escandalosamente buenos que nadie se lo va a reprochar. Es la cultura del éxito: una marica pija no valora el estar acompañada de un tío bueno, lo que valora es poder enseñárselo a los demás.

Su supuesta buena educación no tiene por qué estar en paralelo con su nivel intelectual. Cualquier evento cultural que no suponga un aumento de caché social es despreciado sistemáticamente. Eso sí, se saben de memoria las evoluciones de los bolsos de los escaparates de la calle Serrano (así que memoria tienen, las jodías). Por lo demás no les hables de ir al cine ni de escuchar algo que no salga en los 40 Principales (recordemos, ellas NO pueden ser raras). Y sus conversaciones favoritas pasan de los cotilleos de los programas del corazón a los devenires de los concursantes de Gran Hermano. Ahí sí que se lo saben todo.




El mayor drama de un gay pijo es que se sepa que es maricón.
Luego puede ser lo más perra en la cama y tener más pluma que una boa de vedette, pero las apariencias por encima de todo. Su lema es: "a nadie le interesa mi vida sexual" (y en eso tienen razón). Para su familia es el chico que se quedará solterón porque no hay ninguna chica que lo merezca. Las maricas pijas suelen echarse de novios a muchachitos más jóvenes que quedan inicialmente deslumbrados por su apariencia, pero no les duran mucho.

Tener pluma evidente es anatema absoluto, y cualquier indicio de travestismo, aunque sea en una fiesta privada o carnaval, supone la excomunión.

Ni que decir tiene que las maricas pijas huyen despavoridas ante la celebración del Orgullo Gay o cualquier otra reivindicación de derechos GLGBTQRTRQT. Eso no va con ellas. Pero bien que se aprovechan luego de la cantidad de gente que sale a la calle la semana del Orgullo para intentar ligar. En ese sentido, todas somos iguales.


 

Por costumbre, la marica pija suele profesar simpatía política a partidos de lo que ella llama "centro/derecha", mirando y sonriendo con condescendencia a los que tienen tendencias más izquierdistas. Para compensar la tradicional enemistad entre el facherío y el mariconerío, suele evitar los extremos, aunque de vez en cuando te encuentras cada marica de caralsol que te quedas flipando. Cuando tiene serios conflictos ideologicosexuales, vota a UpyD,  nacionalistas o cosas así. Aunque también existen las pijas progresistas, que tienen implantado el chip izquierdista en la cabeza y políticamente son las más libertarias de todas pero luego ay de ti si tus calzoncillos no son de Calvin Klein (o AussieBum, si son musculocas). Creo que éstas son más perniciosas que las abiertamente conservadoras porque aplican más hipócritamente sus raseros.

La marica pija puede ser buena gente, en serio, pero sólo si la tratas de tú a tú, en solitario. Cuando se juntan dos o más ya se vuelven insoportablas. Es así, y hay que asumirlo.


 Y sí, queridas amigas, yo soy como los políticos acusados de homofobia: "¿pijófobo yo??? si no tengo nada en contra de las pijas, de hecho tengo amigas pijas... en la intimidad".


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