Cochinillo segoviano



Lo primero que se le viene a uno a la mente nada más leer "
cochinillo segoviano" es a "cierto blogger", pero no, señora, no, un cochinillo es un cerdito que sólo se ha alimentado de leche antes de llegar a tu plato.

Y es que aprovechando la presencia en tierras hispánicas de un tenor que habitualmente está en tierras bárbaras, les obligamos a hacer una visita a la semivecina Segovia, que se hace en un día, queda así como muy mariculto y desintoxica un poquito de tanto Madrid, tanto Madrid.

Así que voy a contar cómo se hace una "visita exprés de un día a Segovia":

Hay que salir a una hora prudencial, ni muy temprano ni a la habitual a la que te levantas un día de fin de semana después de haber estado aguantando hasta las tantas de la mañana a las rebajas del inmundo antro gay por el que te arrastrabas la noche anterior. Pongamos las diez, ya desayunaditos para no perder tiempo.

Si no hay atascos, no eres una lerda conduciendo y pagas los peajes, en una hora estás allí. Mi recomendación es empezar la visita por la iglesia de la Vera Cruz, en la carretera a Zamarramala. Porque es interesante, porque ofrece una panorámica de la ciudad y porque está a las afueras, y luego te va a dar mucha pereza acercarte.

La Vera Cruz tiene una planta dodecagonal y si no hay gente y tienes suerte, te puede tocar un auténtico guía freak que te cuenta todo tipo de detalles y leyendas de templarios y caballeros de la Orden de Malta que seguramente son falsas, pero crean "ambiente" (más allá del que tú pongas). Lo más interesante son las tumbas antropomorfas en el exterior y el Edículo, una estructura interior en el centro de la iglesia en la que los caballeros velaban armas y se arrepentían. Tiene una acústica curiosa, y si te pones en una columna mirando a la pared puedes decirle todo tipo de guarradas a tu novio en voz baja, que si está en la columna opuesta las oirá, y el resto de la gente no. No está comprobado, nosotros oíamos todo lo que decíamos todos, pero el señor se empeñaba en que era así.

Saliendo de la Vera Cruz te sacas la foto/postal delante del Alcázar y luego la cuelgas en Facebook. Si subes un poco ves la ciudad y al fondo las montañas de "la mujer muerta". Como mal descendiente de segovianos que soy, se me olvidó enseñar dicho cadáver a mis visitantes, pero como soy un chico muy apañao, aquí les pongo la foto:


Acabamos la visita y no vamos a ver ni la Fuencisla, ni el Parral ni el convento de los frailes donde está enterrado San Juan de la Cruz, porque si no el día no nos da. Coche de nuevo y a aparcar en el patatal que han habilitado como parking. Hay pocos sitios para coches, aviso.

Desde allí coges Fernández Ladreda, ves San Millán (románico segoviano, con su portiquito, su campanario esgrafiado, etc etc) y te plantas en el Acueducto.

Cuenta la leyenda que hubo una moza que tenía que llevar agua en un cántaro desde la colina a la ciudad. Hastaloswebs que estaba que dijo que daría lo que fuera con tal de que se le facilitara ese trabajo. Apareció el diablo y le ofreció que en una noche solucionaría los problemas de la chica a cambio de su virtud alma. Ay, ingenua, a cuántas nos han dicho que en una noche se nos iba a arreglar la vida y luego te encuentras con una cosa peluda y halitósica roncando al lado. Pues nada, la moza aceptó.

Durante la noche hubo ruido como de tormenta, pero no eran rayos y truenos, sino un ejército de demonios que estaban construyendo un puente (el acueducto en sí, boba) para llevar el agua de un lado a otro.

Aquí las teorías sobre el final de la leyenda divergen:

- unos dicen que el diablo, vanidoso, se quedó mirando su gran obra antes de poner la última piedra, y entonces cantó el gallo, la noche se dio por concluida y hala, la moza tuvo acueducto y alma.
- otros dicen que la muy puta de la moza se arrepintió, llenó la ciudad de velas y eso confundió a los gallos, que se creyeron que ya era de día y cantaron antes de lo previsto. Fin de la noche, fin del diablo, que se quedó con una piedra en la mano.
- y los de la JMJ aseguran que la moza se arrepintió, se puso a rezar, a rezar a rezar y al final la virgen hizo que amaneciera antes de tiempo sin que el diablo pudiera poner la última piedra.

El caso es que los agujeros que hay en las piedras del acueducto son las marcas de las garras del diablo y en el lugar donde tenía que ir la última piedra... POP, hay una virgen, hala, así, por generación espontánea.

Bien, pues todo es mentira, el acueducto lo construyeron los romanos en el siglo I.
Y punto.

Subes la Calle Real, te encuentras conla casa de los Picos (no hacer bromas sobre los centros de reinserción de drogadictos, porfaplís) y llegas a la plaza de San Martín, donde te puedes imaginar perfectamente una escenografía de Cavalleria Rusticana, por poner un ejemplo. Ves las estatuas de las sirenas, de Juan Bravo (que era un señor, no una calle), las escalinatas y la iglesia con un retablón barroco.

Sigues y llegas a la Plaza Mayor, donde te da tiempo de ver la catedral antes de ir a comer. Es un peazo catedralón gótico tardío (mucho, mucho) en el que tienes capillas y capillas pa aburrirte a ver cosas. Lo más más, la fachada góticauténtica de la antigua catedral, que sirve de entrada al claustro. Lo más kitsch, el carricoche con el que pasean al corpus, top fallero. Y lo más guarri, la capilla de San Blas, pero nada más porque siendo nuestros invitados germanoparlantes, les chocó el nombre. En alemán, BLAS significa "chúpala". Y si no, eso me dijeron y yo, ingenuo de mí, lo creí.

La comida. Ah, la comida. Segovia, como ciudad turística, aparte de estar invadida por los Gremlins que vienen a Madrid a ver al papa (y que de noche les echan agua y se multiplican, parece ser), está llena de "mesones turísticos" y no sabes en cuál meterte, porque o te pegan el palo o la calidad de la comida es entre pésima y peor.

Suerte que uno hace amigos 2.0 y pedí consejo.
Dos me recomendaron, dos: Casa Chapete, al lado del Acueducto, y El Sitio, al lado de la Catedral. Como ya estábamos arriba en la plaza fuimos al segundo, pero lo de Chapete queda apuntado para una próxima visita, no te creas.

Allí comimos lo que había que comer: sopa castellana, judiones de La Granja y cochinillo asado, que encantó a nuestros chicos. Y de postre, ponche segoviano "a la spiderman".


Tras la comida, visita al Alcázar, cuyo folleto en alemán dice nosequé Führer en su título, con muy poco tino por el que tiró de Google Translator.

Lo ideal sería volver por Navacerrada pasando por los jardines de La Granja pero chica, estábamos cansados, los alemanoides parecían japoneses de tanta foto que sacaban y eso suponía entretenernos un par de horas más. Nos volvimos tranquilamente y ofrecimos un café en casita con un visionado de los mejores momentos de nuestra teleserie favorita de amor y lujo.

A las diez de la noche los teníamos de vuelta en su casita sanos y salvos, y nosotros cansados y orgullosos de haber contribuido a un día de esparcimiento turístico y cultural y... ¿qué hicieron ellos?

QUEDAR CON LA OTTOLOCA Y LARGARSE A CHUECA HASTA LAS CINCO DE LA MAÑANA.

Si es que contra los músculos y el alcohol no hay quien pueda.



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