La banca gana

Vamos a ver, niños. Ya sabéis que no tenéis que fumar ácidos grasos saturados, comer drogas ni beber marihuana. Pero hay otra tentación que os acecha.


No, el sacristán de la parroquia no, otra. Me refiero a...

EL JUEGO

La wii, la psp, la ps3, la gbox, la perejila... NO.

El maldito black jack.

Las reglas son simples: es jugar a las siete y media pero con una baraja más fina y sumando 21.

Mi teoría: es muy fácil ganar... pero es más fácil perder.

Llegamos al Casino de Monte Pikachu casi a medianoche del sábado. ¿Qué nos ponemos? ¿Hará falta chaqueta, como en el Casino Gran Madrid de Torrelodones? ¿Zapatos? ¿En Violencia? Quite quite.

Nos pusimos medio monos y fuimos para allá. La entrada, 5 euros, sin derecho a copa. Normas de vestimenta: pues se puede ir como se quiera mientras no lleves chanclas, pantalón corto ni camisetas de tirante, por lo que se ve.


Y es que dentro... parece una sala de recreativos de pueblo. La palabra glamour queda muy alejada del espíritu del local. Aunque tampoco llega al nivel de Las Vegas, con la gente descalza y en bañador por las salas, mezclada con los turistas desesperados arrastrando maletas entre las tragaperras.

A ver, la zona de juego es chiquitina, porque más de la mitad del local es bar/restaurante y luego hay una zona habilitada para fumadores que es donde están las tragaperras. Aparte, hay muchas mesas de juego apartaditas porque no deben de tener mucho éxito.

Vamos, que es un casino como muy de andar por casa. Ideal para que cuatro locas marujeen a gusto plenas de barroquisme después de haberse tomado unos gin fizz, que es nuestro nuevo cóctel de referencia, ya hemos superado la etapa daikiri (te-kanawa), cosmo y piña colada.

Pero cuatro personas... muy diferentes:
- El Pikitoni mayor (aka Peritoni-tis), impulsivo, compulsivo, inquieto y curioso, que hasta fue a preguntarle a un encargado las dudas que tenía en el juego.
- El Pikitoni auténtico (más conocido como Pikitoni), serio, cabal y capaz de mantener la cabeza fría.
- El tx, con cara de Refunfuñitos de Berjusa porque no quería ir y le parecía una pérdida de tiempo y de dinero.
- Y yo, que me temblaban las manos y gritaba que quería comprar fichas yaaaaaaaaaa.

Mientras el tx se iba a la ruleta para que no le diera rabia verme perder dinero (no a ver el juego, sino a ver el fútbol, que la pantalla estaba al lado), yo cambié fichas y me senté en la mesa barata. Tx, después de las partidas previas jugadas en casa de los pinkis y de estudiarse las reglas, dedujo sabiamente que es un juego diseñado para que la Banca gane. Y siguió viendo el fútbol.


Nada más sentarme, pierdo. Natural. Y un señor mayor con una rebequita gris así como muy de dependiente de ultramarinos se puso a echarme la bronca porque me había sentado en tal sitio y me dijo que tenía que defender la mesa, que cómo se me ocurría seguir el juego y blablabla.

A su otro lado se sentó un melenudo que también perdió a la primera. El señor de la rebequita gris de pelotillas se enfadó más (hablaba así como para sí mismo) y se fue.

Su hueco lo ocupó Míster Pikitoni, claro, y comenzamos los lances. Que tener al lado un amigo te da así como seguridad.

Mi montón de fichas oscilaba entre la miseria más absoluta y casi lo que tenía al principio, y como yo apostaba poco pues cuando ganaba no se notaba mucho la diferencia. Tx, nervioso, me preguntaba periódicamente que cuánto había perdido. El piki sí que sabe, y doblaba apuestas, las dividía y tal. Su número de fichas iba también oscilando, pero siempre apostando más fuerte.

Finalmente, cuando conseguí recuperar la inversión realizada me retiré de la mesa. Mi ganancia fue mínima pero significativa: 2 euros y medio. Tranqui, tx ya se encargó de recordarme que en realidad habíamos perdido dinero porque la entrada nos había costado 5. Si quieres sigo jugando, le dije. Y me arrastró hacia el parking, donde tuvimos una sesión de sexo salvaje y exhibicionista sobre el capó de un convertible último modelo.


El Peritoni, sorprendentemente, no jugó. Y es que yo creo que para él debe ser como el tabaco que dejó hace muchos años, que si se pone, se vuelve ludópata perdío. El Piki consiguió unos veintitantos euros.

Por cierto, que en MontePikachu son unos cutres. Esto no es Las Vegas, donde si estás jugando tienes barra libre de bebidas (unas margaritas malísimas, pero menos es nada). Aquí, pase por caja.


De toda la experiencia, lo que más se nos quedó grabado fue una expresión del croupier (o la croupieresa) cuando te pasas de 21. La misma y con el mismo efecto desolador que cuando te lo dice el WiiFit cuando te subes a la tabla y calcula tu peso:

DEMASIADO



Blog Widget by LinkWithin