Un viaje alucinante (ii): La carretera 12


En el capítulo anterior nos habíamos quedado saliendo de Moab (Utah) por la mañana para terminar de ver el parque de Arches y de allí carretera adelante, ¿no?

Mapa del itinerario
(clic)


El recorrido ideal para seguir viendo los parques del suroeste de Utah es seguir la carretera 12 (Route 12, para las autóctonas). Aquí es cuando se descubre la verdadera dimensión de la expresión "tirar millas". Y es que, aparte de que en los EEiUeEiUU todo es gigantesco, las carreteras, por muy espectaculares vistas que tengan, se hacen eternas. Así que paciencia y gasolina.


El recorrido empieza por coger la interestatal 70 y luego torcer al sur por la 24 hasta Hanksville. El paisaje es todo desierto llano con alguna formación montañosa curiosa, pero nada más. En Hanksville esperábamos ver algún megachulazo que nos matara del susto de la impresión, pero no, sólo había cuatro casas sueltas, mucha white trash (caravanas-vivienda) y todo bastante cutre. Pero es que nos dimos cuenta de que se escribía con A y no con U, que no era Hunksville, (villachulo) vamos.


Seguimos por la carretera y pasamos por Caineville (una casa, UNA) y a partir de allí vuelve un poco la civilización: van apareciendo moteles, eso es que estamos llegando a un nuevo parque nacional: Capitol Reef.


La verdad es que es un parque enorme y alargado y nosotros sólo vimos una pequeña parte y porque nos pillaba de pasada, pero para los amantes de desiertos, gargantas y formaciones geológicas, hay para rato. A mí no me llamó particularmente la atención y creo que no estuvimos ni una hora allí. Además, amenazaba lluvia.


A la salida de Capitol Reef ya se coge la famosa carretera nº 12, calificada como "scenic" y llena de paisajes y de paradas de foto en cada curva. El objetivo era ya buscar dónde dormir. La guía Lonely Planet recomendaba hacerlo en Boulder o Escalante, cosa lógica porque NO HAY ningún otro pueblo. Boulder lo pasamos como Caineville, es decir: aquí tiene que haber un pueblo, huy sí, mira, una indicación, no se ve ni una casa, estará ahí, eso parece un motel, FIN DEL PUEBLO. Seguimos adelante. Como todo sea igual, apañados vamos.


La carretera de Boulder a Escalante es muy impresionante. Es un antiguo camino para mulas que va por la cuerda de la montaña, con precipicios a ambos lados de la carretera. Una gozada para la vista y un acojone para el conductor. Además, después de unos kilómetros aparece a la derecha el cañón del río Escalante, con sus curvitas y sus precipicios, lo cual lo hace todo mucho más entretenido y emocionante.




Escalante
es un pueblo pueblo, de los típicos de las películas: carretera, cuatro casas a un lado, cuatro al otro y las demás escondidas por detrás. Tiene cuatro o cinco moteles. El que mejor pinta tenía estaba tomado por el club de m
oteros belgas y tuvimos que ir preguntando por los demás hasta meternos en The Padre Motel, que tenía una pinta muy Psicosis.


Hasta el dueño llevaba su gorrita con el logo de la Asociación del Rifle. Cuando preguntamos en recepción que dónde se podía cenar (serían las 8 de la tarde) resoplaron y me dijeron "Hey, this is smalltown america, man" y me señalaron la gasolinera para que compráramos guarrerías. Menos mal que al final del pueblo había un sitio donde nos dieron de cenar. De madera, típico tipiquísimo de peli del oeste.


No nos hemos encontrado con un sólo tópico sobre el alcohol en Utah. Tanto rollo con que si era algo casi prohibido, que no estaba permitido mostrar la carta ni los precios a no ser que lo pida el cliente, que beber está mal visto, que miran mal a los extranjeros... nada. Lo de que apedrean a los gays ya no quisimos comprobarlo.

Pues eso, al que vaya, que a dormir en Boulder o Escalante porque si no no hay nada hasta Bryce Canyon, y lo que en el mapa es un centímetro en kilómetros son casi 100.


Al día siguiente seguimos por la carretera 12 hasta el Kodachrome Basin State Park. Qué quieres que te diga, supongo que porque nos daba curiosidad el nombre. Pero no. Sí, es un sitio mono, tiene sus roquitas rojas, sus formaciones curiosas, sus rocas en forma de polla, sus arquitos y tal, pero después de haber visto lo anterior y lo que nos quedaba por ver, para mí es totalmente prescindible. Es perder casi dos horas de visitar Bryce Canyon, que está al lado.



Bryce Canyon quizás tenga el paisaje más impresionante de los que hayamos visto, porque combina montaña, desierto y cañones. Tiene forma alargada y la manera de verlo es tirar en coche hasta el final, hasta el punto más lejano, y luego a la vuelta ir viendo uno tras otro los miradores. El color rojizo de la tierra, el efecto del sol, los cambios de luz... un pasote, vamos. Con unas pocas horas de visita se puede uno hacer una idea, pero si se tiene tiempo y aguante lo de pasearse por entre los hoodoos (formaciones rocosas que son como los churritos que haces con arena en la playa) tiene que ser alucinante. Bryce Canyon es un destino imprescindible y prioritario en esa zona.




Como nosotros somos muy organizaditos, fuimos a ver la puesta de sol a Cedar Breaks, abandonando ya la Route 12. Cedar Breaks es un gigantesco anfiteatro del que surgen un montón de pequeños cañones que van convergiendo en la parte inferior. No es que sea una visita imprescindible pero si hay tiempo y si se pilla la luz rojiza del atardecer es bastante espectacular, y casi más viéndolo desde abajo que en los miradores de arriba. Además, de camino está el Lago Navajo y se puede dormir después en Cedar City.



Ojo a los que tienen bypasses y problemas de corazón: Cedar Breaks está a más de 3000 metros de altura.


Cedar City ya está en la Interestatal 15 y tiene moteles y restaurantes. Por supuesto que es igual de inhóspita que todas las ciudades de allí: tienes que ir en coche a todos lados y una pinta de polígono industrial dequetecagas, pero mira, encontramos un motel Best Western la mar de apañado y más barato que el cutremotel de Escalante. A los Pikitonis además les tocó una suite que parecía hecha para Jayne Mansfield.


Es zona de caza, y el restaurante en el que cenamos estaba repleto de piezas cinegéticas. Un delirio para los amantes de la taxidermia, vamos.


Ay, taxidermia, ya me andaba entrando a mí cosilla. Yo en los USA y mi tx en los madriles, ains...


Nuestro último día de periplo por Utah fue para visitar Zion. Fuimos desde Cedar City, pero todas las guías aconsejan llegar desde Bryce Canyon. Aquí, a tu elección: o haces el recorrido que hicimos nosotros o desde Bryce pasas de visitar Cedar Breaks y visitas a renglón seguido el parque de Zion entrando por un túnel que según dicen es muy espectacular (a saber).


Zion no nos emocionó en particular. Lo mismo es que ya estábamos sobresaturados de paisajes, que la sequía de este año lo había dejado un poco deslucido o que era inevitable compararlo con otras maravillas ya vistas. Es un valle bastante cerrado con unas montañonas gigantes a los lados. Me imagino que siendo un poco más aventurero y estando más tiempo el recorrerse los senderos tendrá su punto, especialmente uno en el que tienes que meterte directamente en el río. No se puede ir libremente en coche sino que hay que coger unos autobuses para recorrer el parque. Sí, está bien, pero se presta a soltar la típica frase de "La garganta del Cares es más bonita".


Por todos lados, cartelitos de no alimentar a las ardillas, que son superpeligrosas. Nos acordamos de la anécdota de Miss Perla de Vichy antes de ser abducida, que nos contó cómo siendo mocita intentó salvar a una ardillita de morir ahogada en un depósito de agua y la muy puta le arañó todo el cuerpo.


Tras comer en el espantoso self service de Zion, tiramos millas de nuevo y, cansados de tanto campo, tanto cañón y tanto desierto, decidimos que lo nuestro es en realidad el turismo urbano: nuestro próximo objetivo era... LAS VEGAS.


Continuará (supongo).

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