Tiramitú


Me pone un mensajito mi amigo la segunda dama de honor de la fiesta de la anguila de la horta sud para que le pase la receta de mi celebrado tiramisú. He buscado por mis discos duros y voilà, aquí está. Como cada cual hace este postre a su manera y todo el mundo dice que el suyo es el auténtico, yo bautizo mi postre como Tiramitú, así nadie me dirá que no es el original original.

Ingredientes:

- 500 gramos de queso mascarpone (2 tarrinas)
- 4 yemas de huevo
- 2 claras de huevo (las otras dos tú verás qué haces con ellas)
- 200 gramos de bizcochos de soletilla (una bolsa de los blanditos)
- de 50 a 100 gramos de azúcar glas (en polvo)
- Chocolate de postre (para rallar) o cacao en polvo.
- Café
- Amaretto.


Dificultad: media. Es sencillo pero se enguarra muchísimo la cocina. Tontas, torpas y taradas abstenerse, hay demasiados ingredientes y fases.

Tiempo: si tienes pinche que te ayude, en menos de media hora está listo, pero después tiene que reposar por lo menos dos o tres horas en el filorífico.

Calorías: Todas y más. Ideal para hacer sufrir a tus amigas en perpetuo régimen.

Recipientes: Se necesita una fuente grandecita y alta, preferiblemente rectangular. La de Pyrex para hacer pollo asado en el horno viene divina. Boles y platos varios.


Empezamos.

Lo primero, ponemos a hacer café en una cafetera italiana de por lo menos 6 tazas. Si sobra lo tiras, pero que no falte, porque la cagas.

Mientras se hace el café, colocas la mitad de los bizcochos de soletilla en la fuente, intentando que quede todo bastante tapadito y apretadito. Da igual si los rompes.

El café lo echamos en un plato y le añadimos un chorro de amaretto a gusto del consumidor. Vas mojando uno a uno los bizcochos sobrantes y los vas poniendo en la fuente encima de los anteriores formando una segunda capa (las pinzas de pescado son ideales para cogerlos sin que se desmoronen). Una vez colocada la capa emborrachada, con una espumadera o cuchara se aprieta muy bien contra la primera, para que quede una capa continua y semi-fundida con la anterior seca.
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La crema:

En un bol grande echas las cuatro yemas, el azúcar y las dos tarrinas de queso y a batir dale que te pego con la de varillas manual. Un parto.

El asunto del azúcar es delicado: la receta original dice 100 gramos. A mí me parece una barbaridad porque mata el sabor del queso. Pero si te quedas corto de azúcar no parece un postre. Mi manera de hacerlo es ir echando azúcar y probando hasta que esté dulce pero no empalagoso. Excepto para las muy glotonas, siempre es mejor quedarse un poco corto de azúcar que pasarse.

Segunda parte de la crema:

En un plato hondo bates las dos claras a punto de nieve (más coñazo aún). Después, se mezcla con la espátula con la crema anterior MUY DESPACIO, para que quede una mezcla esponjosa tipo soufflé. Esto es muy importante.

Una vez hecha la crema, se vierte en la fuente sobre las capas de bizcocho.

Espolvoreas cacao en polvo por encima (o chocolate negro de rallar) hasta que quede totalmente cubierto.

Y hala, a la nevera un par de horitas mínimo.

Resultado: exquisito.
Te quedas con la gente, de verdad.


Ingredientes alternativos:

NO VALE hacerlo con queso Philadelphia. El sabor es totalmente distinto. En caso de que no se tenga más remedio, añadir azúcar hasta que parezca un postre y no una salsa para ensalada.

El amaretto se puede sustituir por coñac. No es lo mismo pero no desgracia el postre. Vamos, si lo venden hasta en el LIDL. Desde luego, nunca utilizar licores dulces como Cointreau (¿estás loca, tía?). Vodkadictas contenerse: tampoco vale. Si lo van a tomar niños, se puede obviar el licor y el café puede ser descafeinado.

El cacao en polvo es más elegante que el chocolate para rallar, y enguarras mucho menos. En caso de desesperación, se puede utilizar Nesquik o ColaCao, so cutras.

Otras formas de morir dulcemente: CLIC.

Por cierto, nen, ¿que tal te salió?

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