Lubris

PORCULIZACIONES CON DESLIZAMIENTO:

Hay personas que tienen el culo más dado de sí que la goma de cinturilla de las bragas de Bridget Jones (podría poner alguna análoga real conocida pero tampoco es plan) y otros a los que les cuesta un triunfo (sin operación) que algo les entre.


Y luego hay días y días. Desde el “me cabe todo” al “cancelado por causas operativas”. Desde el “seco y cuarteado cual desierto de Almería” al “me chorrea el helado”.

Hay quien usa el lubricante sólo en casos extremos de cerrazón pertinaz. Yo prefiero utilizarlo siempre: tanto si se está estrecho como dilatado, tanto si estoy de activo como de pasivo, tanto si se trata de elementos naturales como de artilugios diseñados para el placer: facilita muchísimo las cosas y evita molestias posteriores, fisuritas, heriditas... y no sigo.

Hoy voy a hacer un repaso (porque me sale del mismísimo potorro) a los distintos lubricantes anales. No todo van a ser patios y florecitas, coño.

1. La saliva: Lubricante de emergencia, útil y natural, aunque no tan eficaz como los artificiales especialmente diseñados para el efecto. Para ayudar a la lubricación pero un poco incómodo -y hasta cansado- como para usarlo como úncio elemento para facilitar el deslizamiento. Empleada por marifetichistas, lederonas, warr-as y third-as para excitarse.

2. La vaselina: AAAAARRGHH, los ultrapreventores del VIH habrán puesto el grito en el cielo al leer esto. La vaselina corroe el látex y rompe los condones. Pues sí, en efecto, pero hay que ser muy, pero que muy bestia, para que se te rompa un condón usando vaselina. O tirarse dos horas y media follando, vamos. A mí sólo me ha ocurrido una vez y no estoy seguro de que la ruptura fuera por corrosión. Es muy natural, pringa lo justo y la polla (oooh, ha dicho pollaaaaa) entra divinamente. Además, para las más cerdas, al ser semisólida tiene el atractivo añadido de meter la mano a saco en el bote y sacar un puñao con los dedos (higiene y contaminaciones bacterianas aparte). La vaselina funciona y es barata, pero es muy guarra y además corroe condones, así que no la uséis, nenes.

3. El K-Y. Lo odio. Es el lubricante “de farmacia” (conozco a muchos que sólo compran lubris en farmacias porque no se fían de otras cosas). Creo que ya han cambiado el tubo metálico tipo pomada/pasta de dientes con el tapón que se pierde a la mínima de cambio (y es que si estás a la faena, lo que menos te preocupa es tapar religiosamente el taponcito después de untarte). Pero vamos, que el envase es (o era) horrible. El producto, además, se seca enseguida y hay que tirar de saliva para reactivarlo. Un asco.

4. El WET y geles similares. Aguantan mucho más que el KY de los cojones, pringan poco y van bastante bien. Jamás he comprendido por qué hay tantísimas variedades. Una marica austriaca en una sexshop vienesa me dijo que básicamente eran todos lo mismo pero que dependía de la viscosidad. Yo destacaría el BODY ARS GEL, que viene en un dispensador tipo jabón líquido para manos y es comodísimo para aplicar: te echas el chorrete y te olvidas de tapones.

5. El gel para endoscopias y similares: Es ese producto que te ponen por la tripa en los análisis médicos cuando te exploran con el alien ése. Básicamente es lo mismo que los geles anteriores pero no sé por qué está helado. El problema es el suministro y que habitualmente está a granel, así que a quien le dé repelús que pueda estar al aire y coger todo tipo de gérmenes, que no lo use. Tiene también el añadido morboso de meter la manaza.

6. DUREX PLAY. Del tipo también de geles, es barato y lo puedes encontrar en el super o en la parafarmacia del cortinglés. Tienen tres variedades: Normal, Efecto calor y Efecto Fresco. Atención: se nos ocurrió usar el Fresco(verde) para ver si era fresquito Y PICA COMO UN DEMONIO, tanto en el culo como en el capullo, así que no me quiero ni imaginar cómo será el Hot. Están locos. El normal está bien, tiene aplicador de apretar (cómodo) y viene en envase pequeñito que puedes meter en las bolsas de plástico esas de los controles de seguridad del aeropuerto.

7. El PJUR (antes EROS) y bodyglides similares. Los de botecito negro, vamos. Cuando mi primer marido leyó la composición dijo asustado: “Si tiene lo mismo que lo que uso yo para la correa de la moto”. Algún polímero extraño. Es muy líquido y pringoso, parece grasiento sin serlo, hay que echar mano del kleenex para que se te vaya de las manos y no se te escape la pareja al agarrarla. Lubrica muy bien y salvo el pringue es el que da menos sensación de estar usando algún tipo de producto.

8. Jabones y geles de baño. Usados en un momento de despendole en la ducha. Prácticos, pero no lubrican demasiado y además hay que tener cuidado con los aromaterapias y similares, no te vayan a incluir extracto de ortiga o de menta. Ya me entiendes. Las cremas y bodymilks: Cuando te las ponen de gratix en el hotel, pues vale, pero ¿a quién se le ocurre?

9. El tiramisú de MERCADONA. Y todo tipo de emplastos comestibles: nata en spray, chocolates, margarinas, helados... Lo primero, es un timo, porque de tiramisú no tiene nada: es un postre de nata con cacao y punto (¿dónde está el mascarpone, ¿eh?) Vale, te puedes hacer la ilusión de ser Kim Basinger, Jessica Lange, Maria Schneider o Angela Lansbury por unos minutos, pero vete preparando la lavadora, porque se pone todo perdido. Puede dar mucho morbo y estimula el trabajo oral (me lo como to), pero ojo a los asquerositos cuando el producto cambia de color al acercarse según a qué partes corporales o el aspecto pringoso marronuzco que adquiere todo. Divertido, pero supercerdo.

10. ¿Y tú cuál usas?

No me lo puedo creer, he escrito el post del tirón. Qué Puer-K.

Blog Widget by LinkWithin