Festival Gong Li

Yo definiría La maldición del la flor dorada como un espectáculo cromático y un Festival Gong Li. La película de Zhang Yimou se aleja de las batallitas tribales en alegres bosquecillos para centrarse en el mundo del palacio imperial de Pekín (ah, que ahora se dice Beijing). Y el ritmo cambia. De lo trepidante de otras historias suyas se pasa a la parsimonia y el esplendor palaciego.
La película es pausada, ceremonial. En su argumento y su ritmo se asemeja a una tragedia griega. Puede llega a aburrir y desesperar en su lentitud, sobre todo en la primera parte, en la que parece un film vacío de contenido envuelto en lujo, colorinchi y dorados de grandilocuencia extrema, un rococoquismo total. Es una manera de verla (y ya he leído críticas que la ponen a parir por eso), pero también puede verse como una historia tremenda y terrible escondida tras el hieratismo de unos personajes encorsetados bajo su espectacular exceso de lujo.
No llega ni por asomo a la profundidad de la fantástica Héroe pero al menos a mí me gustó mucho más que la de las bragas voladoras. Aviso: puede desesperar por su estatismo extremo y su lentitud (mi tx se revolvía en la butaca). Gong Li está megaestupendísima, con sólo una mirada o un fruncir de labios expresa más que Cate Blanchett pegando gritos como una loca en la del Escándalo, por ejemplo. Y el actor que hace de hijo mediano es un chinito muy merendable. El colorido del palacio me recordaba al color de los cócteles exóticos que hacemos en casa de Betty Mármol.
Puntualizaciones (bis): Me gustaría decir eso de "no quisiera ser pedante pero...", pero es que es mentira, a veces me encanta. Lo siento, chica, te ha tocado a ti. Los fusilamientos de la Moncloa fueron el 3 de mayo. El auténtico cuadro del 2 de mayo es éste. ¿A que soy asqueroso? Juis juis. Y ya seguiré con Londres, leches.

Dorados y lentejuelas para todos.

Editando: el chinito merendable es Jay Chou.

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