Las mamás de las amiguitas de mis sobrinas

Las fiestas de cumpleaños de mis sobrinitas (y no me estoy refiriendo a Rocío de la Mancha sino a las de verdad) son cada año un acontecimiento perturbador para mí. Las culpables no son las dulces y gritonas niñas, sino sus mamás. Ignoro por qué, pero ejerzo una extraña fascinación sobre estas señoras. Imagino que porque soy el único varón asistente que puede tener una conversación frívola y banal con ellas sin que se sientan sexualmente acosadas. PROMETO que jamás he hablado de trapitos, aunque es posible que sí de recetas de cocina, la Fanta naranja quizás me haya hecho decir alguna tontería. Espero de veras que no sea por insatisfacción conyugal de las susodichas.

El caso es que entre que para mi hermana lo de la planificación familiar no es lo suyo y que por esa tendencia tan hispánica y matriarcal de reunir a la familia vivimos y trabajamos todos en la misma zona geográfica, he descubierto que las mamás de las amiguitas de mis sobrinas ME TIENEN FICHADO.

Así, de repente, salgo a comprar el periódico y una mujer joven se me queda mirando. Yo quien quiero que se me quede mirando es el albañil de la obra de al lado o el repartidor del Caprabo que está detrás de ella y a quien dejaría que me repartiera, repusiera y colocara como quisiera, pero NO, es una sonriente mujer. Algunas veces me quedo mirando intentando averiguar quién es, y si ella es discreta simplemente sonríe, baja la mirada y pasa de largo. Pero otras veces la mantiene y me dice: "hola". Yo contesto educadamente, pongo la más falsa de mis sonrisas (mi ya famosa cara de vacío cerebral) y seguimos cada uno nuestro camino. Ella se queda con la satisfacción de haber sido correspondida en el saludo y sintiéndose reconocida, y yo lo medito durante tres segundos y me olvido. ¿Se supone que me tengo que acordar de quién es, cómo se llama su hijita y de quién de mis múltiples sobrinas es amiga? Qué stress.

Pero hay veces que la cosa se pone más violenta. Y eso ocurre con una a la que ya tengo calada. Cada vez que coincidimos se me acerca y me da animada e incómoda conversación. Se lo comenté a mi madre y me dijo: "Huy, cuidao con esaaaaa". Y no le faltaba razón: en la última me soltó directamente que estaba sin trabajo y que qué casualidad que mi oficina está justo al lado de su casa.

Pero es que el colmo llegó cuando este finde una de mis encantadoras sobrinas (8 años) tiene esta increíble conversación conmigo:
- Oye, tío, ¿conoces la canción Hotel California?
- Sí, claro. (Yo preguntándome que dónde habrá oído esta niña esa antigualla)
- Es que la mamá de Claudia me dijo que tú la conocías.

Por partes: Cuando yo era pequeño, si a tu mamá se le ocurría ponerte Claudia de nombre no le dirigías la palabra en años, ahora es hasta fashion. ¿Cómo coño he salido yo en la conversación? ¿Quién es la mamá de Claudia para convertirme en un adicto a Kiss FM? ¿Sirve de algo grabarle a mis sobrinas canciones de Chico y Chica, Stardu, Corazón, La Monja Enana o La Casa Azul para que luego se me relacione con Los Eagles? Y, sobre todo, ¿qué extraña fijación tiene la mamá de Claudia conmigo? Es que ya tiemblo.

No vayas a las fiestas de tus sobrinas, me diréis.

No es tan fácil porque, aparte de comerme los restos de tarta (a los niños de hoy la tarta de cumpleaños no les hace la más mínima ilusión y no les gusta, no se la comen), cuando a las ocho y media llega la hora de la retirada... APARECEN LOS PAPÁS DE LAS AMIGUITAS DE MIS SOBRINAS.

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