Baccara Tour 2017. 4- El Rin romántico

 
¿Qué? ¿Ya estás aburrido de tanto viajecito por Alemania?
Pues nos quedan aún un par de entradas, relájate y convulsiona un poco.
Nos habíamos quedado en Köln (clic), donde nos quedamos sólo una noche por la convención esa de videojuegos de las narices. Así que la segunda noche la hicimos de nuevo en Koblenz, y de allí partimos al día siguiente tempranito a hacernos...

La ruta de los castillos del Rin
(El Rhein)
Desde Coblenza hasta Maguncia



Veamos, se puede hacer el recorrido de tres maneras:

El llamado Rin romántico va de Mainz hasta Koblenz, y está salpicado de castillitos a ambos lados del río. Unos son hoteles, otros restaurantes y otros visitables. Si tienes tiempo (y dinero para pernoctar, claro) puedes ir en coche de uno a otro viéndolos y diciendo "oh, qué mono". Otra opción es ir en barco y verlos desde el río, también con opción de parar en alguno.

Pero como nosotros somos unos cutres lo que hicimos fue hacernos en un solo día el recorrido del Rin, al modo de lo que hicimos con el Mosela (clic), haciendo algunas paradas.



Nada más salir de Koblenz te topas de frente con el imponente castillo Stolzenfels, que es muy amarillo. En todas las guías se recomienda la visita porque es el único que no ha sido destruido nunca.




A partir de éste vas viendo castillitos random por todos lados, así que si te interesan lo mejor es que te agencies una guía turística y te enteres de la historia de cada uno. Nosotros parábamos en la carretera, sacábamos la foto de rigor y seguíamos adelante.


Nuestra primera parada fue el pueblo de Boppard, que es mono (sí, como todos) pero no nos volvió locos. Tiene una calle central muy comercial y poco más.


La iglesia de San Severo (como Snape) es románico tardío, así, curiosa.


Pero lo que más nos chifló fue ver una tienda de adornos navideños ¡abierta en agosto! Es una franquicia de tiendas que están abiertas todo el año e imagino que a los locales no les impresiona lo más mínimo, pero podéis adivinar quién se volvió loquísimo del potorro brujuleando por la tienda.


En saliendo de Boppard carretera alante llegamos a la roca Loreley.
La roca Loreley viene siendo lo que la Plaza de Santa Ana de Madrid: una trampa para turistas, pero en plan geológico en vez de con terrazas.


Es decir, no le veo el más mínimo interés. Es un peñasco en el que el río es muy profundo y hace una curva algo cerrada, y como había muchos naufragios de barcos allí, se inventaron una leyenda.
Es una roca famosísima en la que se colocaba una sirena que encandilaba con sus cánticos a los navegantes del Rin y los hacía hundirse. Ya ves, simpática ella. Hay otro poema que dice que era una muchachita de un pueblo cercano que fue llevada a un convento trans un desengaño amoroso. Al llegar a la roca volvió la cabeza y vio a su amado a caballo con otra. Ella se tiró al río desde el acantilado, como es menester. 

Yo me quedo mejor con la canción The Lorelei, de los Gershwin, pero no he encontrado en vídeo la versión de Kim Criswell, que es la que más me gusta. Te dejo otra aleatoria:


Siguiente parada: Bacharach (¿Burt?)
Pueblecito encantadoooor que se extiende a lo largo del río con su castillito arriba.



Lo más interesante de Bacharach es pasear por la antigua muralla, que forma parte integrada de las casas más exteriores a modo de soportales.

En el interior, la típica calle preparada para la fiesta de la vendimia. Y van....





La iglesia de San Pedro tiene como curiosidad capiteles policromados, entre los que destaca uno que muestra a una mujer con dos serpientes mordiéndole las tetas. Era un aviso medieval a las mujeres de los peligros del adulterio (ya se sabe que ellas son las únicas culpables, no hay serpientes mordiéndole la polla a un hombre). Querida, avisada quedas.



Ruina gótica que inspiró a atormentados escritores decimonónicos surtidos:



Saliendo de Bacharach... cruzamos el río en ferry.



Aquí tendría que poner un vídeo muy gracioso en el que salgo cantando el inicio de la Tetralogía de Wagner (Das Rheingold, en concreto) haciendo las voces (las tres) de Woglinde, Wellgunde y Floßhilde, las Rheintöchter, pero como sale el Tx en el vídeo (muy claramente y muy guapo) y me prohíbe que lo exhiba en el blog, mejor apáñate con la desopilante versión de Anna Russell (hay que entender inglés, sorry).



Al otro lado del río (más castillos, más castillos) llegamos al siguiente punto en el que las guías turísticas recomiendan parar: Rüdesheim.



Pues yo te diría... ¡no pares ahí, sigue por el lado del río por el que ibas, visita Bingen, y luego ya lo curzarás! Pero nosotros no lo hicimos.

Rüdesheim es una especie de horror turístico con paseo marítimo (bueno, paseo fluvial). Está petado de tiendas de souvenirs y restaurantes típicos, y lleno, pero lleno de turistas. Menos mal que fuimos un lunes y se podía circular.

El atractivo principal es Löhrstraße, un callejón peatonal ultraestrechujo donde puedes comprar todos los imanes de nevera que quieras.



También hay un museo de autómatas, una casa de Mozart (creo, no me hagas mucho caso) y un telesilla que te sube hasta el Niederwalddenkmal, un monumento desde el que se tiene una panorámica del Rin y los viñedos.



Y esto es lo que cundió nuestro día por el Rin.
Porque ya por la tarde llegamos a otra ciudad que nos gustó mucho.

Continúa... aquí.

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