Desde hace tiempo me estoy dando cuenta de que voy acelerado todo el día, hago las cosas deprisa y con ansiedad porque siempre hay algo que tengo que hacer inmediatamente después. Y que dejo de leer de verdad para perder el tiempo scrolleando en miles de píldoras inútiles de información que lo únicoque provocan es hacerme saltar de vínculo a vínculo.
Y que ya no escucho música sino fragmentos, que tomo con necesidad saber qué ha salido cada viernes para escuchar unos segundos y pasar a la siguiente canción que tampoco escucho entera mientras voy en coche.
Y, sobre todo, he perdido la capacidadde disfrutar un álbum de música entero, su cara A, su cara B.
Ahora voy en tren. Y me he buscado un disco que no escuchaba probablemente desde hace más de 20 años y que no está ni en Spotify: "El mundo, la carne y el diablo", de Heroica. Me lo he puesto de pe a pa, sin saltar ni avanzar.
Y me ha vuelto a encantar, y me he sorprendido a mí mismo sabiéndome casi todas las letras. Y al terminar me he sentido muy bien. Y me he puesto a pensar en que lo mismo que pasa con las canciones, con los vídeos, me pasa a veces con las relaciones personales.
No les dedico todo el tiempo quemerecen. Quizás un like, una carita sonriente y ya.
Y no. Ayer por la tarde me llevé un disgusto horrible: un amigo de Barcelona sufrió un infarto, estuvo en coma dos semanas y hace dos días declararon su muerte cerebral, lo desconectaron y donaron sus órganos.
Era unos años más joven que yo. Quedé devastado. No teníamos contacto de seguido pero nos conocimos hace más de 25 años, vino a cenar a casa un par de veces y siempre era una alegría vernos, la última vez por casualidad en Sitges este año.
Nos conocimos en aquella época en la que internet no dejaba huellas tipo likes, sino que te conectabas, charlabas y sabías de la otra persona aunque estuviera a cientos de kilómetros.
Justo cuando apareció Facebook y luego Instagram empezamos a tener menos contacto, ya parecía que sólo con poner un corazoncito a una publicación era suficiente para mantener una amistad. Y no.
He pasado la noche pensando en lo importante que es rodearse de gente buena y procurar serlo, y que merece la pena dedicarles algo más de tiempo, aunque sea sólo un hola cómo estás, que el mísero like. ¿Lo conseguiré?
No sé si escribo todo este rollo para autojustificarme o como necesidad de eso que llaman "casito", pero mira, necesitaba expresarme. ¿Cuándo dejamos de escribir blogs para limitarnos a la inmediatez ínfima de los ciento nosecuantos caracteres?
Después de probarnos varios trajes imposibles dimos con el que nos gustó: una chaqueta de color liso con brocado. Azul marino para el Tx y verde botella para mí. En las fotos y de lejos se ve como una chaqueta lisa pero si te acercas o le da la luz tiene mucho brillo.
Lo que dijo la de la tienda: es una chaqueta sencilla pero cuando alguien te ve dice "es el novio". Y es lo que queríamos, algo que se viera de fiesta sin ser una mamarrachada.
El pantalón es uno negro sencillo para ambos.
Íbamos a ir iguales pero de distinto color.
Por supuesto que dijimos que NO a las horrendas corbatas con nudos recargados y sus alfileres horripilantes de taxidermista coleccionista de mariposas. Pajarita, directamente pajarita.
Mi traje llevaba un chaleco color champán y el suyo uno azul oscuro a juego con la chaqueta. Muy guapos, muy elegantes pero también excesivamente formales. Como me decía mi mejor amiga: sí, pero no eres tú.
Tx se puso a cambiarnos los colores de las pajaritas en photoshop. Y luego los chalecos: el de él de un mortecino color azul oscuro sin gracia alguna. El mío de muy buen tejido pero también muy seriote. A mí me gustan los colores vivos.
Y finalmente compramos un chaleco rosa clarito para él y otro naranja para mí (que sí es verdad que resultó un poco chillón al final y a mi madre le dio un peperleque cuando me vio).
El resultado...
Justo lo que queríamos: serios pero de fiesta.
Y además reaprovechables ya sin chaleco o con los chalecos discretos originales.
Y nos parecemos a los muñequitos de la tarta , que caaasi son iguales pero no, porque nos los hicieron con corbata.
En este blog (y en mi antigua página de Geocities, la ya finiquitada BONG), siempre fui muy fan de Dannii Minogue.
Dannii lo tiene todo para ser una diva trash: ha tenido un relativo éxito pero siempre ha estado a la sombra de su hermanísima Kylie, empezó pegando saltitos y en sus horas bajas se pasó al bando de las sexbomb y acabó saliendo en Playboy. Luego ha sido jurado de concursos variados, protagonista de musicales, carne de televisión.
A su favor, tiene algunas cancionazas de baile que en su época fueron auténticos trallazos.
Y aquí la tienes, en 2026, a sus 54 espléndidos años, sacando canción junto a Rogue Traders, Dirty Dirty Disco, en plan señoronas estupendas: