Baccara Tour 2017. 1- Trier


Bueno, estamos en noviembre y aún no he contado el viaje de este verano. Qué retraso. Te cuento: con la excusa ya inaplazable de ir a ver a amigos que viven en Angelamerkelandia y aprovechando las nuevas rutas de Ryanair (todo muy lowcost), Tx y yo nos liamos la manta a la cabeza y, uno de blanco y otro de negro, nos hicimos el

Baccara Tour 2017

- ¿Y por qué Baccara?
- Porque empezamos en Luxemburgo
- ¿?
- Esta gente joven y estos eurofans para los que Eurovisión sólo existe después de Rosa...



Pero nuestro Baccara Tour fue muy poco Baccara porque al final de Luxemburgo Luxemburgo vimos el aeropuerto, la estación de tren y un poco de paisaje. Problemas de conexión. Embarcamos a su hora, pero por congestión aérea acabamos saliendo casi una hora tarde, con lo cual perdimos el bus que nos llevaría a nuestro siguiente destino y tuvimos que ir al centro de Luxemburgo a coger el tren. Nada grave, porque nuestro objetivo no era ése sino...

Trier
Tréveris, para amantes de lo latino
(y con latino me refiero al de verdad, no al reaggetón).

Mira, mira, desde el avión vimos París:


Así que dejémonos de conjuntos musicovocales femeninos enemistados de finales de los 70 y vayamos al viaje en sí. Tras unos tres cuartos de hora en tren llegamos a la encantadora ciudad alemana de Trier, donde nos esperaba un famoso y conocido exbloguero que nos hizo de fantástico guía turístico.


Trier es una ciudad de tamaño medio (¿100.000 habitantes?) en el estado de Renania-Palatinado que se extiende al lado del río Mosela, muy visitable, con cosas interesantes de ver. En plan exprés se puede ver en un día y, con tranquilidad, en un par de ellos.

Como casi todas las ciudades alemanas, fue arrasada en la 2ª Guerra Mundial por los bombardeos aliados, pero afortunadamente los restos romanos casi no fueron tocados y se reconstruyeron varios edificios del centro histórico, con lo que merece la pena la visita.

Una de las cosas que más me llamó la atención es la ornamentación de las fachadas. En casi todo edificio antiguo o reconstruido están llenas de detalles y adornos:






Esta última es muy valenciana, no me digas que no.

Las dos grandes plazas visitables del centro de Trier son Kornmarkt y HauptMarkt, y las calles de alrededor son las que mueven el comercio  de la zona.


Kornmarkt, donde se celebra el Orgullo Gay treviriano (todo hay que decirlo).


Aquí, la moda local, excesivamente descocada para nuestros gustos catolicorreaccionarios.






Desde Hauptmarkt merece la pasarse a la iglesia de San Gangolf ¿Gangolfo? Qué nombres, de estilo gótico y con una restauración muy curiosa de la bóveda de la nave lateral, muy floreada y policromada:




Un poco más allá, la catedral y la Iglesia de Nuestra Señora, que están conectadas, pegaditas la una a la otra y que no pretendas visitar por la tarde porque tienen unos horarios... alemanes.







En la catedral de Trier se conserva la Túnica Sagrada. O sea, la de Victor Mature y Jean Simmons, la auténtica de verdad. Al parecer, nosequé emperatriz bizantina se la encontró en Jerusalén y se la llevó a Tréveris donándola a la iglesia allá por el siglo IV, aunque no fue hasta el XII cuando se empieza a hablar de ella. Tradiciones varias. Te lo creas o no, está en una capilla en el altar superbarroquísima que nos encantó:



Más interesante que la catedral es la gótica Iglesia de Nuestra Señora, adosada a ella, con planta de cruz griega y algunos frescos del siglo XV:



Pero no acaba aquí el turismo eclesiástico, que nos faltan un par de ejemplos que son lo más.

Saliendo de Hauptmarkt hacia el norte pasamos por LA CASA DE LOS TRES REYES MAGOS.


Sí señor, la auténtica casa de los Reyes Magos. ¿Que te creías que venían de Oriente? Pues  no, eran alemanes, fíjate. Y la puerta de su casa estaba a unos 5 metros de altura (mira la foto). Y luego nos quejamos de que los niños pierden la inocencia cuando los compañeros de clase les dicen que son los padres. 

Y un poquito más allá... Porta Nigra.


Es una edificación romana imponente. Una fortificación del siglo II, puerta de entrada a la ciudad y ejemplo perfecto de cómo era un edificio romano de tierras bárbaras: sólido, funcional, sin ornamentos. En serio que deja impresionado.


Saliendo de Porta Nigra hacia el norte se llega a uno de los delirios barrocos más cucos de Trier: la iglesia de San Paulino. Así por fuera no parece gran cosa


Pero en cuanto te acercas y te metes dentro...








Guau, o sea guau. Vale, está reconstruida, pero de una manera superhistoricista. Impresiona el juego de profundidades, de escenografía barroca, la cantidad de planos visuales que hay. En serio, en foto no se aprecia.
Es como si se hubieran juntado un interiorista demenciado con una chiflada maleni de Guerra de Cupcakes. ¡Si hasta el coro es rosa!




Curioso, la iglesia de San Paulino no viene en algunas guías. Vale que está a unos 15 minutos andando de todo el centro de Trier pero... error absoluto.

Y ya sí que terminamos con las iglesias con la Basílica de Constantino, actualmente una iglesia protestante. Es todo lo contrario a la anterior: planta basilical (es decir, un rectángulo plus ábside), totalmente carente de ornamentación y muy impresionante.





Trier tiene también otros restos romanos: un puente, unos baños y un anfiteatro. Pero Porta Nigra y la Basílica son los ejemplos perfectos para mostrar.

Para los que se sientan Princesa Disney muy cerquita un pequeño palacete con jardín y estatuas monas para hacerse el reportaje de fotos de la boda.


Y con esto hemos terminado lo que es la visita turística básica de Tréveris en un día (bueno, o Trier en dos). Lo que queda por ver está a las afueras, al otro lado del río, y conviene ir en coche o ser un senderista consumado y tener unos gemelos de hierro, porque hay que subir la colina hasta Mariensäule.


Es una columna con una virgen subida en la que hay un mirador para ver todo Trier desde arriba:


Y también se pueden apreciar otras vistas:




Desde allí paseando por la cuerda de la montaña se llega hasta el barrio de San Markus...


donde puedes aprovechar para tomar un café con tarta y ya sentirte el turista más maleni del mundo




Bueno, y hasta aquí el recorrido turístico por Trier en dos días. Suficiente. Ah, que también está la casa de Karl Marx (nació allí) No nos interesaba, pero para los muy concienciados socialmente y anticapitalistas varios, tiene museo.

Y ahora detallitos de la vidia treviriana...

¡Un aperol Spritz de supermercado!
Con ITAROL y cierto tipo de vino espumoso de la tierra:


Que ni corcho ni leches, no hizo pum porque el tapón...



Y es que los alemanes son muy raritos... miremos por ejemplo este vino...


 


¡Vino VEGANO! ¡El colmo de la estupidez!
A no ser que se haga con uvas que se han caído al suelo y no se las has arrancado a la viña sin su consentimiento, oh salvaje humano.

Hay que añadir que Trier tiene una considerable programación cultural que gira alrededor del Theater Trier, edificio con una característica caja cúbica cuasibrutalista en el que hay teatro, danza, concierto, ópera...

Pero, pero, pero... 
¡Si me falta lo más importante por contar!
¿Que hicimos una fideuá con productos comprados en el súper de allí? (verídico).
¡No!

Hay que hablar de...

Palette


Lo has adivinado. Palette es el (único) bar de ambiente de Trier.
Y tiene una decoración diviiiiiina, presidida por ese torso dorado con calzoncillos de nochevieja.




Un miércoles por la noche Palette estaba completamente vacío, claro. Un grupo de parroquianos tomaban algo en una mesa situada en el exterior pero nosotros elegimos quedarnos dentro para disfrutar del acogedor ambiente y la música selecta. Como estaban poniendo éxitos internacionales le pedí a Belinda (el dueño del local) que nos pusiera algo alemán, schlager o similar. Error. Nos endilgó un cd enterito de una tal Helene Fischer, que es algo así como la Celine Dion teutona. Un suplicio.

 

Y vos, ¿sufrís intensamente?


(Lo siento, lo de las fresias seguimos sin entenderlo).
Seguiremos, que el viaje sólo acababa de empezar.
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