Julieta



Este finde tocaba ver la última de Almodóvar, Julieta.
Como de costumbre, fui en blanco: ni había leído entrevistas previas, ni sabía de qué iba la película ni, por supuesto, leí las críticas.

Empiezo y termino: no me ha gustado.

A partir de ahí ya la tenemos liada, porque a mis amigos sí. Entonces les pregunto que qué es lo que les ha gustado del film y la conclusión a la que llegan es que la culpa es mía, como si yo fuera un Carlos Boyero cualquiera.


Julieta es "cine de autor", no se puede valorar como cine de género ni como cine palomitero de consumo de ver y olvidar. Y ahí ya tenemos que entrar en los "códigos almodóvar": todo está cuidado al más mínimo detalle: la fotografía, el color, cada plano está calculado para ser "un marco incomparable". Es el sello de la casa.

Y para mí ahí radica el problema: resulta estéticamente fantástico que dos personajes se sitúen a un metro el uno del otro y de fondo se vea un mueble de diseño espectacular, un papel pintado setentero, un mar de postal o una colección de cerámica de Sargadelos. Pero si luego hablan como autómatas, lo que dicen es una memez o no se mueven un milímetro para no cargarse el plano preciosista, mal vamos.


Porque Julieta es un drama - drama en el que pasan cosas tremendas pero que, chica, a mí me dejan indiferente. Almodóvar ha sido parco en expresividad esta vez. El título original de la película iba a ser "Silencio": los personajes guardan silencio ante lo que les acontece, sufren en silencio, y sufren después las consecuencias de ese silencio. Lo terrible es lo que se callan, no lo que dicen. Ok, es su opción: la contención.

Una contención en los personajes, en los diálogos, en el guión... que pretende dar un aire de trascendencia a la película y, para mí, se queda en frialdad. Probablemente los relatos leídos resulten más impactantes, en cine no.


Emma Suárez sufre mucho y sufre bien. Adriana Ugarte está desaprovechadísima por culpa de un guión que no hay por donde cogerlo. La primera parte de la película (la parte gallega/andaluza, incluida una esforzada Rossy de Palma) es que no hay quien se la crea, y se hace pesadísima. Y los personajes masculinos son meros pasmarotes.

Lejos han quedado los tiempos en los que una exageradísima Marisa Paredes sufría lo indecible por no poder quitarse unos botines. Lejos han quedado también los tiempos en los que el público llenaba las salas. El sábado del fin de semana del estreno, en la sesión de las diez de la noche, el aforo estaba a menos de la mitad.


Los amantes pasajeros me pareció mala, pero divertida. Julieta me resulta muy poco interesante, por no decir un bodriete.


Ahora le agradecería a los que les ha gustado que hagan sus comentarios, que no quiero parecer un hater ni un destroyer (de hecho, te invito a revisar mis opiniones sobre Los Amantes Pasajeros, La Piel Que Habito o Los Abrazos Rotos), a ver si me hacen ver cosas que yo no he conseguido ver en este flin.


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