El roscón


Como dice un amigo mío, hasta San Antón Pascuas son. Y como yo procuro evitar los calendarios con santoral, no tengo ni puta idea de cuándo es San Antón, así que me siento libre para seguir hablando de

LAS NAVIDADESSSSSSS

(en este momento ofrezco toda mi cara redondota de hogaza de pan de pueblo para que me insultéis, lancéis tomates y fluidos corporales varios).

YA

Porque hoy toca hablar del día de Reyes.

Y no, no me voy a poner tonto con lo de la Cabalgata de la Carmena que, sin que me parezca ninguna atrocidad, simplemente me pareció feota. Y estoy totalmente a favor de la eliminación de ocas con estrés, camellos, mantos de armiño y bisutería del chino.

Hablamos del día en sí y su tradición más foquística:

EL ROSCÓN

Así que tiremos de historia:

Mi abuelo era pastelero.
Eso quiere decir que todos los años nos hacía en casa roscón de reyes.
No sólo a nosotros, sino a tíos, allegados, etc. Qué menos que dos roscones por unidad familiar y, en nuestro caso, tres o cuatro.
Básicamente creo recordar que hacía una docena de roscones cada enero.
Y con la masa que sobraba hacía suizos, con lo que teníamos bollería para los dos meses siguientes (y no se ponían duros, no).



Para que un roscón suba la temperatura de la zona de elaboración tiene que ser alta. Mi abuelo encendía el horno (por aquel entonces de gas) y lo dejaba abierto durante horas. Aquello era como una sauna sólo que sin hombres semidesnudos circulando ni condones por el suelo.
Los preparaba, les ponía un duro envuelto en papel de plata como sorpresa, los decoraba, horneaba y dejaba reposar en la terraza de la cocina de mi madre.


Para que te hagas una idea, mis padres viven en un noveno piso. Pues en el portal se olía a roscón durante un par de días (y todos los vecinos rabiando, claro).

Toda esta introducción, aparte de como pequeño homenaje a mi abuelo, sirve para que no quede yo muy pedante cuando diga que "entiendo" de roscones. Y es que, querida María Críspula, qué verdad es eso de que uno no valora las cosas hasta que no las tiene. Y, claro, anda que no he comido yo roscones malos, malos de cojones desde la muerte de mi abuelo. Y anda que no he tenido que soportar "la verdadera receta del roscón" que nos intentan colar cada año desde todas las webs que tocan el tema.

Un roscón tiene que tener una miga compacta sin estar apelmazada y tener un ligerísimo aroma a azahar (he dicho ligerísimo). No es pan ni es bollo, es... roscón.




Aparcada por fin la infame tradición de llamar roscón a cualquier bollo echarle un litro y medio de agua de azahar, ponerle dos frutas confitadas y un muñequito de resina del chinurri de la esquina dentro... parece que la cosa se ha normalizado un poco y, a pesar de que casi todos son ya megaindustriales y te los venden descongelados, voy a analizar los roscones que he probado este año desde el día de Navidad:

- El del SuperCor (El Corte Inglés): Malo. Comible pero muy mazacote, con la miga superdensa. Salvable por la nata (que lo camufla todo). 
- El de Granier: Malo. Del mismo estilo. Masa mazacote, sabor nulo. Clásico, sin nata. Da la impresión de totalmente industrial.
- El de Condis: Bueno. Masa apretada pero sin que se te haga bola en la boca al comerla.
- El de Mercadona. Aceptable. Muy rico de sabor aunque la masa no es de roscón, es de un bollo más ligero. Pero está muy bueno.
- El del chino del barrio. Proveniente de pastelería (industrial pero parece que especializada). Bueno. Buena masa, buen sabor. 


Me falta el de alguna pastelería artesana pero ¡ay! este año yo no he ido a comprar ninguno, jejejeje. Y ahora vamos al horror de los horrores:

- El roscón relleno de crema de chocolate de Carrefour, decorado con chuches.

Sí, con esto apareció mi cuñado el día de Reyes en casa:



Alguna mente ingeniosa habrá pensado: Con el relleno de crema de chocolate te evitas hacer el engorroso chocolate a la taza, y lo adornamos con chucherías para que se haga más atractivo a los niños.

No, o sea, no.

El emplasto con el que está relleno es una especie de chocolate a la taza muy denso, casi casi gelatinoso, con un sabor deplorable que anula absolutamente todo. Incluido el roscón, de deficiente calidad e insuficiente horneado. Las chuches, afortunadamente, se pueden quitar. Y sí, fue lo único que se comieron los niños.

Aparte de que al cortarlo, el aspecto de que ha ocurrido por ahí algún desastre gastrointestinal es notorio (y desagradable).



Así que no, roscón de crema de chocolate del Carrefour NO.

Y para los que me quieran llamar foca y todo eso, esta mañana me he pesado y estoy casi igual que a finales de noviembre (y sin haber zumbeado más de lo necesario), incluso he perdido algo de peso.



Así que... ¿con qué seguimos ahoraaaaaa?

Blog Widget by LinkWithin