The Under Club, Regreso Al Pasado.

 
El sábado por la noche fuimos la Ketty, el Tx y yo a la inauguración de The Under Club en la calle Caballero de Gracia de Madrid.


Iba a ir TODO el mundo, había que meter la nariz a ver qué era eso y, además, estábamos inscritos en dos listas de puerta para entrar de gratix o con copas a precio reducido.

Y oye, allá que nos presentamos al filo de las dos de la mañana antes de que se petara de gente y mientras la cola para entrar fuera asumible.

 
Para las nostálgicas, The Under Club está en el local que se llamó Tarambana a principios de los 90 y que llevaban (o serían relaciones o lo que fuera, pero era a quien se veía) los presentadores del Club Disney (sí, querida mamá que dejabas a tus hijos delante de la tele confiadísima, sí, ellos también). Después de varios cambios, por allá en el cambio de siglo fue durante unas sesiones una disco osa, el Klubb. Como se les debieron fundir los plomos en algún subidónsubidón no se les ocurrió otra cosa que poner un grupo electrógeno en la puerta que, claro, armaba un ruido de escándalo. Quejas de los vecinos, policía municipal con medidores de ruido y cierre al canto. (Y no es que yo fuera testiga, es que lo vi con mis propios ojitos). Desde entonces no había vuelto a saber nada de ese local hasta principios de este año, cuando se inauguró la sesión Bearbie (para osas pop) que no debió tener mucho éxito porque la anuncian ahora en la Long Play (ya verás tú el extraño mix de niñatos, osos y fotos de entregas de premios a Jenny Llada y similares que va a haber allí).

El Under es una sala de tamaño medio (grande para lo que es Madrid, que estamos acostumbrados a meternos en cuchitriles) con dos plantas que pueden reflejar perfectamente las dos tendencias que cantaban L-Kan: el pub arriba, con música pop, para hablar, petardear y relacionarse, y el club abajo: más oscuro, con música dumbpadumpba follafolla para bailar (bueno), drogarse y relacionarse.



Siguiendo la tradición madrileña, tampoco se han gastado mucho en acondicionarlo: poca luz, un suelo espantoso y paredes aparentemente rojas.

Y oye, la verdad es que en el rato que estuve arriba sonaron Astrud, Berlanga, La Casa Azul... vamos, casi pensado para mí (y para que tx me mire con cara de "deja de botar que estás haciendo el ridículo"). Y el público es un popurrí de lo que te puedes encontrar en Fu3l, Hot, Fraguel, Paso... (es decir, osas y gays mayores que se hacen pasar por osas). Y sí, con algún elemento muy pero que muy merendable.


Un local a tener en cuenta salvo por una cosa: es un club privado de fumadores.

¿Te acuerdas cuando en la década pasada llegabas a casa con los ojos rojos, la ropa la tenías que tender al aire porque hasta los suspensorios olían a humo y pegarte una ducha antes de acostarte del asco que te daba? ¡Síii! ¡Pues igual! ¡Esto es Regreso Al Pasado!

Y, querida, yo no sé tú, pero eso es para mí prueba superada. En este país se intentó una ley antitabaco en el 2006 que todo dios se pasó por el forro de los cojones por lo chapucera y mala que fue, pero ¡aleluya! unos años después la reformaron y joder, ya se podía volver a salir por la noche. Los protabaco se echaron las manos a la cabeza diciendo que si era la legislación más restrictiva de Europa y nosequé polladas. Mentira. Tú vete a Inglaterra, a Italia, a Alemania (según estados): en los bares no fuma NADIE, y todo el mundo sale ordenadamente a fumar fuera sin ningún drama.


Pero ay, la ley tiene una excepción: los clubes de fumadores (no confundir con los clubs de hombres nocturnos del obispo de Alcalá, por favor). Según la disposición novena de la Ley 28/2005 de 26 de diciembre...

A los clubes privados de fumadores, legalmente constituidos como tales, no les será de aplicación lo dispuesto en esta Ley, relativo a la prohibición de fumar, publicidad, promoción y patrocinio, siempre que se realice en el interior de su sede social, mientras en las mismas haya presencia única y exclusivamente de personas socias.
A los efectos de esta Disposición, para ser considerado club privado de fumadores deberá tratarse de una entidad con personalidad jurídica, carecer de ánimo de lucro y no incluir entre sus actividades u objeto social la comercialización o compraventa de cualesquiera bienes o productos consumibles.

Perfecto, los fumadores pueden reunirse en clubes privados cerrados. No problem. Pero ahá, es la triquiñuela legal que se han buscado algunos locales para permitir fumar.

Porque el sábado pasado, lo de personas socias... je, yo creo que estar en lista de puerta no es ser socio, y ni nos apuntamos ni nos hicieron dar los datos en ningún lado para hacernos socios y poder entrar. Dudo mucho que el club carezca de ánimo de lucro y, desde luego, comercializaban bienes consumibles (¿o las bebidas no lo son?). Vamos, que es un discopub de toda la vida disfrazado de club de fumadores.


"No te hagas de cruces, María de las Mercedes, si sabías dónde ibas", me dirás. Y con razón. Bueno, pues sí. Digamos que quería comprobar in situ la tomadura de pelo de lo de "club privado". Y también me dirás que en muchas discotecas pasan totalmente de la prohibición de fumar (véase la entrada de mi querida Ottoloca la semana pasada). Vale, pero eso ya es tema de fanáticas militantas antitabaquistas que van poniendo denuncias. Y yo no lo soy. Que en 2006 visité unas cuantas veces un foro antitabaco y me quedé asustado de lo radicales, crispados y agresivos que eran. Vamos, que los antitaurinos antiBlancanieves (la película) parecían hermanitas de la Caridad comparados con los humos-free. Yo, simplemente, con no ir a esos locales tengo suficiente.

Anécdota curiosa: días antes, al avisar a un amigo de que era un club y que había que registrarse en la entrada, me preguntó: "¿y hay que desnudarse?" . Respuesta: "¿a qué tipo de clubs vas tú, cerda?" En fin.


Bueno, el caso es que aguantamos en el Under Club unos 15 minutos (ya te digo, tres canciones arriba y un poco de chunda chunda abajo, ¡si hasta nos sacaron una foto! véase la galería en su Facebook) y nos fuimos. A la salida un amigo coincidía con nosotros: "no hemos superado ya lo del humo en los locales como para volver voluntariamente a ello".

The Under Club es una propuesta interesante en un local apestoso. Y no es publicidad negativa, es una observación, que ya somos mayorcitos y sabemos donde nos metemos.


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