Los cuartos oscuros se han convertido en los fumaderos de las discotecas


Ahora que he llamado tu atención con este escandaloso titular en el más puro estilo Intereconomía, pasemos a un breve repaso de uno de los findes más sosos y aburridos de los últimos quinquenios.

Y jode, porque se están acabando los días de horas de sol y tendríamos que aprovechar para salir a la calle y petardear a gusto antes de que a las seis se nos haga de noche y nos tengamos que quedar encerrados en casa. Pero no ha surgido, i punt.

El viernes, hacer la compra y "diferencias de criterio" en casa: ¿Qué tal si vemos una peli? ¿Cuál quieres ver? Algo superficial y vulgar, que no haya que pensar mucho. Pues hala, dale al clic. ¿La prima cosa bella? Pfffff. Bueno, venga. Ve haciendo la cena. ¿Es que todo en esta casa tiene que saber a curry? Ya está. Pincha el USB. No va. Archivo desconocido. ¿Y si la pasamos via WiFi a la tablet y conectamos el cable HDMI a la tele? ¿Eingsss? Tampoco va. Mira en el PC. Archivo corrupto. Pues vaya mierdas que te bajas. ¡Encima! Tengo otra de reserva. ¿Cuál? Una de Jason Statham.

En ese momento todos nuestros ojos y ojetes se dilataron ipsofláuticamente. La ponemos. A los dos minutos: Oye, que ésta ya la hemos visto.

JOOOOOODEEEER.

A todo esto, mientras yo trasteaba con el ordenador, TX veía la tele. No es que yo sea un adalid de la defensa de la cultura y la denostación de la telebasura, cada cual que se entretenga como quiera, pero es que joder, en el rato que nos embobamos con el Sálvame nos dimos cuenta de que NO HABÍAN DICHO ABSOLUTAMENTE NADA. No ya de interés o intrascendente, no, sino NADA. Eso sí, a grito pelao.

Hubo que tirar de disco duro, y TX me hizo tragar "Tal como éramos" (The way we were) con Barbra Streisand y Robert Redford, que no la había visto yo.

Juiiiiissss, qué peli más seventies. Era como el Sálvame de Luxe: que hablan, hablan, hablan y no pasa nada. Bueno, sí pasa: se encuentran, ella se pone militanta, se pelean, se separan, se encuentran y vuelta a empezar... varias veces. Y todo esto con la cancioncita durante toda la peli.



Bueno, se salva por el carisma de Barbra, su nariz y su pelo planchado, porque el Redford (aparte de que está igual cuando hace que tiene 20 años que 30 que 40 que 50) es de una sosería integral.

Sirvió para que nos acostáramos a las mil y monas (porque es larga la jodía) y para que yo estuviera durante todo el finde poniendo voz nasal y haciendo alarde de agudos imposibles cantando lo de Mem'ries light the corners of my mind...



Y ese mismo viernes, unos kilómetros más allá, mientras nos intoxicábamos de Barbrismos, se organizaba uno de esos fiestones de los que hacen época.



El club, o disco, o lo que sea, Madhunter, inauguraba su nueva sede. En el Yastá, calle Valverde, donde Dramakuin sigue haciendo el Rocky Horror Show, detrás de Telefónica. ¿Es que se está trasladando el ambiente mariconeril a esa zona? Ah, qué bonito y qué nostálgico es todo. Es como volver a los viejos tiempos, donde los sitios de maricones siempre estaban al lado de los de las putas.

Nosotros no fuimos (como para ir después de una sobredosis de Barbra, vamos), pero tuvimos a nuestra espía infiltrada.

Y que se lo pasó en grande. Que mucho tío, que ambiente de "maricas machas" y que no hubo que esperar mucho para quitarse la camiseta. Además, arriba han habilitado lo que llaman "Playroom".

Playroom, qué bonito, suena a guardería, ¿verdad? Pues no deja de ser el cuarto oscuro de toda la vida, pero con una diferencia: con eso de que ya no se puede fumar en los locales, la gente aprovecha los recovecos para encenderse el cigarrillo. Asqueroso, según informaron fuentes solventes. Pero, vamos a ver, señores, ¿dónde se ha visto la sala de juegos de una guardería llena de niños semidesnudos fumando?

Y lo peor es que es algo muy extendido, que me llegan informaciones de que en Torremolinos lo mismo, y en cutresitio ése de Bilbao también. Una asca. Y claro, no es cuestión de pedir una hoja de reclamaciones para que la Botella tenga la más mínima excusa para clausurar un local. Que los del Moma podrán dejar los coches aparcados en triple fila y no pasa nada, pero como un bar gay deje una rendija abierta ya está la Policía Municipal poniendo multas.

Queridas, los cuartos oscuros se han convertido en los nuevos fumaderos de las discotecas. Y lo peor no es el humo, sino que con esa tendencia acabarán perdiendo su primigenia función de socialización. ¡Qué ruina!

Y ya volviendo al tema que nos ocupa, me ha venido a la cabeza una anécdota de hace unos años...

Menudo escándalo montó el típico "amigo de amigo de amigo" (adada) al que en una "reunión social" se le ocurrió soltar que se iba a ligar a las puertas de las guarderías infantiles.

Imagínate tú la cara de pasmo de las dos chicas que lo oyeron y que hasta el momento "se lo estaban pasando superbién en una fiesta de mariquitas". Se les cayeron todos los cuadros de Burberry del forro de la gabardina. O de la marimilitanta cogamita que soltó aquello de "¡¡¡pero qué bestia!!!".

- ¡¡¡Pero a ligar con los papás!!! - intentó justificarse el amigo de... etc.
- Pues lo has arreglado - espetó otro.
- Es que es un asco - dijo un tercero (caras de aprobación de las chicas) - No hay nada más patético que meterse en el coche de un tío en Ventas y que en el asiento de atrás tenga la sillita para el niño (ya no hay palabra que defina la cara de las chicas).

El grupo se segregó por sexos y mientras uno de ellos seguía una discusión vehemente sobre objetivos de ligue, el otro desapareció a los pocos minutos. Ah, esas historias de la abuela Mocho, qué tiempos aquellos.

Pues eso, que si ya la semana pasada hablaba yo de la Connection, del KitKat Klub y de la Qué Maravilla, se puede añadir la reubicada Mad Hunter Reloaded como novedad de la temporada, que esperemos que tenga continuidad y éxito.


Y ahora tocaría el breve repaso del sábado, y después el del domingo, pero como el del viernes no ha sido nada breve... lo dejo para otro día (o no).

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