Piratas del Caribe 4: En mareas misteriosas


Pues el viernes pasado me llevaron a ver Piratas del Caribe 4, en Mareas Misteriosas.
A la sesión de las 00:45 (o sea, ideal para dormirse).
Yo no quería, oiga, no quería.
Y es que las dos entregas anteriores habían resultado tan tan podres...
Pero mira, no me disgustó.


Vamos a ver, buena no es, pero mala tampoco. No me sentí estafado en el cine, que eso dados los tiempos que corren ya es decir mucho.

La línea argumental es más simple que el mecanismo de un botijo: varias personas van en busca de la fuente de la juventud (Lomana, Preysler, Matías Prats..., nada que no sepamos). Y se tendrán que pelear entre ellos a ver quién se pone la autoDiadermine antes que el resto.

Los guionistas han decidido no enrevesar el asunto: hay que llegar, practicar un ritual y para hacerlo se necesitan dos cosas que hay que conseguir. Y punto. Meparecebien punto com.


Pero también es esa misma simplicidad el problema de la película, y es que parece una gymkana. La primera parte consiste en Johnny Depp haciendo el mongo y corriendo de un lado a otro para escapar de unos o llegar antes que otros. Y se hace eterna. Son como miniepisodios de acción que se suceden aislados unos de otros: ahora toca lucha de espadas, ahora persecución, ahora escena en el barco...

Vamos, que miré el reloj desesperado y casi me da un ataque cuando me entero de que aún faltaba una hora de película.



Peeeeeero llega un momento en el que la cosa cambia para bien. A partir de que aparecen las sirenas. Entonces ya la peli coge ritmo, interés y camina hacia la resolución sin dar vueltas ni hacerse pesada. Se convierte en una película de aventuras más que aceptable. Y hasta la historia ñoña de amor es soportable.


Depp vuelve a hacer el ganso y no es nada cargante, lo cual es un mérito.
Penélope Cruz es la chica que ya no es tan chica. Se desenvuelve bien, no desentona, supera la prueba y mantiene su status de estrella. Pero para mi gusto le falta picardía, maldad, humor. Veo al personaje demasiado serio y contenido. A años luz de Maureen O'Hara, para entendernos.


Luego hay un chico muy mono encargado de la parte romántica que ni sé quién es ni qué pinta su papel, pero cubre el cupo para niñas suspirantas. Yo creo que han cortado su historia, porque ni la entiendo ni queda finiquitada así como muy claramente.
También hay una chica muy mona.
Y luego los malos. Ian McShane es que acojona con sólo verlo. Y Geoffrey Rush está como Depp: disfrutando de su personaje.
A destacar el cameo de Judi Dench (o cómo estar graciosísima diciendo sólo una palabra), porque el de Keith Richards ... fffff... vale, sí, es muy feo.


Ah, salen españoles (que parecen mejicanos a pesar de Óscar Jaenada). Y ya se sabe cómo son los españoles en este tipo de películas: zafios, malvados o simplemente tontos. Pues no. No pudimos evitar partirnos de la risa ante la ocurrencia del guionista sobre lo que hacen cuando llega el final de la película. Aplausos.

La música es la misma de siempre, pero esta vez con ritmo de muñeira (o así).


Vamos, que merece la pena verla en pantalla grande si se tiene la ocasión, porque en la tele a la media hora la quitas y te pones a fregar los cubiertos.
Ah y, por experiencia, nada de 3D, que te cobran mucho más, acabas con la cabeza como un bombo y encima se ve fatal.

Que sí, que ya lo sé, que la que tú te has descargado es ésta:


fiesta que maravilla

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