elegetebé


En la película Jeffrey (1995) Olympia Dukakis interpretaba a la portavoz de las madres de lesbianas transexuales no operadas, en un guiño cómico a lo absurdo de la compartimentación de los colectivos.



Vivimos unos momentos de ultracorrección política el que todo el mundo se siente ofendido, llegando a desvirtuar no sólo el lenguaje, sino el discurso de lo que se quiere expresar en aras de una complacencia a todo tipo de colectivos. Y da igual lo que digas o lo que hagas -ponte bragas-, porque siempre habrá alguien que esté exigiendo disculpas.

No me meto ya con el asunto de las miembras, los periodistos o los asiamericanos, que para eso tenemos a nuestra querida Academia de la Lengua que ya nos deja escribir Catar en vez de Qatar (asunto de vital relevancia que me tenía en un sinvivir cual Santa Teresa levitando harta de Ribera del Duero), sino con el mariconismo.


Cuando yo me apunté al COGAM a principios de los 90 (poco después de hacer la comunión, no te creas) aquello era el Colectivo Gay de Madrid. Posteriormente fue el Colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid. Luego las chicas se pusieron por delante y pasó a llamarse Colectivo de Lesbianas y Gays de Madrid (La "ye" de Gay no la tengo tan clara, lo mismo es una i latina). Y más tarde ya fue el Colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales de Madrid. Ahora mismo no sé cuántas palabras llevarán ya.

Manifesté mi desacuerdo y al momento me saltaron furibundos cogamitas que a) me llamaron nazi y facha (que pueden no tener ninguna razón, pero con llamar nazi parece que se cargan automáticamente de razones -dedicado con muuuucho cariño a mi segundo marido-) y b) me dijeron que si no estaba de acuerdo por qué no fui a las reuniones donde se debatió.

Ay hija, asistí a alguna reunión, colaboré activamente en un par de números de la revista e incluso participé en unas elecciones al colectivo pero, lo que es más importante, pagaba mi cuota mensual como socio contributivo, cosa que la mayoría de los vociferantes -me consta- no hacían. Y eso me daba derecho a opinar, pienso yo. Pasados unos años, cuando se me pasó la fiebre militanta, me di de baja.

Y bueno, ya he asumido lo de LGTB, más que nada porque se dice en un pispás (elegetebé), aunque aquí me gusta siempre escribirlo GLTB (lo siento, nenas, ya sabéis que soy un machista misógino).


En este blog siempre me he burlado (sí, burlado, soy mala y jodía puñetera, ¿y qué?) de las siglas GLBTRGBBH y similares, pensando que dentro de nada no les van a quedar letras, pero es que ayer leyendo uno de esos feeds que me llegan al reader (sí, hija, muy purista en el lenguaje pero luego metes cada anglicismo que da asco), me topo con una asociación que lleva de apellido las siglas...

LGTBQIH

Lesbianas, Gays, Transexuales, Travestis, Transgéneros, Bisexuales, Queer, Intersexuales y Heterosexuales.

¡Por todos los semidioses expulsados del Olimpo! ¿Pero esto qué es?
Lo primero, en la T ya metemos a transexuales, travestis y transgénero, con lo cual nos ahorramos dos tes. Mal hecho, porque un travesti es distinto a un transexual y aunque nadie se pone de acuerdo en la definición, un transgénero puede o no ser transexual.
Luego tenemos a los Queer, que niegan todo tipo de rol sexual preestablecido según el género, a los intersexuales, que presentan los dos géneros (pero no así las dos sexualidades, porque si no serían bisexuales, digo yo) y a los heterosexuales, que son esos pobres desgraciados de la naturaleza.

Para colmo, en dicha asociación, que no es española, discuten si deben añadir a la lista de letras la P de Pansexuales (que le dan a todo, imagino) y la A de Asexuales (que no le dan a nada, vuelvo a imaginar).


De locos. Vamos, que como a los transgénero les dé por ofenderse las siglas tendrían que ser algo así como LGTTTBQIHPA. Y no es ningún absurdo, que todo tiene su explicación y sus feroces defensores. ¿Y si los bisexuales deciden que necesitan diferenciarse de las bisexualas, los travelos de las travelas, los trans de las trans y los heteros de las heteras? ¿Qué sería? ¿LGTTTTTTBBQIHHPA?

Sí, es llevar las cosas al desquicie, pero es exactamente lo de Olympia Dukakis en Jeffrey.

Me voy, que tengo que asistir a mi reunión semestral de cuñados queer maquillados de lesbianas femeninas misóginas casadas con hombres pansexuales transgénero operados (o no) y otros controladores aéreos.

Y ahora me puedes llamar facha y nazi. Vamos, que estoy que no duermo.




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