Comiendo


¿Te pues crer que de todas las veces que he ido a Barcelona en los últimos lustros no había pisado nunca la Barceloneta?

Todo lo más había llegado hasta el Palau del Mar por un lado y al Puerto Olímpico por el otro, pero la única referencia que tenía de la Barceloneta eran las proclamas de orgullo de Loles León (que no es hermana de Rosa León y Eva León, que ésa es otra).

Pues el novio de mi querida Rocío de la Mancha me llevó a pasear la Barceloneta y a tapear en su local más típico: La Bombeta.


Como ya se sabe, Barcelona está A TOPE de guiris y turis (entre los que me encuentro, claro) y más desde el desembarco salvaje de las Low Cost a su aeropuerto y al de Gerona. Y todos van con sus guías Routard en mano recorriendo todos los sitios típicos. Y se meten a cenar a las ocho de la tarde, llenándolo todo. Menos mal que fuimos a una hora decente, que al momento el bareto se llenó.

La Bombeta es ideal para tapear a buen precio y con raciones que no te sientes timado.

Otro de los problemas de la avalancha guiri (y no me refiero a gente paseando en chanclas por la rambla) es el tema hoteles. Imposible conseguir uno a precio decente. En el que me he quedado esta vez ha sido de los más suigeneris, pero a mí eso de llamar al portal, subir al segundo piso a la recepción y que luego las habitaciones estén dos pisos más arriba siempre me ha parecido muy gracioso por el rollo picadero que tiene. Esta vez la habitación era tan mini que yo creo que el baño era hasta más grande. Eso sí, centriquísimo.

Y el sábado nunca hay mejor plan que comerse una buena pxxxx en Sitges (sustitúyanse las x por lo que se quiera). Qué lujo de buen tiempo a mediados de noviembre, qué rabia de falta de playaaaaaa en los madriles. Allí también nos tocó el triste recuerdo de Pepe Rubianes, con quien hace tiempo compartíamos cerveza en una terracita de allí.


Por cierto que la comida fue en la Santa María, que está muy agradable, tiene precio asumible, y las raciones son enormes, aunque la calidad de la cocina es mejorable.

Siguiendo con la ruta gastronómica, el viernes cenamos en Casa Leopoldo, todo un clásico, con unos azulejos en las paredes que serán supertípicos, pero hacen que el sonido rebote de una manera escandalosa, y con eso de que teníamos a un grupo de guiris en evidente viaje de trabajo (todos sexo masculino, semitrajeados y CERO pinta marica) con ganas de cantar y meter escandalera, la cena fue un poco sonora de más. Es carete, aviso.


En fin, que me vienen de maravilla los viajes a Barcelona: los amigos me miman, me llevan a la playa, me sacan de copas, a exposiciones interesantísimas, me ceban... y encima con la dosis de libertad de haber dejado al tx en Mandril, que también tiene su punto.

Ah, sí, es verdad, que fui al Król Roger. Muy bien, muy gay muy gay.



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