La fiera del libro


Es un periódico, pero bueno.

El fin de semana pasado estuve paseando por la Feria del Libro de Madrid, actividad de alto riesgo.

Primero, hacía un bochorno insoportable, con un calorazo de esos que parece que pesa el aire, un horror.

Segundo, se me ocurrió ir EN COCHE. Locura máxima.

Y tercero, hay tal aglomeración de gente que, o te interesa mucho a lo que vas, o mejor pasear por el resto del Parque del Retiro. Además, ya sabes que es una zona de tradicional cancaneo (o cruising, o dogging, o lo que quieran llamarlo) y mira, lo mismo hasta te sale plan.


Pero no.

Entré (entruve) por la puerta del Paseo de Coches porque tenía dos objetivos: comprarle a Mamá Mocho una novela best seller que me había encargado y visitar dos casetas en las que un amigo firmaba y otro vendía libros.

Atravesar la feria entera de pe a pa yendo un poco a matacaballo y sin fijarte en casi nada lleva casi media hora. Como entré a una hora verdaderamente temeraria (las seis y media) y todavía con un sol achicharrante, aún no estaba la cosa muy mal de gente y fui ligerito. Pero me fijé en las casetas en las que se acumulaban más personas: las de literatura infantil y las de esoterismo, autoayuda y libros raros (pseudorreligiones, pseudosectas, pseudotodo).

Coño, se nota que estamos en crisis y la gente busca realidades alternativas o cosas así. O lo mismo es que esos libros (de los que yo huyo cual indie ante la visión de un champú) no se encuentran fácilmente fuera de la Feria del Libro. O quizás en la feria hay demasiadas casetas que ofrecen lo mismo y la gente se para en lo extraño. Allá ellos, a mí lo de ver que el presente ya lo profetizaron unos premormones hace cinco siglos viendo los hollejos de las uvas a la luz de un eclipse, cómo mejorar mi estatus laboral con la macrobiótica o la fantástuca relación entre las pirámides de Egipto, los templarios y la llegada del hombre a la luna ... como que me la suda bastante.


En la caseta del amigo firmante me alegró mucho ver que, si no aglomeración, había un goteo incesante de personas comprando su libro, por lo menos en el ratin que estuve (nada, minutillos). La caseta del amigo vendedor estaba más vacía pero al tener libros bastante exclusivos también tenía sus curiosos.

Cuando terminé las visitas de rigor (y ante la llamada de mi tx que me decía que dejaba ya de trabajar y se iba a casa - o sea, vente -) intenté desandar lo andado. Imposible. No se podía dar un paso de la cantidad de gente. Salí del paseo de coches y mira, me despejé un poquito entre los árboles y de paso me ilustré con los torsos de los muchachos deportistas que adornan el Retiro.


Y ya estaba yo yéndome cuando... ¿y esa cola, la más grande que había visto en toda la tarde?

¿Gente esperando a entrar en alguno de esos baños portátiles asquerosos que huelen a meado?


No.

Mira a dónde se dirigían:

¡¡¡ AL FLORIDA PARK !!!


Ay, qué ilusión.
¿Es que Íñigo está haciendo un casting para una nueva reedición de Directísimo o Esta noche, fiesta?
¿Es que actúa Mia Patterson -la voz de Evita-?
¿Es que la sala de fiestas otorga su galardón especial a María Kosty por su carrera cinematográfica?

No, desilusión.
Hacían cola porque Boris Izaguirre firmaba su nueva novela.


Si es que los de Libertad Digital TV al final van a tener razón con lo de la fuerza de los mariquitas y el poderoso lobby rosa.
Lucía Etxebarria desnuda

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