Odio la cebolla



Odio la cebolla.

Lo puedo decir más alto pero no más claro.

Puedo soportarla cruda, en ensalada o salpicón.

Si está bien camuflada en una salsa, también.

Pero frita, cocida, pochada, en guiso... no la aguanto.


Me provoca náuseas.

Y no se trata de la textura o sensación al morder, es el sabor.

La sensación más asquerosa de todas es cuando me la encuentro en la tortilla de patata.


Y me llaman raro.






No encuentro por ningún lado el vídeo de LANZA PERFUME, de Rita Irasema.

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