Hoteles low-cost

Regalito

Hoy no es San Valentín, pero desde aquí quiero hacer un regalito a todos esos amiguitos que me encontré el pasado fin de semana sin haber quedado con ellos y que sé que leen este blog: M, A, R, E & E, J, F y L.

De verdad que lo de que habíais leído lo del plano de Martin's me dejó muerta en la bañera, petrifi total. Cómo es la Pepa.

Y ahora, una bonita anécdota.


Llegaba yo el otro día a mi humilde hotelito después de pasar una velada de agradable solaz y divertimento. Y me atendió el pizpireto recepcionisto nocturno.

Recepcionisto: Buenas nocheeesssss.
Mocho: Hola, la 206, por favor.
R: A ver, si eres el último que faltaba.
M (mirando el casillero y viendo allí colgando más solitaria que un cestodo la llave de mi habitación): Joder, qué vergüenza.
R (cogiendo el teléfono): Oyeeee, que estés tranquila, que ya ha llegado, que está bien.... Sí, sí, de trabajo dice luego. Ya ya. (Cuelga, se dirige a mí): Tu madre, que estaba preocupada.
M (descojonao): Bueno, mientras sea mi madre y no mi marido...
R (cogiendo el teléfono deprisa): Oye, sí, tu marido, que ya está en la habitación, ¿eh?
Risas varias.
M: Venga, buenas noches.
R: Tú di que sí, que hay que disfrutar la vida, que si no...


Subo las escaleras. Y en el descansillo de mi puerta me encuentro (yo de negro, en manga corta e imagino que atufando a humazo) a la parejita de franceses de la habitación de al lado vestidos de turistas Ryanair con las mochilas colgadas dispuestos ya a marcharse al aeropuerto (qué inclemencia de horarios low-cost, joer). Buenas noches, buenas noches y más risas.

Y al cuarto de hora, cuando ya me he tirado en la cama, va y suena el teléfono.

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