Casi se me queda en el sitio



Todo el partido en tensión, cuando llegan los penalties se levanta y se pone a mirar a otro lado, y cuando acaba me lo encuentro tirado en el sofá con la mano derecha agarrándose el corazón.

Pobre tx. Esto del fútbol no puede ser sano. Ahora ha salido un ratillo a trabajar a ver si se le pasa.

Por cierto, los jugadores italianos son más altos y están más buenos que los españoles. Definitivamente. Aunque tengan pinta de chuloporteros de discobar de polígono de extrarradio. Y no voy a poner el anuncio de la sauna de Dolce & Gabbana porque paso de ponerme a buscarlo.


Y esto si no lo pongo me lo van a reclamar así que:

, el viernes nos fuimos
DOCE a ver Sexo en Nueva York, la película (Sex And The City, the movie, pa las cultas). Ocupamops dos filas de la mierdera sala de cine, dimos grititos, aplaudimos y agitamos papeles cuando empezó. Mariconeamos muy a gusto, vamos. Si hubiera sido un pase más privado habríamos gritado frases Rocky Horror del tipo: "No te cases, Carrie", "Pégale, pégale", "Samantha, a por él" y cosas así, pero todavía tenemos un punto de dignidad y por lo menos no nos sacamos una foto en la puerta del cine como otras.


La peli es mala, como ya nos imaginábamos. El principio es deplorable, de vomitar, pero luego afortunadamente se convierte en algo así como ver cuatro capítulos seguidos de la serie. Una minitemporada. No aporta nada, no interesa mucho, pero se pasa el rato y los chistes son buenos. El mejor, el referente al Cosmopolitan:
"Está buenísimo, ¿por qué dejamos de tomarlo?" "Porque..." Miranda sigue siendo totalmente prescindible, Charlotte está muy graciosa, Carrie sigue teniendo ese par de tortas y a Samantha le han escamoteado su gran escena final. La película es un muestrario de ropa, punto.



Como no podía ser de otra manera, a la salida fuimos a una coctelería y... aparte de que no le ponían lima a los cosmos (imperdonable) me hizo gracia la fantástica oferta que tenían ese día con motivo del estreno de la película: Un cóctel, 5 euros. Dos, 9,50. ¡Guau!


Por cierto, que es que empiecen los calores (excesivos, ya) y hala,
TOAS LAS MARICAS A LA CALLE. Mira que uno ya está retirado del salir de miércoles a domingos como antaño, pero hija mía, es que lo del sábado fue un saludar y no parar. Que entre eso y el exceso de ginebra parecíamos la familia real inglesa. Y como encima teníamos visita de fuera, quedé de supercosmopolita y megarrelacionado que daba asco. Acabamos, muy perjudicados y con pastilla extra de colchicina, dando putivueltas en el Angel. Y lo pasamos genial.


También ha habido sitio para la conciliación familiar, para echar un polvo
supercerdo y para la cultura, con un poquito de King Kong a la checa y un espanto visual desde Dresden.




Huy, una entrada tipo "cuento mi vida", qué indiscreto. Menos mal que los lectores de este blog no son nada cotillas.
El vídeo musical, al principio, que si no nadie lo ve.

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