Aventuras en la India

Qué traicionera es la memoria.


Ha salido a la venta
el pack de deuvedés con El Tigre de Esnapur + La Tumba India, de Fritz Lang, un par de películas de aventuras que vi en la tele cuando era un crío y que en su día me apasionaron. Ingenuo de mí.

Bien, pues mejor dejar en la memoria los buenos recuerdos, porque la revisión ha sido nefasta. Yo no sé si el autor de los Doctor Mabuse, Perversidad, La venganza de Crimilda o Metrópolis estaba ya chocho a finales de los años 50 o que simplemente se le fue la olla intentando retomar al pie de la letra un guión escrito en los años 20 entre él y su mujer, pero vamos, que las peliculitas son para darle de comer aparte.

El argumento es el siguiente: Un arquitecto europeo viaja a una provincia india a ayudar al maharajá a reconstruir la ciudad. En el camino se encuentra con la bailarina elegida por el maharajá para ser su esposa y la salva de un malvado tigre. Ooooh. Evidentemente, se enamoran. Mientras, en palacio, el hermano del príncipe conspira para hacerse con el trono y para ello no duda en usar a la bailarina. El príncipe se entera del romance del extranjero con su chica y arma la de San Quintín.

Lo que podría ser una interesante historia de aventuras se queda en un guión con bastante intriga pero con acción nula. Casi todas las escenas se interrumpen de golpe para dar paso a la siguiente, que no tiene nada que ver con la precedente. La interpretación es absolutamente estática, los decorados de cartón piedra dan risa, los efectos especiales de animales para qué contar y la iluminación es terrorífica (estén donde estén, ya sea en el desierto o en una cueva, los protagonistas tienen siempre un cerrado foco sobre sus caretos).

Afortunadamente, siempre es posible verla con un aire complaciente y sentido del humor. La ambientación se pasa de kitsch: el príncipe lleva encima un Todo a Cien en pedrería y brillos, las caritas de la bailarina son para mearse, y ya si la ves en la versión original alemana, te partes. Aparte, tiene un auténtico momento maricón maricón:

Observen esta escena, y tengan paciencia, esperen al minuto 2:12.

Tremendo, ¿eh? Ella es Debra Paget, actriz americana muy versátil (oh, alguien utiliza la palabra versátil sin referirse al mariconismo). Tan pronto estaba en una de terror de Corman como hacía de chica Elvis, de princesa egipcia, cristiana mártir o heroína medieval. Monísima, se casó en 1964 con un magnate del petróleo y se retiró del cine. Anda que no era lista.

A lo que voy. Venden este par de películas como ingenuo testamento lleno de romanticismo del genio Fritz Lang. Y los críticos las ponen de obras maestras absolutas. Pues no, perlas mías, siendo condescencientes: este díptico hindú es un bodrio superchungo que sólo funciona con unas copas de más.

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