Misses y detectives maris.

Debería seguir los consejos de mi querido amigo Elisendo Fartons y escribir un análisis detallado (lo de pormenorizado se lo dejo a los periodistas) de los candidatos a Míster España y celebrar una fiesta televisiva en casa el día 23 (viernes, qué horror), pero chico, es que hay tanto que comentar y tanta foto que sólo de pensarlo me pongo sensible y no me suben las mechas. Los candidatos los tenéis aquí y vamos, ya sabemos que Cuenca sigue siendo muy dura y caciquil, pero lo de su candidato no tiene nombre. El resto, se pasean entre un "yo quiero salir en Noche de Fiesta en braslip", "yo fui chapero profesional" y "me han dicho que ponga cara interesante". Son todos jovencitos, guapitos, cachitas y depiladísimos: la gala daba más juego antes, cuando había más variedad. Ah, Teruel sigue sin existir, y parece que Zamora también ha sido abducida. Con la gala de misses no me voy a cebar, que luego me llaman missógino.


Yo de lo que en realidad quiero hablar es de detectives maricones:

Han caído en mi disco duro dos películas curiosas: Third man out y Shock to the system. Ambas están tropagonizadas por el actor Chad Allen, que por lo visto es popular por su intervención en la teleserie Doctora Queen, pero como jamás vi un solo capítulo -por mucha Jane Seymour que saliera- pues no conocía yo al tipejo.

Chad interpreta a Donald Strachey. un detective privado homosexual. Donald está felizmente emparejado con Timmy, un ex-seminarista que trabaja en el gabinete de una senadora y ambos colaboran con la causa gay porque están muy concienciados. Como cualquier investigador privado que se precie, Donald es duro, seguro de sí mismo, y tiene un sentido ácido del humor.

Los guionistas nos intentan vender que trabaja en cualquier caso que le encarguen, tipo pillar in fraganti a esposas infieles y así, pero irremediablemente los asuntos en los que se mete tienen todos que ver con el mariconerío. Eso es lo que pierde al guión: todo es tan comprometido con la causa gay que atufa a políticamente correcto. Qué razón tenía Sam Raimi cuando decía que esperaba el día en el que en una película un poli gay llegara a su casa y se pusiera a hablar con su pareja de su caso y no de su sexualidad y de los problemas que les causa.

En la primera peli, Strachey investiga las amenazas que sufre un personaje que se dedica a hacer outing en su página web de personas que están en contra de los derechos de los gays o que dificultan la lucha contra el sida. En Shock, el objeto de la investigación es una clínica donde se cura la homosexualidad.

Personajes estereotipados (¿adivináis quién le hace la reforma de la casa a la pareja mari?... En efecto, una lesbiana), intento de denuncia social (políticos, curas, centros de rehabilitación de homosexuales...) y una trama policíaca a lo Agatha Lys... perdón, Christie: argumento previsible que se va embrollando, Donald parece que resuelve el caso pero en los cinco últimos minutos salta una situación nueva que le da la vuelta a todo.

No están rodadas con muchos medios, pero tampoco son particularmente cutres. La estética e iluminación es de teleflín y las secuencias de acción dejan mucho que desear. Las interpretaciones, por lo menos, no son patéticas.

Para atraer al público mariconeril, dos claves: carne y divas en peligro de extinción:

En Third man out se cortaron un pelín por eso de ser la primera, y aparte de chicos monos descamisados, todo lo más que vemos es medio culillo de uno de los protas y el clembuterolado cuerpo serrano de Matthew Rush, que está gigantesco pero oye, SABE HABLAR. Por cierto, que, como todo el mundo sabe, cuando una pareja se acuestan juntos para follar, a la mañana siguiente los dos se levantan d ela cama con el calzoncillo puesto.

En Shock to the system sale más músculo, y hay un momento de despendole con la entrada de Donald a un vestuario: ¡¡¡desnudos frontaaaaaleeees!!! No lo comento por tontería, sé de conocidos que sólo por eso intentarían conseguir la película.

Respecto a divas en decadencia... yo diría más bien redivivas o revividas, porque como estrellas invitadas están Sean Young (¿se habrá curado ya de su ninfomanía?) -en un papel episódico- y la fantástica, fabulosa, fantabulosa... MORGAN FAIRCHILD, que o ha hecho un pacto con el diablo o su estilista es tan inteligente que le ha colocado la peluca a presión a modo de casco hermético que le sujeta los pliegues del lifting. Ella pone el toque de glamour y atrae a maricas reviejas del blues.


Ambas pelis son fácilmente conseguibles en los medios habituales, así como sus subtítulos (de Third en eppañol y de Shock en ingléx).

¿Que si las recomiendo? Pues no, porque básicamente ya os las he contado. Pero como hay tanto freakie por el mundo, allá vosotros.
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