Cine de guarrio.

Gracias a una brillante iniciativa de mi querida amiga Rocío de la Mancha, este pasado fin de semana iniciamos las proyecciones de nuestro particular Cine de Guarrio. Hartos de ver pelis de Paco Martínez Soria mil veces repetidas y de las presentaciones de la cada vez más cansina Carmen Sevilla, optamos por recuperar joyas del cine injustamente olvidadas y presentarlas nosotros mismos. El título que ha inaugurado el ciclo ha sido la fantástica película Me siento extraña (1977).

Fue la última película protagonizada por Rocío Dúrcal en su época desnudo de Interviú y no nos extraña, porque es un bodrio de padre y muy señor suyo. Como coprotagonista tenemos a Bárbara Rey en su época Palmarés. Y el director es el realizador televisivo Enrique Martí Maqueda.

Suponemos que en su tiempo fue clasificada S y, como todas las de la época, la película entera es un cúmulo de situaciones sin sentido hasta llegar a la escena final, que era "la fuerte". Y es una lástima, porque estoy convencido de que el guión tenía algo de coherencia pero fue vilmente mutilado en favor de los últimos diez minutos del film. Aunque también aguantar más de hora y media tiene delito.

Cualquier sinopsis que se lea (tanto en internet como en la carátula del dvd), aparte de absurda y sinsentido, es mentira. Os cuento el argumento.

Una pianista, Laura (la Dúrcal) huye de casa de su marido, coleccionista de mariposas, porque está harta de la influencia que su suegro ejerce sobre el matrimonio. Busca ayuda en una amiga (Eva León), quien le presenta a Marta (Bárbara Rey), una artista de revista y televisión que necesita a la pianista para que le prepare nuevas canciones. Se la lleva a vivir a su chalet en Collado Mediano (Madrid), donde son objeto de las críticas y cotilleos del pueblo. A partir de ahí nada tiene sentido y todo está enfocado hacia las escenas fuertes: una fiesta depravada, una violación y el numerito de sexo. El final es absurdo e incomprensible, las pequeñas historias paralelas se quedan sin rematar y al final uno comprende por qué la Dúrcal huyó a Méjicos despavorida y no volvió a hacer cine.

Rocío Dúrcal está de pena y, además, doblada, pero es que su personaje no daba más de sí. La que brilla es Bárbara Rey. Luce tipo, pasea unos modelazos años setenta que te cagas -con sus complementos- y además, actúa. Gloriosa su frase Es que yo sola no puedo con el piano.

Un momento cómico en plan dominatrix, los modelitos de Bárbara Rey y el detalle de una foto de Franco escondida en un cajón son lo único salvable de la producción. A destacar la presencia de Paco Algora como el semental y la escena de la fiesta/orgía, en la que la depravación consiste en que los hombres se pongan lencería femenina y se pinten los labios. Todos sabemos que eso era lo peor.

El DVD confirma la cutrez habitual de Suevia Films. En este caso hasta el nombre del director está mal escrito en la portada.

Una película ideal para ver con los amigos, unos nachos con queso o guacamole y litros de bebida. Te partes o te mueres. Si alguna lesbiana se siente mínimamente identificada con cualquier situación, por favor que acuda a su sicoanalista habitual.

La sesión continua siguió con otro hit de la época, Por fin ya es viernes (1978). Es soprendente cómo esta película resiste el paso del tiempo. A pesar de tener estructura de un episodio largo de Vacaciones en el Mar y ser totalmente previsible durante todo su metraje, los chistes y golpes de comedia clásica siguen provocando la sonrisa (aunque claro, después de ver Me siento extraña, cualquier cosa).

No hace falta irse a una peli de Robert Altman para que funcione un reparto coral, en el que está un jovencísimo Jeff Goldblum (que sienpre ha tenido cara de viejo) bordando el papel de chuloputas. Donna Summer salva su parte cómica y además luego hace de sí misma, divinísima. También estaba Debra Winger casi cría, que desapareció del panorama hace mucho (¿qué ha sido de ella) y luego la niña que salía en Fama haciendo de Doris. El resto del reparto, salvo alguna actriz de culebrones, no hizo nada decente más.

La música es disco negroide de la época. Impresionante el número del "hombre de cuero", la fabulosa "Last Dance", merecido Oscar a la mejor canción de aquel año y ciertos gags como los protagonizados por la enfermera pastillera. Detallín gay: durante el concurso de baile, dos mariquitas típicas (camisetilla, bigotín a la Mercury)... esnifan popper.

No será una buena película, pero es de esas que te hacen salir del cine (o levantarte del sofá) con una sonrisa en la boca, y no precisamente por los mismos motivos que la película de la Dúrcal.

Gran éxito de este Cine de Guarrio, y no sé qué tendremos para próximos eventos. ¿Llevo Xanadú o es demasiado prestigiosa?

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Para relajarse, qué mejor que una canción de Reynaldo Hahn, que era bastante maricón: À Chloris. No tiene nada que ver con las películas, ¿y qué?


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