Burgayleses

Como la semana pasada amenazaba temporal y nosotros somos así, aceptamos la invitación de ir a pasar unos días a Burgos, recia y seria a la par que festiva y cosmopolita capital castellana. En plan familia feliz, salimos tx y yo con nuestro hijo adoptivo, que es como el icono de la virgen de Almatosa, y nos instalamos chez Fartons, donde nos atendieron como a reyes.

Para ellos no hará frío, pero nosotros parecíamos la expedición de Amundsen. Yo iba de exploración polar, tx de Kenny en South Park y el adoptado de naranja y bien ajustado, que ya sabemos que gusta de promocionarse. Aún así, no pudimos competir con la ciudad donde hay mayor densidad de visones por metro cuadrado de España, y eso que no entramos a San Lesmes.

¿Qué hacer durante esos días de recogimiento religioso y bajas temperaturas? Pues nuestra habitual visita turísticocultural a la provincia. Esta vez tocó El Páramo, con interesantes estancias en Sasamón -peazo iglesión- Olmillos, Castrojeriz y las metrópolis de Castellanos de Castro y Yudego.


Visita coñazo al monasterio de San Pedro de Cardeña, Nada de idílicas escenas tipo Nombre de la Rosa con alegres frailecillos dedicados a descubrir sus instintos entre ellos. Que nadie vaya engañado. Un benedictino aburridísimo te va contando todos y cada uno de los cuadros, aunque sean copias o alegorías neocatecumenales. Un espanto. Una vez visto el claustro nos escapamos del grupo. Eso sí, había otro monje a la salida esperando para cobrarnos la entrada.

Ya en Burgos capital, decir que en estos días hay dos exposiciones que merece la pena visitar: La belleza y la locura, sobre Felipe el Hermoso, en la Casa del Cordón; y una de fotos en Capitanía. La de fotos no vale nada, pero se entra en un edificio al que normalmente no se tiene oportunidad de pasar, y además el impresionante soldadito que te sonríe al entrar y te indica el camino bien vale un desmayo ocasional en la escalera.

También interesante es la visita al interior del Arco de Santa María, con la excusa de una muestra de un pintor local, Ignacio del Río. Y, por último y para terminar la tournée mariculta, visita intensiva al Museo de Burgos, que tiene cuadro hasta de la madrastra de Blancanieves. Pa mí que era bollo. Hay más sitios visitables, pero ya nos los tenemos vistos casi todos (A ver, Fartons, pega un grito).

Respecto al mundo comestible (y no nos referimos al papá treintañero que empujaba el carrito de su bebé en la Casa del Cordón mientras nosotros babeábamos y su esposa, ignorante ella, revisaba el árbol genealógico de Carlos I) esta vez moderamos nuestro gasto, que comer en Burgos no es nada barato. En plan fashion cenamos en BnB (Buenas noches, Burgos), un local muy bonito en el castillo, con vistas espectaculares y separación inexistente de zona de no fumadores. Precio caro pero justificable: la comida estaba bien. Para nochevieja hacen una fiesta “Yo también fui geisha”, donde es obligatorio disfraz de tema oriental. Yo sugerí ir de chándal con maquillaje de ojos rasgados y una bolsa del Caprabo llena de cedés y deuvedés piratas, ofreciéndolos a los asistentes. Porque lo de pintarse bigote e ir de portugeisha no creo que lo admitan.

Locales, locales y locales.

Tras la decadencia del Matiné y ante la falta de un bar oficial de ambiente gay, los burgayleses se dispersan en los diversos garitos de la ciudad. Que los Fartons me corrijan si meto la pata, ya se sabe que yo “YA-NO-SALGO”. El obligado paseo por La Flora con lo más florido y simpático del mundo burgaylense implica parada en el Twenty donde se puede entablar conversación con el majísimo camarero y comprobar como el nombre del local está muy bien puesto, ya que casi les llevábamos twenty years a muchos de los asistentes. En el vídeo, dos locales hacen de gogoses en uno de los ventanales. Éxito absoluto del icono de Almatosa entre la población autóctona.

El siguiente local a visitar es Reina -aka Avalon-. Lo sentimos mucho y aceptamos que nos llamarais ancianas por largarnos enseguida, pero el único aliciente consistente en la visión del camarero buenorro de nariz aguileña no justifica en absoluto el volumen insoportable de batuca y el agobio de estar allí. Cerquita, las maridrogadictas se pasan por el Murallas.

En el terreno alternativo, visita obligada a La Habitación Sonora, al otro lado del río, enfrente del Carmen 13 (donde actuaron L-Kan). Sitio indie de primera hora en el que, aunque ponga que decoración sesentera, las mesas parecen de propaganda de Frigo, con agujero para la sombrilla incluido. El papel pintado es el mismo del Local de la calle Libertad en Chueca, pero mejor colocado. Música popi y modernas burgalesas -una clavada a Popita Superputa- mezcladas con parroquianos del barrio. Recomendable.

Y a final de la noche, cuando los gayses dejan a sus amigos y/o novias y dicen que se vuelven a casa, el punto de encuentro es el Curaçao, en Bernardas, que es el bar oficial gay de última hora.

Y aunque Internet killed the Cruising Star, el cancaneo sigue estando presente en el parque de la Isla al lado del río, donde gracias al cambio climático se ha retrasado la hibernación del oso de ribera y se pueden cazar ejemplares jóvenes y bien dotados de Ursus arlanzoniensis (los mayores se habían ido a oler a sudor y a guarrear en la macroquedada madrileña).

Unos jugosos días y nuestro agradecimiento a Jezabel Fartons, ideal host.

Villeneuve (Oh, no):



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