Seminarista viciosillo


A mí que no me vengan con tonterías. El Teatro Real de Madrid es un local de ambiente. Puede que no se note tanto en las óperas, porque la gente se divide en ocho funciones, ¿pero en los recitales que se juntan TODAS? Vamos, que el viernes por la noche tenían que echar serrín en el suelo de la cafetería de la Sexta para que no resbaláramos con el aceite: "Tíos-con-sobrino", maricultas, cogamitas, gafapastas, escenógrafadiseñadoras... ¡ si había hasta una panda de osas ! En fin, cancaneo de altura, como debe ser.

Y es que el viernes mocho me invitó al recital del contratenor Andreas Scholl dentro del ciclo Grandes Voces del Real. A una entrada sin visibilidad (él es así de espléndido) pero bueno, encaramándome un poco a las sillas de los cogamitas que tenía delante, le podía escupir al cantante en el cogote.

Y al chico, alemanote, grandote y desgarbado, vestido de negro de arriba a abajo y con esa sonrisilla lasciva, sólo le faltaba el alzacuellos y el cd de fotos infantiles descargadas ilegalmente de internet para parecer un curilla viciosillo que después de la función se acercaría a la sauna center, que pilla a veinte metros de la salida de artistas. No es mi tipo, pero hay que reconocer que el chico es mono..

Al mocho no le gustó demasiado, pero a mí, que soy una inculta vacía y superficial, me pareció todo muy bonito y ahora comprendo perfectamente a las señoronas barrocas que se desmayaban escuchando a los castrados.
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