Meryl viste de Prada



A ver, es una americanada. Cada supuesto golpe de efecto es previsible, sabes lo que va a pasar en cada momento, siempre. Es superficial y típica. Pero es una comedia muy agradable, te ríes con ella y, visto lo que hay en la cartelera, era de lo más potable.

Meryl Streep no tiene que hacer nada ni profundizar nada en su papel: sólo estar. Eso sí, cada vez que su hierático rostro tiene que realizar un mínimo gesto, ese gesto es perfecto. La Streep es una tipa que no cae muy bien (yo creo que por sus dramones llorones), pero hay que reconocer que buena y versátil actriz es.

El otro papel bombón es el de Emily, la primera ayudante. Demoledora.

La niña, Anne Hatthaway (o algo así) es monilla y va de pava. La visten siempre de negro, con lo cual no se aprecian nada los detalles: es un manchón negro con flequillo.

El gay es tan estereotipado como todo el resto de la película, y además es un clon del amigo de Carrie en Sex&TheCity. Los otros dos protagonistas masculinos son bastante repelentillos (aunque el jovencito con un corte de pelo y una pasada de Gillette seguro que está para comérselo).

Echamos de menos algo más de sorpresa, ironía y acidez en el guión, y aún a pesar de un final insoportablemente pasteloso, salimos muy contentos del cine. Es lo que es, ofrece lo que se le pide, no tiene mayores pretensiones y no engaña a nadie, no le demos más vueltas.

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