Baccara Tour 2017. 5- Mainz


En la anterior entrada de nuestro viaje por Alemania nos quedamos siguiendo el río Rin, ¿recuerdaaaaas? Pues bien, ese mismo día llegamos por la tarde/noche a...

Mainz
(Maguncia)

Una ciudad con encanto.
Nos gustó. No tanto como Trier o Köln pero nos pareció muy agradable, paseable y visitable. Todos los ables, vamos.

Conseguimos un hotel económico cerca de la estación (el B&B, que viene muy bien si vas en coche porque tiene una amplia zona de aparcamiento gratuito) y desde allí dando un paseo en unos 20 minutos estás en el centro. Hay un paseo ajardinado que llega directo al río y a mano derecha empieza el barrio peatonal que da a la parte antigua.


Veamos, para mi gusto, aparte de pasear por el centro y (oh, sí, otra vez) ver las encantadoras casas de vigas vistas, tiene cuatro visitas imprescincibles a cuatro iglesias.
Así que te agencias una guía actualizada y te miras muy bien los horarios para poder verlas todas, porque merecen la pena.

La primera, la imponente catedral de base románica, construida en arenisca rosada. Impresionante por sus dimensiones y sus torres.




El interior nos pareció un poco... Juego de Tronos


El claustro también es visitable:


La catedral ocupa todo un lateral de la plaza del Mercado y es el centro de la parte antigua de la ciudad.




En una calle cercana está la iglesia de San Agustín.


Si lo tuyo es el rococó, tienes que verla.



Además, no fue destruida por los bombardeos, con lo que se conserva a las mil maravillas:


Muy interesante, en serio.
Aunque la que nos dejó atúsicos, paralisiáticos y ensimismidos fue la iglesia de San Pedro:


¿Ves? Otra fachada rosa que no dice nada y que piensas bah, ahí no entro.
¡Pues no!
Porque si lo de San Agustín era rococó, San Pedro es hipermegarrecontrarrococó.

 


Y ya te puedes imaginar quiénes se vuelven loquísimos del potorro cuando ven un rococoquismo y, además, dorado. Sí, los dos.




¡¡¡ Es que es ideal para coger ideas para nuestra decoración navideña!!! 



Salimos flipando en colores y... ¡estaba vacía! Ni un turis. Bueno, nosotros.

Y después de tal agresión cromática y de brilli-brilli, la última de las iglesias que HAY QUE VER en Maguncia: San Esteban.
Y ésta sí que búscala bien porque está lejos del centro y tiene horarios extraños. Intenta que coincida con un día u hora del día en el que haya sol.


En principio San Esteban sería la enésima iglesia neogótica del siglo XIX reconstruida en los años 50 sin interés alguno salvo que en los años 70 encargaron rehacer las vidrieras ni más ni menos que a Marc Chagall.


Y, créeme bonita, no es sólo lo originales e impresionantes que son las vidrieras en sí, sino el ambiente de luz azulada que se crea dentro de la iglesia. Mágico. 



Si además ya te encuentras al organista tocándote el Jesus bleibet meine Freude, de Bach, una maravilla.



Sólo por entrar en San Esteban merece la pena la visita a Maguncia.




Y si quieres ver las vidrieras en detalle te vas a Google, que en foto con el móvil salen de pena.

La visita a Mainz la hicimos un día por la tarde y San Esteban al día siguiente temprano por la mañana.

Ah, sí, en Maguncia aparentemente hay también un local del ambiente, pero no lo investigamos.
Lo que sí vimos fue el atardecer en el Rin a la orilla del río, donde en verano organizan una terraza fluvial muy chic.


Aquí una ruina romana aleatoria en nuestro camino del vuelta al hotel:

Volviendo a nuestra ruta, saliendo de San Esteban tempranito por la mañana volvimos a coger el coche para hacer ya nuestra última jornada de viaje por Alemania...

Continúa... AQUÍ
Tranqui, que ya es la última


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