La Doncella, una peli perversa

 
Hoy te vengo con una película coreana, La doncella, que después de pasearse por Cannes y Sitges, llegó el viernes pasado a las pantallas españolas: a dos, creo, una en Madrid y otra en Barcelona. O sea, cine para consumo de masas.

La doncella es una de esas pelis del año "que hay que ver". Formalmente es una delicia de puesta en escena, fotografía, ambientación, música, interpretación... pero al margen de lo técnico/artístico, Park Chan-Wook sabe crear una atmósfera muy perversa alrededor de lo que al principio parece una historia sencilla (con intriga, pero sencilla). 



El argumento va de un timador que, haciéndose pasar por aristócrata, quiere casarse con una rica heredera y para ello utiliza a una doncella que debe ganarse la confianza de la mujer y convencerla de que acceda al matrimonio. Las herederas de las historias siempre son ricas, si no a nadie le importaría lo que han heredado. Ésta, además, está algo desequilibrada y vive recluida por su tío, que también pretende lo mismo que el timador. Todo ello ambientado en la Corea ocupada por Japón en los años 30 del siglo pasado


La historia va progresando a través de las interacciones dos a dos de los personajes, que se van entrecruzando e influyendo: La rica y la doncella, la doncella y el timador, el timador y la rica, la rica y su tío, el tío y el timador...

La primera parte de la película es maravillosa. Parece que no sucede nada y todo va muy lento, pero no, hay un progreso constante y una tensión en el ambiente que hace que uno se sienta fascinado y a la vez incómodo.

La película llega a un punto de esos que pegan una sorpresa (y ya no puedo decir nada sin meter spoilers) y que las marisabidillas se veían venir, pero como yo soy un ingenuo y me creo todo, no. A partir de ahí la película se precipita en acontecimientos y velocidad y lo que antes te envolvía ahora te atrapa. El final, sin que sea para nada inesperado, consigue mantener bien alto el listón del interés.



Luego me he enterado de que está basada en una novela de una tal Sarah Waters que ya fue llevada a la televisión en una miniserie de BBC, y que la trama era la misma. Habrá que verla. Y hay que revisionar la doncella, porque tal como hacía Hitchcok, no hay plano ni elemento que sean superfluos y no tengan función en el desarrollo de la historia: un guante, un pasador de pelo, unos cigarrillos, unas campanitas (ay, las campanitas). Nada está colocado al azar.

La doncella hay que verla en versión original, porque está hablada en coreano y en japonés y la diferencia es un elemento importante. En cines los subtítulos son de diferentes colores para distinguir los idiomas. Porque yo, de momento, no tengo tanto oído como para saber diferenciar un acento de otro.



Park Chan-Wook se ha vuelto a lucir. Y para quien eche de menos sus excesos salvajes tipo Oldboy (peli obligatoria, la original coreana, no la suavizada versión Hollywood) puede estar tranquilo, que también tendrá su pequeña dosis de parkchanwookiada. Eso sí, muy sutil, muy pausada, muy perversa, como lo es toda la película.


1 comentario :

Christian Ingebrethsen dijo...

Una de las mejores películas del año, no cabe duda. Lo que más me gusta es precisamente que aunque parece muy lenta no paran de suceder cosas, pero eso sí, cocinadas a fuego lento.

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