Cuando termina el parte motorológico saco el pollo del filorífico e hinco el coño en el eskai


Este sofocante y caluroso verano, por motivos que ahora no vienen al caso, Tx y yo tenemos que pasar mucho tiempo en casa. Y cuando digo a casa no me refiero a no movernos de Madrid, sino literalmente a no salir de casa.

Con este motivo, y viendo la que se me avecinaba, pensé en renovar la tele de casa, que ya tiene sus añitos. Una LCD de 42" que no tenía ni sintonizador TDT y había que estar siempre con un mínimo de dos mandos en la mano. le pusimos el EzCast, que daba sus fallitos, en la penúltima xiaomización de la casa le conecté una TvBox para hacerla un poco más smart pero no dejaba de ser un trasto antiguo.


Así que me lié la manta a la cabeza, hice mis cálculos financieros y me puse...

A LA BÚSQUEDA DE TELE NUEVA

Lo primero: TAMAÑO (tamaño, tamaño, os podéis llamar Tamaño, que dirían Verónica y Chus). A ver, grande pero que quepa en el mueble. Vale, sí, cosa absurda porque el mueble se puede mover y hasta cambiar, pero si algo no me apetecía era andar con más cambios. El límite estaba en 124 centímetros de ancho aprox (no de diagonal de pantalla). Es decir, tele de 55". Másquesufi.

Lo segundo: PRECIO (una mujer que compra, cuando se empeña, no mira el precio, que diría la duquesa Carolina). No, osea, no, me niego a gastarme mil euracos en una tele. Que no, que para eso me quedo con la antigua.

Y lo tercero: ESPECIFICACIONES (la quiero como la Thermomix, que lo hace todo aunque luego nadie haga nada con ella). Básicamente con Smart Tv, conexión WiFi, que permita hacer casting/mirroring/todasesasmierdings y buena frecuencia (que se vea clarita, vamos). Lo demás me la suda.


Y aquí vienen los problemas. Si uno se pone a buscar en foros especializados parece que ver la tele se convierte en una especie de aventura extratecnológicosensorial en la que hay que mirar doscientos mil parámetros para poder comprobar cuántos cráteres tiene en la cara Raquel Bollo (éramos mucho más felices cuando no sabíamos quién era). Todo el mundo da su opinión y, como ocurre en todos los foros de opinión, todos se dedican a poner a parir todo modelo que no sea el suyo. Un suplicio.

Lo único que me quedó medianamente claro es que si te compras un modelo del año anterior el precio baja muchísimo y las especificaciones técnicas tampoco difieren mucho. ¿Que este año se llevan las teles de pantalla curva y con tecnología 4k por las que te piden un huevo y medio? No problem, el año que viene se llevará la pantalla en zigzag y la tecnología 3600FGH (dentro de nada van a parecer una agrupación gay con tanta sigla). Vamos, que cada año las marcas se inventan algo nuevo imprescincible sin lo cual es imposible que disfrutes de tu tele. Obsolescencia Ramírez.


Y hala, a buscar ofertas. Las de los folletos del Cortinglés de la Eurocopa, las de Media Márquez, Worten, Amazon... Y claro, son muy cucos, las ofertas baratas son de teles de características muuuuy pobretonas. 

Hasta que di con esto:


Una tele de 55 pulgadas, LG, con la Smart TV nueva y a un precio muy aceptable.

Dicho y hecho: tarjeta y pedido hecho.
Y luego hice lo que no se debe hacer: buscar opiniones de compras en Redcoon.

HORROR DE LOS HORRORES
Todas las opiniones que leí eran espantosas. Que eran lo peor, que el servicio postventa era una mierda, que no atendían nunca y que básicamente era un timo. Todo el miedo del mundo, más aún al saber que el grupo Metro (MediaMarkt) había comprado Redcoon. O sea, aghhhhhhh.

Pero chica, al día siguiente de hacer el pedido aparece por mi oficina un chulángano remangao cargando a pulso un paquete gigantesco (la tele, no el suyo) que deposita grácilmente en el suelo mientras dice eso tan, tan, tan de butanero de "señora, ¿dónde quiere que se lo ponga?" y en cuanto me quise dar cuenta ya estaba recogiendo las bragas del suelo y escondiendo una tele gigante.


En definitiva, lo que ya he dicho antes de los foros. Si la cosa te va bien, no escribes nada, pero si tienes una mala experiencia, la cuentas con todo lujo de detalles. Yo tengo que decir que me salió bien de precio y que en 24 horas tenía el pedido en mis manos (bueno, en el suelo).

Porque era una sorpresa para mi Tx, con lo que había que llevarla a casa y montarla en un momento en el que no estuviera él. Eres muy ingenuo, Mocho. ¿Tú te piensas que vas a poder tú solito con ese mamotreto? Menos mal que conté con un carrito y  mi querida Ketty, que me ayudó a subirlo al coche. A partir de ahí me lo tuve que comer yo todo.

Bien, bajándola con cuidado conseguí dejar el paquete en el carrito, lo amarré con el pulpo y, ya con ruedas, subirlo a casa. Pero ahora venía lo complicado: manejarla yo solo para montar la peana y subirla al mueble.


Queridas amigas, si alguna ve tenéis que hacerlo, permitidme un consejo: QUE ALGUIEN OS AYUDE.

Qué parrrrrtoooo. ¿Tú sabes lo que pesa eso? ¿y lo que hay que hacer par aatornillar una peana que sobresale? Organicé un recorrido que ni los maquiavélicos esos del Hormiguero: encima del sofá, pasándola al puff para finalmente grirarla hasta el mueble. Lo peor fue bajar la tele vieja: ¡PESA MUCHÍSIMO MÁS! Me eslomé, directamente.

Finalmente, tras la hora de rigor de hacer las conexiones, sintonizar los canales, borrar la mitad de ellos y ordenar el resto (Tx quiere que elimine 13tv e Intereconomía, no sé por qué), por fin tenemos tele nueva en casaaaaaa.


A Tx no le hizo nada de gracia cuando la vio, pero ahora que le he hecho la suscripción de un mes de prueba gratuito a Netflix (segundo intento), en cuanto termina el parte motorológico saca el pollo del filorífico e hinca el coño en el eskai.

Habemus tele



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