Escándalo en el Mercabrona

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Lo de mi Tx no tiene nombre.

Va y resulta que se pone malo después de navidad. En concreto el viernes 27. Pero malo malo de fiebre de quedarse en la cama congelaíto vivo con todas las calefacciones de la casa a todo meter.

Y era el encargado de hacer la compra de comistrajos para la cena de nochevieja con los amigos, junto a la Ketty. Que yo me desvinculé totalmente, que las compras para mucha gente me estresan. Pero para el martes ya iba a estar bien. Me dice que no me preocupe que él iba a la compra compra.

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Así que yo me despreocupé del todo y me fui tranquilamente a la clase especial de fin de año de zumba que tenía en el gimnasio, que contaré un poco más adelante.

Y cuando salgo... llamadita de Tx: que no estaba con el pussy para little lanterns y menos aún para salir de compras.

¿Qué?
Pues que te toca ir a ti, mochuelo.
Así, recién salidito del gimnasio, a recoger a la Ketty a su casa, llevarla al centro a un Mercadona, hacer la compra y luego subirla chez Almatosa que es donde íbamos a cenar.

Y todo esto directamente, sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las veinte mil pesetas.


Y lo que es peor, en chándal.
Pero en chándal no, en el peor de los chándales: el que tengo con las letras doradas.
O sea, megachonismo a nivel premium.

Y claro, llego yo, recojo a la Ketty, me hace ir al putocentro de Madrid, aparcar en un Mercabrona y hala, a la vorágine de meterse en un supermercado atestado de gente un día de grandes selebreishons



E iba yo como zombi. Primero porque había pasado de todo, se habían encargado tx y la ketty de hacer los menús, y no tenía ni idea de lo que había que comprar. Segundo, porque después de una hora y media de pegar botes en el gimnasio tenía yo los biorritmos algo bajos y andaba ya algo cansadillo. Y tercero porque entrar en un supermercado que no es el tuyo habitual es un descontrol, que no sabes dónde están las cosas.

Así que iba yo empujando el carrito y la Ketty llenándolo de cosas. Y, como buena planificadora que es, en vez de tener una lista e ir a por cada cosa que necesitaba fuimos recorriendo pasillo por pasillo del super cogiendo mil cosas "porque esto me gusta".

Que esa es otra, menudo mosqueo que me agarré. Que entre todos los amigos dijeron: "Oye, que el Mocho y el Tx no se encarguen ellos de la comida, QUE YA SABEMOS CÓMO SON". ¿A qué se referían exactamente? ¿A la pasión de tx por comprar cosas de colores? ¿A nuestra querencia a supermercados de cadenas ignotas y chiquiprecios? ¿A que les íbamos a matar de hambre? Pues ríete tú, que mientras yo andaba aún con la cabeza en las nubes, la Ketty ya me había puesto el carro tal que así:


¡Y aún faltaba lo principal!
¿Que no? ¿Que nosotros compramos guarrerías?
Qué me dices entonces de las tres bolsas de palomitas con chocolate, por ejemplo.

Pamatarla.


Y entonces pasó lo que tenía que pasar, y es que me fui despertando poco a poco a golpe de chulazo.

Porque yo en el mercapeich la verdad es que me fijo poco en los tíos porque voy a lo que voy, pero esa vez que no tenía más que empujar el carro me dediqué a mirar. ¡Coño! La de tíos buenos que había en ese Mercabrona. ¡En el del polígono eso no pasa!



El primero fue en la zona de verduras. Estaba la Ketty preocupada porque no encontraba patatas pequeñas cuando me da un golpe para que reaccione: me había quedado mirando a un chico así delgadito, alto, monillo, con su barbita arregladísima, que trasteaba entre hortalizas. 

Y pasamos a refrigerados y congelados y ya uno buenorro buenorro arrastrando su cestita y dejando tras de sí el inconfundible aroma de Farenheit de Dior. Nos dimos la vuelta los dos al unísono, y desengañé a la Ketty: Farenheit es de marica vieja.

Ketty se quedó embobada mirando a un osito joven, modelo perroflauta evolucionado o protohipster, bastante aparente aunque no era mi tipo para nada. "¿Ves?", me decía, "Algo así necesitaría yo". 

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Y entonces llegó ÉL.

¿Tú sabes eso de que aparece un escandalazo de tío delante de tus narices, primero te da un ataque de asma espontáneo, se te corta la respiración, luego te pones colorado porque se da cuenta de que lo estás mirando y, como eres una arrastrada de la vida, lo vas persiguiendo después por todo el supermercado? ¿Sí? Pues eso hicimos nosotros.

Qué cosa. Qué machirulez. Qué hombretonerío. Qué manera de sacar la maricona que lleva uno dentro. Qué ganas de quitarse las bragas y tirarlas por la ventana, por favoooor. Y no era guapo, no, pero rezumaba sexualidad por todos lados. Grandote, enfundado en una chupa de cuero y EMBUTIDO dentro de unos vaqueros a punto de reventarlos.

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La primera vez que nos cruzamos con él tuvimos que hacer un aparcamiento de emergencia de carrito en la zona de infusiones para comentarlo:

- ¿Pero tú has visto esooooo?
- Por favooooor.
- ¡Menudo culo!
- ¿Y no te has fijado cómo marca el paquete?
- Noooo, vuelvo a por él.

Como colegialas. Igual. Y lo peor de todo es que lo del menudo culo lo solté a escasos 15 centímetros de la oreja de una buena señora que estaba pensando en si comprar chocolate a la taza ya preparado o Paladín instantáneo. Aún así, la señora estaba tan enfrascada en el dilema que si me oyó por lo menos no manifestó reacción alguna.

Como colegialas no, como locas. Coincidiendo casualmente en el pasillo de lácteos, en el de los refrescos, en platos preparados... La Ketty ocupadísima en llenarme el carro de guarrerías y yo haciendo como que llamaba por teléfono a ver si le conseguía sacar una foto.


Un día de estos te van a dar una hostia bien dada, me decía. Y con qué razón.

Y no contentos con eso, llegó el colapso en el pasillo de bebidas alcohólicas. Porque yo venga de buscar a la Ketty con el carro por todo el super y me lo encuentro allí plantao, mirando embobada al chulo de la colonia Farenheit.

- ¡Pero Ketty! solté en alto. Y el tío se volvió a ir dejando su característico tufo.
- Me acabas de poner en evidencia, se enfadó Ketty conmigo.

Pero es que a los dos segundos aparece una división Panzer de cuatro osacos en dicho pasillo. Yo me quedo mirando, la Ketty hace lo propio, se nos quedan mirando los cuatro y... empiezan a saludar.

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¡Coño, los camareros de un conocido bar de ambiente!
A mí me costó reconocerlos porque claro, eran demasiados y yo no daba abasto con las caras, primero miraba las carnes. Y me pasa como a mi madre, que cada vez que ve una chica guapa en la tele dice eso de "a ésa me gustaría verla por la mañana recién despierta y con la cara lavada". Que uno está acostumbrado a verlos todos monísimos con la favorecedora semipenumbra que proporciona un bar y, de golpe, sin arreglar y bajo los inclementes fluorescentes del super, pues tampoco impresionaban tanto.

Era gracioso, porque iban a comprar bebida.
Y claro, me pensaba yo... ¿compran marca Hacendado Deliplús para luego vendérnosla a nosotros como alcohol de primeras marcas?
Pero no, lo que estaban era surtiéndose de champán (o cava, para las puristas) porque seguro que esa noche tenían que invitar a copita a sus parroquianos.
Lo más gracioso fue que, después de que sopesaran marcas y precios, se decidieron por el champán rosado porque "quedaba bien, era más marica". Mancanta.

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La compra siguió suprevisto proceso y al poco tiempo, y después de unas animadas conversaciones en la cola de la caja, tenía yo el maletero del coche cargado con todas las viandas necesarias para la cena de esa noche.

Al salir del super la Ketty se echó la mano a la cabeza.

- Mierda, soltó, ¡se me ha olvidado abrir el Growlr!

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8 comentarios :

Nils dijo...

"Hacer un aparcamiento de carrito de emergencia en la zona de infusiones". Me encanta!

Spidifen dijo...

jajaja! que bueno! todos hemos perseguido a algún chulazo que otro en el super

Driver GT dijo...

Quiero la dirección de ese Mercabrona YA.

Ay, Mocho, si es que el puñetero Murphy tiene razón: vas tú con el chándal de poligonero, y te cruzas con millones de chulazos.

Eleuterio dijo...

Me reí mucho. Pero no se sale en chandal a la calle ni a comprar romero a una gitana, por favro, habráse visto.

Y yo persigo a caballeros de buen ver hasta en la calle y el sauna del gimnasio. Es un arte muy noble devorar con la mirada sin que el interdicho lo pesque.

DiegoC dijo...

En el mío también hay mucho mariconeo,qué curioso.Lo que nos gusta un Mencabrona a las maris,hay que ver...

Sufur dijo...

Sielos.

Leyendo tu mística experiencia he recordado este vídeo, que te dedico con todo mi... ehm... con toda mi dedicación:

http://youtu.be/zhAva_VFq3c

Culo veo, culo quiero

Christian Ingebrethsen dijo...

Jajajajajajaja, ains los super, menudo submundo. Al que suelo ir yo no es que se vea mucho chulazo pero cuando veo uno se me cae la mandíbula al suelo.

sonia dijo...

¡quiero la dirección de ese supermercado! el mio es de lo más aburrido :D

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