Virtualidades y realidades

 
Descubrimientos virtuales: Uno abre el Scruff y se encuentra de morros con Ian Parks (el Hot Toddy de Where The Bears Are). ¿Cómo se te queda el cuerpo, majabonita? Están recaudando fondos para hacer la season 2.

Descubrimientos reales: Oye, mocho, que tu coche pierde aceite.
Al margen de la broma, un disgusto del copón: qué cojona le pasará ahora al coche. y además, el charco que había era bien bien grande. De los nervios. Ya estaba pensando yo con qué mierda me habría dado en los najos, si habré estado circulando sin aceite por ahí, si me habré cargado el motor, si... Viene el chico del taller y me dice: ¿y el tapón del aceite? Huysssssssss. El otro día al terminar de rellenar no cerré bien el depósito de aceite y el espectáculo que mostraba al levantar el capó era algo así.

 
La clásica incompatibilidad de mariquitas con el mundo del motor, vamos.

Más virtualidades: FourSquare. Me di de alta hace tres años e inmediatamente borré la app: francamente a nadie le importa saber dónde estoy a cada momento, aunque puede ser un buen recordatorio de los sitios que te gustan tipo 11880 pero si ya con esta última tenía yo mis mosqueos con la privacidad con el Foursquare ni te cuento: ¡es un puto cotilleo! Lo he vuelto a usar porque sí, porque soy un exhibicionista telemático nato y porque mis amiguitos lo usaban pero jodó, he tenido que quitar la conexión con facebook, con patatí, con papatán y con patatún, porque al final cualquier mindundi se puede enterar qué hago. Vale, me lo puedes decir: no pongas en internet aquello que no quieres que se sepa, pero joder, si tengo un blog, cómo voy a poder resistirme a eso.



El caso es que chafardeando por el Foursquare me encuentro con que el "alcalde" del gimnasio al que voy es... ¡relaciones públicas del IntoTheTank!, la fiesta fetish guarrona por excelencia de Madrid que tanta polémica tiene últimamente con los cambios de sala y la luz. Y yo sin haberlo jipiado. Lógico, estará al otro lado del pasillo, donde los mastuerzos levantapesas.




Y más realidades: Que esa es otra, anteayer en el vestuario oigo una conversación: "Oye, pues me han dicho que todos los años cae una pregunta sobre sinónimos y antónimos". Brutal. Y cuando me esperaba ver yo a un par de imberbes muchachitos hablando de su clase de Lengua (o, como seguramente se llame ahora, Comprensión Logomotriz del Entorno Social), me pongo las gafas y veo a un peazo brutángano con un volumen torácico que ríete tú de Ty Fox o Lolo Ferrari. Aparentemente, el examen era para algún tipo de oposición a bombero u otro cuerpo o fuerza de seguridad del estado.



Siguiendo en el terreno virtual me llegan de un amigo dos invitaciones vía Facebook: la primera es para meterme en un evento humorístico acerca de la elección de nuevo papa. Aunque el carácter cómico me hace gracia, paso de perder más tiempo con esas cosas, pero lo que me llama la atención es que mi amigo días atrás proclamaba en twitter que lo del papa le importaba un bledo. Pues no será para tanto, reina.

Lo que ya sí que me repatea es la otra petición que, cómo no, llega a través de change.org. Que pidamos a Amazon, La casa del libro y El Corte Inglés que retiren de la venta un libro sobre cómo prevenir la homosexualidad. Y ahí no estoy de acuerdo. Primero, porque es censura. Segundo, porque si es un libro legalmente editado cualquier empresa tiene el derecho de venderlo. Tercero, porque si no estás de acuerdo con un texto, discútelo, ataca a quien lo ha escrito, pero no al mensajero. Y cuarto, porque a nivel personal me repatea muchísimo esa actitud tan facha de "si no haces lo que yo te exijo te boicoteo" y el "voy a poner a todos los anunciantes en la picota".



Vender un libro no implica estar de acuerdo con lo que éste cuenta. ¿Hay que boicotear también a amazon porque tenga en su catálogo Mi Lucha, de Hitler, el libro que sentó las bases para que fueran exterminadas millones de personas? Por supuesto que el libro del gilipollas ése que pretende prevenir la homosexualidad me parece una aberración, pero la solución no está en prohibirlo, sino en no comprarlo y, si se quiere ser combativo, discutirlo.



En fin, patatas con calabacín, que decía mi abuelo Claudio. La última de las realidades: Que ayer fue San Valentín y, vía telefónica, para variar, me llega un Whatsapp de mi tx diciéndome que me invita a cenar. Si ya cenamos juntos todos los días, me pienso, pero nos gusta celebrar estos días tontos, y le digo que encantado, claro. Y no veas tú la sudadera de cani pokero con detalles dorados que me ha regalado. Porque a tx le encanta lo de las cosas megahorteras, pero siempre que me las ponga yo.  Qué lejos queda cuando le preparaba un corazón de pantera rosa sobre plato de Arcopal.

Pues me dice que después del gimnasio nos vamos a Chueca. Y digo yo: ¿por qué a Chueca? ¿Es que no hay más zonas en Madrid? Es que sólo pensar en salir del polígono, coger el coche, aparcar e intentar encontrar restaurante libre... ugh. Oye tx, que no, que no hace falta ir al centro. La verdad es que a mí tampoco me apetece mucho. Vale, pues nos vamos al nuevo italiano del polígono. Ay los italianosssss, que me parecen un timoooo. Bueno pues donde quieras tú. No, al italiano, al italiano y así lo probamos.



Y es que en el polígono ya hay TRES restaurantes, ooooooooh.

Llegamos al italiano. ¿Tienen Vdes. reserva? Pues no. Pues ni de coña, mariquitas, que lo tenemos todo completo. ¡Agh! ¿Qué hacer? ¿Al CCR? ¿A una franquicia de comida basura? Oye, mira, un vale de cenan dos paga uno. Es un timo. Ya lo sé, pero por lo menos ya que estamos por aquí... ¿Y qué es lo que cenamos?



La hamburguesa del amooooooooorrrrrrrrr.

Patéticos.

(hoy, clics divertidos)

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