Viaje norteño (ii): De cantabrones


Las siguientes jornadas de nuestro viaje norteño (clic) nos llevaron a diversos rincones de la geografía cántabra (lo que se venía llamando provincia de Santander, Castilla La Vieja, cuando uno hacía EGB, vamos).




Lo del teleférico de Fuente Dé (¿por qué se le pone tilde si es monosílabo? ah, misterios) tiene tela. En plena temporada estival hay avalanchas de gente que quiere subir, así que la horita de espera no te la quita nadie. Lo mejor es madrugar e intentar llegar ANTES de las 9, que es cuando abren la taquilla. El teleférico es pequeño y lento.



Como en toda atracción masiva, se forman las características dinámicas de grupo "tú vete a la cola que yo voy sacando la entrada, oye, que esto corre, señora, se está colando, es que voy con ese grupo de allí", etc. A partir de las nueve y media o así ya van dando número para subir, pero la verdad lo podrían hacer desde el principio y nos ahorrábamos todos esos pequeños momentos de tensión.



En tres minutos subes casi 800 metros y arriba tienes la cafetería para desayunar y hacerte la foto de "mira qué bonitas vistas". Desde allí lo suyo sería ponerte en plan gay scout e irte de senderos por las montañas. Lo que hace el 90% de la gente es hacer la ruta de bajada andando, que son 14 km por senderos sin dificultad, en cuatro horas estás abajo y ya has completado el día de naturaleza. En este enlace tienes unas fotos muy ilustrativas de lo que es: clic.


¿Y qué hice yo? Pues sacarme las fotos, dar una pequeña vuelta... ¡y bajar otra vez en el teleférico! El operador se quedaba loco: "¿Pero qué hace usted bajando a las diez de la mañana?" La respuesta fue contundente: "Es que me he dejado el novio abajo". Y es que don TX, con todo lo machirulograndullón que es, sufre de vértigos de esos: no puede pisar una rejilla, no puede subir por una escalera que no tenga tabicas (lo buscas en google), no puede asomarse a una barandilla y ya si hablamos de teleféricos ni te cuento. Es muy principessa él, se me desmaya. Y claro, para pasarlo mal y encima pagar (porque es caro) pues no.

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Total que de ruta de bajada nada. A las once estábamos de nuevo en Potes dispuestos a afrontar nuestro siguiente destino: La cueva de El Soplao.

Para visitar El Soplao también hay que organizarse. Si llegas y vas directamente a la taquilla te darán plaza para por lo menos una hora después. No problemo. Aprovechas para disfrutar del paisaje y comer en el autoservicio, que no está mal. Otra posibilidad: reservar hora por internet, pero en un viaje itinerante como el nuestro, a saber a qué hora vas a llegar allí. Opción 3: sacar las entradas en un cajero de Caja Cantabria, que fue lo que hicimos.



Como Potes es una metrópoli, sólo hubo que localizar el banco y allí ver las plazas disponibles. Y ojo que a cada minuto que pasaba te daban para un cuarto de hora más tarde. Calculando una hora de ruta según Doña Concetta la del TomTom más media hora de desvíos y despistes, sacamos nuestras entradas con tiempo para llegar de sobra y comer. Así que ojito a los visitantes: planificación.


Antes de dejar Potes visitamos el monasterio de Santo Toribio de Liébana. Como es de todos sabido, Santo Toribio tiró un palito al aire y allí donde cayó inició la construcción del monasterio. Para las tareas se ayudaba de un buey, pero un buen día un oso bajó de las montañas y se cargó al buey. El Toribio salió hecho un basilisco a echarle la bronca al oso, lo amansó y lo convenció para que le ayudara a construir el monasterio. Verídico. Es el germen lo que se llama actualmente "movimiento bear".


La verdad es que a nosotros no nos pareció gran cosa, es muy sencillote y está requeterrestauradísimo. Para los amantes de los dibujitos medievales hay una interesante exposición de las ilustraciones del Beato de Liébana y para los más maricapillitas allí se conserva un trozo de la cruz de Cristo. Verídico también.

El camino de Potes a El Soplao se hace por el desfiladero de la Hermida siguiendo el cauce del río Deva. Una preciosidad.



El Soplao está pensada, programada y estructurada para una visita muy turis digna de familia de papá, mamá, niños y abuelos o de excursión de colegio. Una recreación de tren minero PortAventura style te mete en una antigua mina y una vez dentro te organizan una visita guiada de unos tres cuartos de hora en la que te enseñan la cueva.



Está todo pensadito: 50 personas cada 15 minutos, grupos que se van cruzando, te enseño esto, te enseño lo otro y pumba ya estoy. Absoluta prohibición de sacar fotografías. La guía nos dijo que era para cumplir los tiempos y que eran muy estrictos en eslo: si dejan hacer fotos la duración de la visita se duplica.




Aprovechando la oscuridad del trenecito, le metí mano a tx, sólo para sentirme muy Carlos Dívar con su escolta, que también visitó esa cueva (de gratix, claro) y quedó maravillado ante la obra de la mano de Dios en la creación de la cueva. Angelito, cualquiera le fastidia el cuento y le dice que son formaciones de carbonato cálcico y aragonito.



La verdad es que las formaciones geológicas son una maravilla, y adornadas con los relatos y curiosidades de la actividad minera que te cuentan, es una visita la mar de agradable, muy de "señoras que". La cueva tiene también otra opción de visita: la de turismo aventura, en la que te enfundan unas botas de goma amarillas, el casco con luz de Playskool, un mono así como de pintor y te hacen una visita de dos horas por galerías menos accesibles. Tú eliges: 32 € frente a 12.



Y el café tocaba tomarlo en San Vicente de la Barquera, el pueblo que originó nuestro viaje. ¿Te acuerdas?


Pues bueno, no nos gustó nada. También es verdad que es un pueblo que no se ha librado del acoso del ladrillo y los adosados, y que en verano, al ser destino marítimo no hagas más que ver tiendas de flotadores y colchonetas. Pero chico, la verdad, no.


Interesante y bastante monumental el iglesión gótico de Nuestra Señora de los Ángeles (de Charlie). Merece la pena la visita. Media maceta de geranios de embrujo por la iglesia, pero el resto, pffffff.



Y como ya me he enrollado mucho para una sola entrada, en la próxima seguiré con "bonitas imágenes de la geografía cántabra"


5 comentarios :

Ken Krap dijo...

Una pena lo de San Vicente, parece un pueblo precioso en las fotos

Anónimo dijo...

anda yo también he estado con mi churro en potes. no comisteís en el hotel del oso. es un must!

Eleuterio dijo...

Un poco soy como Tx en cuanto a las alturas, pero no tanto. En realidad estaba pensando que si veníais a Coblenza se podría subir a un telesférico de 7 minutos hasta la fortaleza de Ehrenbreitstein. pero veo que tú subirás y TX tendrá que ir a pie hasta el otro lado del Rin porque la fortaleza es otro must. Ya veremos.

Argo dijo...

En Santo Toribio mi medio pomelo y yo atravesamos la puerta en un año jubilar de esos y nos ganamos el cielo, que debimos perder en el polvo de esa misma noche en el hotel. Unos años antes unas primas solteras y yo cruzábamos el puente de San Vicente de la Barquera sin respirar, que dicen que hay que hacerlo para casarse, casi perecemos asfixiad@s tod@s.

Observatorio Gay Granatense dijo...

Mi viaje de fin de curso fue a Cantabria, 8 de EGB, que tiempos aquellos, parábamos en un pueblito costero llamado ISLA, aunque lo que más me gustó fue la Colegiata de CASTRO URDIALES, no sé si pasaríais por allí, en cuanto a las fotos y el reportaje, como siempre, insuperable, el día que me case, si lo hago, te juro que te contrato como cronista de la boda, jejejeje.....

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