Yo, de buenrollito


El otro día paseábamos Tx y yo por el centro de la ciudad y se nos ocurrió algo impensable: meternos en un café ecológico  con tienda de comercio justo.

Impensable digo porque cualquiera que me conozca sabe que huyo del buenrollitismo, que compramos marcas blancas, que me burlo sin recato del veganismo y los misticismos orientales y que para la inauguración de nuestra casa hice una petición: nada de adornitos étnicos, de madera o materiales nobles: viva el plástico.

Pero hete aquí que el local nos pareció agradable y tranquilo, y entramos a tomarnos un café.


"¿Lo quieres con leche de vaca?", nos preguntó el monísimo camarero. Ante la perplejidad de tx, le dije que sí, pero es que también puedes tomarlo con soja y otros sucedáneos.

El caso es que, oye, el café estaba bueno, y también el azúcar y la galleta supuestamente ultrasana que lo acompañaba (de hecho pedimos más). Vamos, que si no fuera porque no nos apetecía ir cargados, hubiéramos comprado un kilo de azúcar. Nos resultó eso mismo que he dicho antes, un local agradable y tranquilo.




La contrapartida vino por el resto del público que estaba en el local.
Te aseguro te aseguro que me intenté comportar lo más discretamente que pude, pero es que no era posible y sí, alguna risotada se me escapó.

Todo empezó con la mesa de al lado, ocupada por tres tipos: uno con un Notebook, una con pinta de intelectual de libro y una tercera vestida así un poco Chunari Chunari.


La cosa empezó cuando una preguntó por qué el azúcar tenía color marrón. Aparentemente, ella imaginaría que el conjunto musicovocal Azúcar Moreno tenía ese nombre por una licencia poética . Nada que objetar, salvo que quien contestó dijo que se trataba de azúcar sin refinar (correcto), porque el azúcar blanco lleva una serie de tratamientos "Y ES COMO LA COCAÍNA" (plinnnk, primera apertura de ojos).


Y ahora si buscas en google azúcar y cocaína te saldrán varias páginas megaalarmantes  (todas con el mismo texto de copia y pega en plan Ana Rosa Ctrl+C Ctrl+V) sobre lo parecidísimas que son la cocaína y el azúcar blanquilla, y resulta que nos hemos estado drogando durante siglos sin enterarnos. Vamos, que esa cucharadita que le echas al café es igual que meterse un tirito de coca.

La conversación no tenía desperdicio. Y no es que quisiéramos enterarnos, no, es que el local estaba en silencio y sólo se les oía a ellos. Siguieron despotricando de cualquier tipo de avance tecnológico del siglo pasado. Y claro, yo eché un vistazo con todo descaro al ordenador portátil que usaban, sobre todo cuando estaban a punto ya de anatemizar la luz eléctrica.


Contraatacaron contra los teléfonos móviles, que nos idiotizaban, en clara alusión a nosostros, que estábamos mirando los nuestros. Sí, vale, enganchados, pero al menos viendo a los chicos guapos del Top 20 del u4bear. La Chunari fue la más agresiva, diciendo que estábamos destrozando las relaciones sociales. Para acto seguido pedirle al del ordenador que la buscara en Facebook: "Fulanita Casco, pero casco con c, no con k, ¿eh?"


La conversación luego siguió por derroteros más filosóficos, con afirmaciones tan asertivas como "la mentira es una desvirtualización de la verdad", o hasta el terreno musical, acerca de un tal Ben Harper,q ue por lo visto es un cantante activista antiplásticos. La verdad yo dejé de prestarles atención porque soy como Windows, que doy error si hago dos cosas a la vez, pero tx quería poner el móvil a grabar. Y es que la Chunari estaba intentando ligar descaradamente con el camarero mono.

 
A cada verdad universal que sus compañeros soltaban, ella se volvía al chico y le decía: "¿verdad?". Le preguntó que si tenía whatsapp y el otro respondía que no tenía móvil. Inquirió su opinión acerca del Harper ése y el chaval soltó que no lo conocía. Vamos, que el pobre chaval estaba intentando librarse de la pesada. Pero el colmo llegó cuando se puso a hablar sobre las parejas en las que la mujer es mayor que el hombre y a intentar indagar si tenía novia y a adivinar lo que estaba pensando. Patetismo total.


Lo más misterioso fue que cuando nos íbamos, los tres le dijeron al camarero que se iban a la planta de abajo "y cogían esto", siendo "esto" una especie de bote metálico como los de las preparados para biberones.

¿Qué extraño preparado contenía el misterioso bote? ¿Algún tipo de laxante para depurar cualquier toxina que pudieran haber ingerido? ¿Alguna droga desconocida más refinada y potencialmente peligrosa que el azúcar de caña? ¿O sería Vim Clorex Verde e iban a fregar los váteres o a organizar algún tipo de ritual satánico? Ah, misterios del universo.

El caso es que nosotros ya nos habíamos tomado el café y decidimos volver a la calle a proseguir con nuestro paseo. Voy a recomendar el local a mis amigos y allegados porque nos gustó, y además... hay que ver lo que se aprende en estos sitios.


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