La barrita de chocolate


Hay cosas que nunca se olvidan.

Y me parece imperdonable que en este blog aún no haya contado la historia de la barrita de chocolate.


Esta es una de esas historias que empiezan con eso tan típico de "tengo un amigo al que le ocurrió esto".
Así que yo voy a ser muy discreto y no voy a decir a "qué amigo" le pasó.

Pero el caso es que "tengo un amigo" al que el primer tío que se folló se le cagó encima.

Así, sin más literatura ni adornos.


Y lo peor es que la cosa no acabó ahí, sino que, como "mi amigo" vivía fuera de Madrid, tenía que coger un autobús para llegar a su casa. Y allí que el pobre se limpió como pudo con cuatro kleenex que encontró, se subió los pantalones y hala, al autobús.
Sepué imaginar usté la peste.

Hala, ya está, contada la historia de la barrita de chocolate.


Pues es que "mi amigo" NO ESCARMIENTA.

El otro día fuimos a cenar a su casa y nos prepara esto:



Así, con sus churretones y demás por fuera.

Después de sus antecedentes... ¿qué se te ocurriría a ti pensar?


Y para colmo, mi tx, que es muy cocinillas, se acercó a ver el guiso en el fuego. Momento en el que "mi amigo" lo removió un poco y PUMBAAAAA, le saltó todo encima poniéndose perdido de pringue marrón. Vamos, ni la niña de comunión que se echaba la merienda encima en aquel anuncio de Dash.


La camisa de Tx quedó exactamente como le pasó a mi amigo con su primer polvo, suponemos. Y además se le mancharon unas zapatillas nuevas compradas esa misma tarde. De esto no hay fotos porque tx se enfadó de verdad y ya sólo faltaba cabrearlo más.
Se tuvo que quitar la camisa y cenar con el abrigo puesto.


Si es que...

Ah, el pollo con mole estaba EXQUISITO.

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